El continente perdido de Mu fue un mito que hablaba de una civilización avanzada que supuestamente existió en medio del Océano Pacífico y desapareció en una catástrofe natural. La idea de Mu fue popularizada a finales del siglo XIX por el escritor y arqueólogo aficionado Augustus Le Plongeon que, basándose en interpretaciones erróneas de textos mayas, afirmó que hablaban de un continente hundido. Mu habría desaparecido hace unos 12.000 años tras una serie de erupciones volcánicas y terremotos que sumergieron el continente bajo las aguas del Pacífico.
Esto supuestamente se debió al movimiento de las cámaras de gas debajo de la corteza terrestre, lo que provocó el colapso de la tierra.
El continente se hundió en el Océano Pacífico, dejando atrás solo islas dispersas como Hawái, Fiji y la Isla de Pascua.
Entre las hipótesis de los partidarios que creen que la Atlántida, Lemuria y Mu hayan existido, se piensa que Lemuria estuvo primero y que fue aquí donde comenzó todo. Por su parte, Mu, pudo haber compartido -en algún momento- la misma época de la Atlántida, y posteriormente su mismo destino: la aniquilación.
El nombre de Lemuria proviene de lémur, animal parecido al mono que vive en África, en el sur de la India y en Malasia. El zoólogo británico P. L. Sclater, que ideó el término Lemuria, aseguró que el extenso continente (ubicado en el océano Índico) se extendía desde Madagascar por el sur de Asia hasta el archipiélago malayo. Era un inmenso hábitat de lémures cuando fue invadido por el mar. Se tiene la creencia de que pudo haber sido un “puente” entre África y Madagascar.
Esta teoría fue confirmada por el hallazgo de animales fósiles semejantes, en zonas tan apartadas como la provincia sudafricana de Natal y el sur de la India. Entre otros evolucionistas del siglo XIX, el británico Thomas Huxley expresó su creencia en Lemuria, y el biólogo alemán Emst Haekel sugirió que el desaparecido continente pudo haber sido «cuna de la humanidad». De este modo surgió la hipótesis de que Lemuria fue sede del Paraíso Terrenal. Haeckel postulaba que la evidencia de la evolución humana se podía encontrar en las Indias Orientales Holandesas, y describió esas teorías con gran detalle, reconociendo que los simios y humanos tenían un origen común, y que debía de haber habido una especie intermedia, y el lugar de su aparición habría sido Lemuria.
La primera mención conocida de Mu aparece en las obras de Augustus Le Plongeon (1825–1908), un viajero y escritor del siglo XIX, que llevó a cabo investigaciones de las ruinas Mayas, en la península del Yucatán. Anunció que había traducido las antiguas escrituras Mayas, que demostraban que era una civilización más antigua que las de Grecia y Egipto. Además contaba la historia de un continente incluso más antiguo, llamado Mu, que se había hundido de una manera similar a la Atlántida y cuyos sobrevivientes fundaron la civilización Maya. Esta teoría ha venido siendo mucho más apoyada por investigaciones resientes.
En 1864, el abate Brasseur estaba intentando traducir un códice maya usando un “alfabeto” compilado por el conquistador Diego de Landa. Ahora bien, la escritura maya era algo similar a la japonesa o la egipcia, ya que usaba ideogramas que también tenían valor fonético: por lo tanto carecía de alfabeto. Lo que el español había encontrado era un conjunto de símbolos que, leídos en voz alta, sonaban como las letras del alfabeto latino. Brasseur entendió que el códice narraba una catástrofe volcánica que había destruido un continente entero. Su nombre se expresaba en dos símbolos que correspondían a las letras “M” y “U”. Así nacía Mu.
Posteriormente otro que propuso la existencia del continente Mu fue el coronel James Churchward, oficial del ejército británico en la India. Todo empezó cuando se hizo amigo de un sumo sacerdote de un templo hindú que tenía en su poder unas tabletas de barro que habían sido guardadas y olvidadas a lo largo de los años por los sacerdotes hindúes. Con el paso del tiempo, Churchward y el sacerdote hindú fueron descifrando la existencia de una civilización madre que había crecido, florecido y repentinamente decaído. Churchward siguió recopilando datos de este enorme rompecabezas cuyo resultado fue una extensa imagen de Mu narrada en el libro Mu el continente perdido.
