El Harrier que quería fotografiar las posiciones del Regimiento De Infantería 5 y terminó derribado.
Faltaban quince minutos para las diez de la mañana del 21 de Mayo de 1982 cuando la Fuerza de Tareas Yapeyú, en Puerto Howard, escuchó el rugir del motor de aviones. Aún no sabían si se trataban de máquinas propias o enemigas, hasta que el cabo primero Gómez, que operaba el radar, gritó “¡Alerta roja! ¡Alerta roja! ¡Aviones!”. Seguidamente, uno apareció sobre el canal.
Ese fue el punto elegido para ubicar al Regimiento de Infantería 5 para contrarrestar una eventual ocupación enemiga. Este regimiento pasaría a la historia de la guerra de Malvinas como la unidad que más resistió el aislamiento.
El avión pasó por las posiciones argentinas del regimiento de infantería a 700 kilómetros por hora. Los dos misiles Blowpipe que se le dispararon fueron eludidos por el piloto y terminaron explotando en tierra.
Unos minutos después, el avión regresó, en un trayecto transversal a la bahía, y el piloto, confiado, pasó a menor velocidad con el propósito de tomar fotografías de las posiciones argentinas. Pero lo estaban esperando.
Desde tierra las tropas le dispararon con todo lo que tenían FAL, MAG 7,62 mm. Ametralladoras Browing 12.7 mm.
El piloto, al recibir tantos impactos desde tierra, todos al mismo tiempo, sintió como si se hubiera metido dentro de una nube de granizo y percibió que perdía el control del aparato. Un Blowpipe disparado por el teniente primero Sergio Fernández, de la Compañía Comando 601 estalló justo debajo de la máquina y la envolvió en una espesa nube negra.
Eso fue lo que decidió a Glover a eyectarse. Fue un milagro que no recibiera ningún impacto mientras descendía en paracaídas.
Todos gritaron de alegría cuando comprobaron que el avión caía a tierra, en medio de muchos “viva la Patria”, sapucays y exclamaciones.
En un bote, rescataron al piloto, que flotaba agitando un brazo. En la costa, se lo envolvió en una manta y en una moto enduro de los comandos fue llevado al puesto de socorro.
Tenía una fractura y luxación del hombro derecho y una herida en el labio superior. Se lo anestesió y se lo curó.
En el interrogatorio intervino el sargento primero Carlos Sánchez como traductor. El piloto comió un sándwich y tomó un té, un menú de lujo para una unidad que, por la escasez, se comía solo una vez al día.
Que te diviertas!
Faltaban quince minutos para las diez de la mañana del 21 de Mayo de 1982 cuando la Fuerza de Tareas Yapeyú, en Puerto Howard, escuchó el rugir del motor de aviones. Aún no sabían si se trataban de máquinas propias o enemigas, hasta que el cabo primero Gómez, que operaba el radar, gritó “¡Alerta roja! ¡Alerta roja! ¡Aviones!”. Seguidamente, uno apareció sobre el canal.
Ese fue el punto elegido para ubicar al Regimiento de Infantería 5 para contrarrestar una eventual ocupación enemiga. Este regimiento pasaría a la historia de la guerra de Malvinas como la unidad que más resistió el aislamiento.
El avión pasó por las posiciones argentinas del regimiento de infantería a 700 kilómetros por hora. Los dos misiles Blowpipe que se le dispararon fueron eludidos por el piloto y terminaron explotando en tierra.
Unos minutos después, el avión regresó, en un trayecto transversal a la bahía, y el piloto, confiado, pasó a menor velocidad con el propósito de tomar fotografías de las posiciones argentinas. Pero lo estaban esperando.
Desde tierra las tropas le dispararon con todo lo que tenían FAL, MAG 7,62 mm. Ametralladoras Browing 12.7 mm.
El piloto, al recibir tantos impactos desde tierra, todos al mismo tiempo, sintió como si se hubiera metido dentro de una nube de granizo y percibió que perdía el control del aparato. Un Blowpipe disparado por el teniente primero Sergio Fernández, de la Compañía Comando 601 estalló justo debajo de la máquina y la envolvió en una espesa nube negra.
Eso fue lo que decidió a Glover a eyectarse. Fue un milagro que no recibiera ningún impacto mientras descendía en paracaídas.
Todos gritaron de alegría cuando comprobaron que el avión caía a tierra, en medio de muchos “viva la Patria”, sapucays y exclamaciones.
En un bote, rescataron al piloto, que flotaba agitando un brazo. En la costa, se lo envolvió en una manta y en una moto enduro de los comandos fue llevado al puesto de socorro.
Tenía una fractura y luxación del hombro derecho y una herida en el labio superior. Se lo anestesió y se lo curó.
En el interrogatorio intervino el sargento primero Carlos Sánchez como traductor. El piloto comió un sándwich y tomó un té, un menú de lujo para una unidad que, por la escasez, se comía solo una vez al día.
Que te diviertas!











