La palabra idiota proviene del griego ιδιωτης (idiotes) para referirse a aquel que no se ocupaba de los asuntos públicos, sino sólo de sus intereses privados.
En la antigua Grecia la palabra "idiota" tenía un significado muy distinto al que tiene actualmente en castellano, "corto de entendimiento" y "carente de inteligencia", y hay quienes abogan porque se use más ampliamente como se hacía hace milenios.
Se usaba para referirse a alguien promedio o un ciudadano privado, a diferencia de un erudito o alguien que actuaba en nombre del Estado u ocupaba un cargo público.
Pero como los griegos valoraban mucho la participación cívica, reconociendo que sin ella la democracia colapsaba, se esperaba que todos los ciudadanos estuvieran interesados, y versados, en los asuntos públicos. O sea, que no fuera idiotas.
Mantenerse al margen de la vida pública era un signo de ignorancia, de falta de educación, de desinformación y de abandono del deber.
Pericles, el gran estadista de Atenas, deploraba que hubiera en Atenas indiferentes, idiotas, que no se ocupaban de los asuntos públicos, sino sólo de sus intereses privados. Quien no contribuía en los debates, era considerado "no como falto de ambición sino como absolutamente inútil". Aristóteles argumentaba que la demagogia puede llevar a la elección de demócratas que terminan convertidos en tiranos.
El peor analfabeto
es el analfabeto político.
Él no oye, no habla
ni participa en los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida,
el precio de los frijoles, del pescado,
de la harina, del alquiler, del calzado
y de las medicinas
dependen de las decisiones políticas.
Ese analfabeto político del poema que se le atribuye al dramaturgo alemán Bertolt Brecht es un idiota, en su significado original, y originalmente no era un adjetivo irrespetuoso, despectivo ni insultante.
Tampoco tenía ninguna relación con la inteligencia de la persona a la que se refería.
Aunque el significado político sobrevivió durante un tiempo, a medida que la cultura y las tradiciones de la antigua Grecia quedaron atrás, el nuevo significado lo reemplazó.
Luego otro hecho lo aferraría aún más al significado actual.
A principio del siglo XX, los psicólogos franceses Alfred Binet y Theodore Simon crearon la primera prueba de inteligencia moderna, que calculaba el coeficiente intelectual en función de si los niños podían realizar tareas como señalarse la nariz y contar centavos.
Los psicólogos se enamoraron tanto de la naturaleza científica de las pruebas que crearon sistemas de clasificación.
Cualquiera con un coeficiente intelectual superior a 70 se consideraba "normal", y con más de 130, "superdotado".
Para tratar con personas con CI menor de 70, inventaron una nomenclatura.
Un adulto con una edad mental menor de 3 años fue etiquetado como "idiota"; entre 3 y 7, de "imbécil"; y entre 7 y 10, de "débil mental".
"Idiota" se convirtió entonces en un término técnico usado en contextos legales y psiquiátricos.
Utilizar ese vocablo, así como ocurrió con el latino "imbécil" para denominar grados de minusvalía psíquica, llevó a que acabara también siendo un insulto que hace referencia a las dotes mentales del insultado.
En algunas culturas, "idiota", así como "imbécil", se dejó de usar en la medicina unas décadas más tarde por considerarse ofensivo.
En español, no obstante, idiotismo o idiocia sigue apareciendo en la RAE como el nombre de un tipo de discapacidad intelectual.
Fuente: El curioso origen de la palabra "idiota" (y por qué valdría la pena recuperarlo) (https://www.bbc.com/mundo/articles/cw0w0l732ego)
Que te diviertas!
En la antigua Grecia la palabra "idiota" tenía un significado muy distinto al que tiene actualmente en castellano, "corto de entendimiento" y "carente de inteligencia", y hay quienes abogan porque se use más ampliamente como se hacía hace milenios.
Se usaba para referirse a alguien promedio o un ciudadano privado, a diferencia de un erudito o alguien que actuaba en nombre del Estado u ocupaba un cargo público.
Pero como los griegos valoraban mucho la participación cívica, reconociendo que sin ella la democracia colapsaba, se esperaba que todos los ciudadanos estuvieran interesados, y versados, en los asuntos públicos. O sea, que no fuera idiotas.
Mantenerse al margen de la vida pública era un signo de ignorancia, de falta de educación, de desinformación y de abandono del deber.
Pericles, el gran estadista de Atenas, deploraba que hubiera en Atenas indiferentes, idiotas, que no se ocupaban de los asuntos públicos, sino sólo de sus intereses privados. Quien no contribuía en los debates, era considerado "no como falto de ambición sino como absolutamente inútil". Aristóteles argumentaba que la demagogia puede llevar a la elección de demócratas que terminan convertidos en tiranos.
El peor analfabeto
es el analfabeto político.
Él no oye, no habla
ni participa en los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida,
el precio de los frijoles, del pescado,
de la harina, del alquiler, del calzado
y de las medicinas
dependen de las decisiones políticas.
Ese analfabeto político del poema que se le atribuye al dramaturgo alemán Bertolt Brecht es un idiota, en su significado original, y originalmente no era un adjetivo irrespetuoso, despectivo ni insultante.
Tampoco tenía ninguna relación con la inteligencia de la persona a la que se refería.
Aunque el significado político sobrevivió durante un tiempo, a medida que la cultura y las tradiciones de la antigua Grecia quedaron atrás, el nuevo significado lo reemplazó.
Luego otro hecho lo aferraría aún más al significado actual.
A principio del siglo XX, los psicólogos franceses Alfred Binet y Theodore Simon crearon la primera prueba de inteligencia moderna, que calculaba el coeficiente intelectual en función de si los niños podían realizar tareas como señalarse la nariz y contar centavos.
Los psicólogos se enamoraron tanto de la naturaleza científica de las pruebas que crearon sistemas de clasificación.
Cualquiera con un coeficiente intelectual superior a 70 se consideraba "normal", y con más de 130, "superdotado".
Para tratar con personas con CI menor de 70, inventaron una nomenclatura.
Un adulto con una edad mental menor de 3 años fue etiquetado como "idiota"; entre 3 y 7, de "imbécil"; y entre 7 y 10, de "débil mental".
"Idiota" se convirtió entonces en un término técnico usado en contextos legales y psiquiátricos.
Utilizar ese vocablo, así como ocurrió con el latino "imbécil" para denominar grados de minusvalía psíquica, llevó a que acabara también siendo un insulto que hace referencia a las dotes mentales del insultado.
En algunas culturas, "idiota", así como "imbécil", se dejó de usar en la medicina unas décadas más tarde por considerarse ofensivo.
En español, no obstante, idiotismo o idiocia sigue apareciendo en la RAE como el nombre de un tipo de discapacidad intelectual.
Fuente: El curioso origen de la palabra "idiota" (y por qué valdría la pena recuperarlo) (https://www.bbc.com/mundo/articles/cw0w0l732ego)
Que te diviertas!

