Churchward dijo que las grandes civilizaciones de Egipto, Babilonia, Persia, griega, la India y china tenían como origen a Mu o Mukulia.
Se cree que Churchward encontró el alfabeto de Mu, en donde incluso aparecía representada la esvástica. Se piensa que y de acuerdo a Churchward, Mu tuvo un gran avance tecnológico y social; a esta época se le conoce como el imperio de Mukulia.
Según los partidarios de la existencia de Mu, las referencias supuestamente encontradas por Churchward sobre una tierra más allá del gran mar oriental, el océano Pacífico, patria de una gran civilización solar, cuna de la antigua cultura del valle del Indo, civilización de la Edad del Bronce que se desarrolló desde 3300 a.E.C. hasta 1300 a.E.C. en el noroeste del subcontinente indio, abarcaba cerca de un centenar de asentamientos y dos ciudades importantes: Harappa y Mohenjo-Daro; esta última muy controversial, aparece mencionada en el poema épico Mahabharata (gran epopeya religiosa, filosófica y mitológica de India), en donde se hace una descripción de una guerra y del uso de un arma mortífera con efectos desbastadores sobre las personas, animales, vegetación, árboles, objetos, agua, etc., algunos estudiosos y eruditos del tema aseveran que los relatos del Mahabharata se referían a guerras nucleares, ya que aparecieron cadáveres presuntamente con niveles de radiación, esta hipótesis podría ser confirmada con los antiguos textos sumerios; en la actualidad algunas expediciones a Mohenjo-Daro han descubierto extensos terrenos vitrificados, como si de una explosión nuclear se tratara, lo más asombroso de esto es que las historias están datadas a más de 4000 años a.E.C. Se piensa que Mohenjo Daro y Harappa eran colonias de sobrevivientes de Lemuria o Mu.
“Cuando la Estrella de Bal (¿Posible meteorito?) cayó allí donde hoy no hay sino mar, las siete ciudades retemblaron con sus puertas de oro y su templos, elevóse una gran llamarada y las calles se llenaron de espeso humo. Los hombres temblaron de miedo , y un gran gentío se agolpó en los templos y en el palacio del Rey. El Rey dijo: – ¿No os había predicho todo eso? -. Y los hombres y las mujeres , vestidos con sus preciosas ropas, adornados con sus maravillosos collares de pedrerías, le rogaron y le imploraron: – ¡Sálvanos Ra-Mu! – Pero el Rey les profetizó que habían de morir todos con sus esclavos y sus hijos y que de sus cenizas nacería una nueva Raza humana…”.
Pues bien, este fue un un importante descubrimiento en relación al continente Mu sumado al de Le Plongeon; y la hipótesis de Churchward estaría confirmada ya que los jeroglíficos de la cultura del Indo eran sorprendentemente parecidos a los de la isla de Pascua en las costas chilenas, cercana a la ubicación más conocida de Mu. Pero Churchward no solo encontró las tablillas en la India, también logró encontrar otras en Lhasa, Tibet.
Según las tablillas, el hombre primitivo apareció en Mu hace dos millones de años y dio origen a una raza muy selecta de 64 millones de individuos. Entonces el continente fue totalmente destruido por una única y violentísima erupción. Hubo, no obstante, algunos supervivientes de los que surgieron las razas que actualmente habitan el globo. Churchward afirmaba que la extensión del continente era de 9.600 por 4.800 kilómetros y su centro estaba próximo al sur del ecuador.
Se ha dicho que sesenta y tres millones de personas vivieron en el ahora continente perdido de Mu hace 200.000 años. Los hijos de Mu se volvieron las personas más influyentes en la Tierra. Mu tenía un gobierno increíblemente sofisticado, una cultura floreciente y una tecnología científica. Mucha de la civilización lemuriana vivía en casas con techos transparentes. Ellos construían refugios, hacían ropa, comida, y sus propias herramientas.
