Se juntan un representante por cada una de las tres religiones, Cristianismo, Judaísmo e Islam, para debatir cómo dividirse el dinero que donan los fieles entre lo que va a Dios y lo que queda para las sinagogas, iglesias y mezquitas.
Interviene primero el imán:
—Nosotros trazamos una gran medialuna en el suelo y tiramos el dinero para arriba. Lo que cae dentro de la medialuna es para Dios, lo que cae fuera para nosotros.
Luego interviene el cura:
—Nosotros, en cambio, trazamos una gran cruz en el suelo y tiramos el dinero para arriba. Lo que cae fuera de la cruz es para Dios, lo que cae dentro es para nosotros.
Finalmente interviene el rabino:
—Nosotros no andamos ensuciando el suelo con dibujos. Directamente tiramos la guita para arriba: que Dios agarre lo que quiera; lo que caiga es para nosotros.
Que te diviertas!
Interviene primero el imán:
—Nosotros trazamos una gran medialuna en el suelo y tiramos el dinero para arriba. Lo que cae dentro de la medialuna es para Dios, lo que cae fuera para nosotros.
Luego interviene el cura:
—Nosotros, en cambio, trazamos una gran cruz en el suelo y tiramos el dinero para arriba. Lo que cae fuera de la cruz es para Dios, lo que cae dentro es para nosotros.
Finalmente interviene el rabino:
—Nosotros no andamos ensuciando el suelo con dibujos. Directamente tiramos la guita para arriba: que Dios agarre lo que quiera; lo que caiga es para nosotros.
Que te diviertas!



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