Se cree que todas las religiones tienen un origen común en Mu. Hay evidencias de que la religión de Mu data de hace 170.000 años. Churchward explica las afinidades que existen entre las lenguas mayas y griegas. Estas contienen palabras muy similares que provienen de la lengua de Mu.
Un mapa de Churchward muestra cómo pensaba que los refugiados de Mu se esparcieron después del cataclismo a través de Sudamérica, a lo largo de las orillas de la Atlántida y hacia África.
Churchward viajó también desde la India a Mesopotamia, Siria y Egipto en busca de las evidencias y rastros de las antiguas civilizaciones pre-diluvianas. Tras su pase a la reserva, se estableció definitivamente en Nueva York donde se dedico a viajar por el Oeste de Estados Unidos, Méjico y América Central en busca de esas mismas evidencias que demostraban una línea común en el estilo de esos caracteres arcanos.
Posteriormente a los trabajos de Churchward, muchos investigadores, arqueólogos y eruditos han encontrado un sin fin de pruebas y hallazgos arqueológicos entre los que se encuentran los 270 caracteres pictográficos figurativos encontrados en multitud de sellos de esteatita durante las excavaciones en las ruinas arqueológicas de las ciudades ribereñas del Indo, situadas en las regiones del Sindh, Lothal y Gujarat. En Mesopotamia (antigua Sumeria), las ruinas arqueológicas de las ciudades antediluvianas de Eridu, El Obeid, Uruk y Djemdet se encuentran estelas con caracteres ideográficos de corte similar a los Indostánicos rescatadas de entre los restos de sus colosales edificios de terrazas y templos.
Uno de los tantos símbolos encontrados llama la atención: la esvástica. Pero no se trata de los Nazis, estos copiaron el símbolo por alguna razón. Debo aclarar que la Alemania Nazi tuvo un gran interés en temas esotéricos, se podría decir que le dieron la vuelta al mundo en busca de secretos y de la soñada raza aria de Hitler.
Hasta hace poco podía afirmar “todos los caminos llevan a Sumeria” pero ahora me parece que de Sumeria tendremos que seguir mucho más atrás en el tiempo, a la Atlántida, Mu y Lemuria.
Algunos símbolos cósmicos aparentemente pueden ser derivados de Mu. La construcción de los montículos servía no solo como hogar sino como una fortificación contra razas salvajes provenientes de los estados del norte. Algunos descubrimientos sugieren el culto a la serpiente.
La serpiente (reptil) es “adorada” y/o mencionada en muchas de nuestras culturas, como la Maya, la Egipcia, la Sumeria, el Génesis Bíblico y como no, también por los Atlantes y Murianos; pero ¿porqué? No quiero entrar en una polémica conspirativa al estilo de David Icke, pero si hay algo que se repite es que la adoración al “reptil” ha formado parte de nuestra cultura desde que tenemos historia, pero ¿por qué?
El culto a la serpiente tiene una connotación con los hombres serpientes. Los hombres serpientes eran seres dotados de gran sabiduría y según los descubrimientos de las creencias de las naciones antiguas estos seres dotados de gran sabiduría eran provenientes del cielo según las creencias de estos pueblos.
William Niven (mineralogista y arqueólogo) encontró unas tablillas con caracteres similares a las de Churchward en Méjico, contando más o menos lo mismo. También se hallarón inscripciones en los monolitos de Tizec y en las Tablas de piedra de Azcopotzalco. Luego se encontrarían caracteres análogos en Glozel en Francia, donde aparecieron dibujos de hombres vestidos y dinosaurios en la prehistoria.
Se alude a su vez sobre la existencia de una prueba bastante contundente. Parece ser la serie de indicios de una supuesta emigración masiva ocurrida hace miles de años desde la zona este del Pacífico, cerca de la costa sudamericana.
Estos indicios (que constituían hechos aislados), sugerirían que varias civilizaciones antiguas tendrían un origen común en Mu. Estas son el antiguo Egipto, Asiria, la civilización del valle del Indo, el Perú pre-incaico, la isla de Pascua (posible remanente de Mu), y en menor medida, las culturas pre-mayas. Compartirían similitudes artísticas, arquitectónicas y lingüísticas (todas ellas utilizaban un sistema de escritura jeroglífica), creencias comunes (de tipo solar), y Egipto, Asiria y los nativos pascuenses conservarían una leyenda bastante similar: en Egipto y Asiria se trataba del mito originario de La Atlántida, y en la isla de Pascua existe la memoria de una antigua patria llamada Hiva, que se hundió por un cataclismo.
El testimonio de los aymaras de Perú y Bolivia constituye otra evidencia de esta memoria común, ya que también hacen referencia a esta tierra perdida y en la misma ubicación, aunque en este caso la isla-continente se llama Atl-Antis (tierra antigua), de cuyo nombre no puede negarse el enorme parecido con Atlántida. Lo cual no tiene sentido, ya que como se cree Mu y la Atlántida son dos continentes distintos ¿será posible?. Los defensores de esta teoría también afirman que más al sur del continente americano, las leyendas sobre la desaparecida tierra ancestral se realzan en la mitología del pueblo indígena mapuche, del sur de Chile y la Patagonia Argentina, quienes incluso mencionarían ser descendientes de una raza venida de una tierra tragada por las aguas, la cual justamente según su historia llevaría el nombre de Mu.
Las antiguas historias contadas hasta hoy por los Indios Hopi (actualmente apostados en la reserva federal de Arizona) cuentan también la historia de un continente tragado por las aguas al que ellos llamaban Kasskara.
Los antiguos texos de los indios Hopi rezan: “Has visto, dijo Sotuknang, He borrado hasta las huellas de donde han venido. Debajo de las profundidades del mar yacen todas aquellas orgullosas ciudades, los patuwvotas (platos volantes), los tesoros y la gente corrompida por la maldad que no tuvieron tiempo para cantar sus plegarias al Creador desde la cima de las montañas. Pero llegará el día, si conservan su memoria y el significado de su Surgimiento, en que ese sendero (las islas) que atravesaron para llegar hasta aquí vuelvan a emerger para así ustedes poder probar la veracidad de su historia“
Según los Hopi, los sobrevivientes de este continente fueron “ayudados” a trasladarse al continente americano por “escudos-platos volantes” y “pájaros de fuego” que eran los “medios de transporte” de los dioses a los que ellos llamaban Katchinas (venerable, juez o sabio). Los Hopi dicen más específicamente que la parte del continente americano a donde migraron los sobrevivientes era llamada Tautoma, que de acuerdo al investigador Andreas Faber-Kaiser pudo haberse tratado de Tiahuanaco en Bolivia, donde se encuentra el lago Titicaca. Según la historia, el primer colono de esta zona fue Huyustus, quien fue un hombre barbado de piel blanca . La leyenda cuenta que de él desciende Manco Cápac, el primer inca del Cusco. Otras regiones a donde posiblemente fueron emigrando los sobrevivientes de Kasskara (según el relato de los Hopi) fueron el Monte Shasta en California y Palenque.
“De acuerdo con la tradición hopi, la historia de la humanidad está dividida en períodos que ellos denominan «mundos», los cuales están separados entre sí por terribles catástrofes naturales: el primer mundo sucumbió por el fuego, el segundo por el hielo y el tercero, por el agua. Actualmente viviríamos en el cuarto mundo. Y en total, la humanidad deberá recorrer siete. No siendo comprobables históricamente los dos primeros mundos hopi, la memoria tribal de ellos se remonta a la época del tercer mundo, cuyo nombre era Kasskara. Este era el nombre, en realidad, de un inmenso continente situado en el actual emplazamiento del océano Pacífico. Pero Kasskara no era la única tierra habitada. Existía también el «país del Este». Y los habitantes de este país tenían el mismo origen que los de Kasskara.
…los Katchinas ayudaron a los elegidos a trasladarse a nuevas tierras. Este hecho marcó el fin del tercer mundo y el comienzo del cuarto. Es preciso aclarar que, desde el primer mundo, los humanos estaban en contacto con los Katchinas, palabra que puede traducirse por «venerables sabios». Se trataba de seres visibles, de apariencia humana, que nunca fueron tomados por dioses sino solamente como seres de conocimientos y potencial superiores a los del ser humano. Eran capaces de trasladarse por el aire a velocidades gigantescas, y de aterrizar en cualquier lugar. Dado que se trataba de seres corpóreos, precisaban para estos desplazamientos unos artefactos voladores, unos «escudos voladores» —al igual que en las crónicas romanas, al igual que en las crónicas de Carlomagno— que recibían diversos nombres“
Por lo menos interesantes las palabras de Joseph Blumrich acerca de la posible existencia de al menos 2 continentes, el primero Kasskara y el segundo, al que denomina país del este, en donde la tradición Hopi nos habla de los guerreros y conquistadores de tierras (recordando a la isla de Platón); ¿será posible entonces, que esté hablando de Mu y la Atlántida? Sea como fuese, este es otro dato importante que apunta -nuevamente- a la posibilidad de dos continentes antediluvianos, y que sus pobladores venían de tierras que existieron hace millones de años, que de acuerdo a los estudiosos del tema pudiese ser Lemuria.
Blumrich nació en Austria y formó parte del ejército Alemán en la segunda guerra mundial. Obtuvo un título de ingeniero aeronáutico en la Ingenieur Schule de Weimar, Alemania. Para finales de los años 60 emigró a EEUU en donde comenzaría a trabajar para el Marshall Space Flight Center de la NASA hasta su retiro en el 74.
A parte de su libro sobre Kasskara, también escribió otra obra titulada The Spaceships of Ezekiel en donde especula acerca de la posibilidad de que las visiones bíblicas del profeta Ezequiel tengan que ver con naves espaciales o dioses de otros mundos. Curiosamente, Blumrich inició su investigación con la intención de refutar las teorías de Erich von Däniken, sin embargo, al final terminó convenido de que lo relatado por Ezequiel sobre las visiones de dios, los “ángeles” y las “ruedas de fuego voladoras” concuerdan más con la posibilidad de seres provenientes de algún rincón de la galaxia. Temeraria afirmación sin duda, pero para nada descabellada.
Aquí debemos recapitular en algo, y es que hasta ahora se ha hablado de Mu y Lemuria, pero ¿no es lo mismo? Aparentemente no! La localización exacta de Lemuria varía con autores e investigadores diferentes, aunque es parte de los misterios de la región pacífica fluyendo hacia el continente americano, así como la Atlántida está ligada a las áreas de tierra del Atlántico que se extienden al Mar Mediterráneo.
Se supone que Mu estaba situado en el océano Pacífico y que su tamaño doblaba el de Australia. La leyenda afirma que Lemuria ocupaba la mayor parte del océano Índico y unía África con Oceanía. Hay varias fechas para la línea de tiempo lemuriana, algunas colocándola hace millones de años, mientras que otros definen la era lemuriana aproximadamente de 75.000 a 20,000 a.E.C, antes de los atlantes. Otros especulan que la Atlántida y Lemuria co-existieron por miles de años.
En un intento de simplificar las “posibles” teorías, se podría decir que primero estuvo habitada Lemuria, en donde comenzaría la raza humana, y que posteriormente habría enfrentado una violenta destrucción. Luego estaría la Atlántida, de la que se dice que sus habitantes eran “gigantes” guerreros y que por su afán de conquista y su arrogancia, finalmente fueron destruidos, y que como bien apunta Platón, estos habrían perdido sus últimas batallas y luego perecieron ante una catástrofe-inundación. Por otro lado tenemos a Mu, que pasó a ser la “cuna” para la primera civilización humana de nuestra actualidad. Esta también sería arrasada por algún evento cataclísmico.
Como se dijo al inicio del artículo, se ha hablado de un posible cuarto continente o asentamiento, que sería motivo de estudio en la Alemania nazi: la Hiperbórea (“más allá del norte“). Se cuenta que estaba ubicada al extremo norte de Europa y Groenlandia, algo que era continuamente mencionado en las enseñanzas de la sociedad Thule. El filósofo griego Sileno decía que su propia gente estuvo en algún momento en contacto con “personas más allá del mar” y que eran gigantes inmortales, de piel blanca y ojos claros.
No existe ninguna evidencia científica que respalde la existencia de Mu y el descubrimiento de la tectónica de placas término por refutar la teoría por lo que la historia se considera parte de la mitología moderna y las teorías pseudocientíficas.
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El nombre de Lemuria proviene de lémur, animal parecido al mono que vive en África, en el sur de la India y en Malasia. El zoólogo británico P. L. Sclater, que ideó el término Lemuria, aseguró que el extenso continente (ubicado en el océano Índico) se extendía desde Madagascar por el sur de Asia hasta el archipiélago malayo. Era un inmenso hábitat de lémures cuando fue invadido por el mar. Se tiene la creencia de que pudo haber sido un “puente” entre África y Madagascar.
Esta teoría fue confirmada por el hallazgo de animales fósiles semejantes, en zonas tan apartadas como la provincia sudafricana de Natal y el sur de la India. Entre otros evolucionistas del siglo XIX, el británico Thomas Huxley expresó su creencia en Lemuria, y el biólogo alemán Emst Haekel sugirió que el desaparecido continente pudo haber sido «cuna de la humanidad». De este modo surgió la hipótesis de que Lemuria fue sede del Paraíso Terrenal. Haeckel postulaba que la evidencia de la evolución humana se podía encontrar en las Indias Orientales Holandesas, y describió esas teorías con gran detalle, reconociendo que los simios y humanos tenían un origen común, y que debía de haber habido una especie intermedia, y el lugar de su aparición habría sido Lemuria.
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En 1864, el abate Brasseur estaba intentando traducir un códice maya usando un “alfabeto” compilado por el conquistador Diego de Landa. Ahora bien, la escritura maya era algo similar a la japonesa o la egipcia, ya que usaba ideogramas que también tenían valor fonético: por lo tanto carecía de alfabeto. Lo que el español había encontrado era un conjunto de símbolos que, leídos en voz alta, sonaban como las letras del alfabeto latino. Brasseur entendió que el códice narraba una catástrofe volcánica que había destruido un continente entero. Su nombre se expresaba en dos símbolos que correspondían a las letras “M” y “U”. Así nacía Mu.
Posteriormente otro que propuso la existencia del continente Mu fue el coronel James Churchward, oficial del ejército británico en la India. Todo empezó cuando se hizo amigo de un sumo sacerdote de un templo hindú que tenía en su poder unas tabletas de barro que habían sido guardadas y olvidadas a lo largo de los años por los sacerdotes hindúes. Con el paso del tiempo, Churchward y el sacerdote hindú fueron descifrando la existencia de una civilización madre que había crecido, florecido y repentinamente decaído. Churchward siguió recopilando datos de este enorme rompecabezas cuyo resultado fue una extensa imagen de Mu narrada en el libro Mu el continente perdido.
Churchward dijo que las grandes civilizaciones de Egipto, Babilonia, Persia, griega, la India y china tenían como origen a Mu o Mukulia.
Se cree que Churchward encontró el alfabeto de Mu, en donde incluso aparecía representada la esvástica. Se piensa que y de acuerdo a Churchward, Mu tuvo un gran avance tecnológico y social; a esta época se le conoce como el imperio de Mukulia.
Según los partidarios de la existencia de Mu, las referencias supuestamente encontradas por Churchward sobre una tierra más allá del gran mar oriental, el océano Pacífico, patria de una gran civilización solar, cuna de la antigua cultura del valle del Indo, civilización de la Edad del Bronce que se desarrolló desde 3300 a.E.C. hasta 1300 a.E.C. en el noroeste del subcontinente indio, abarcaba cerca de un centenar de asentamientos y dos ciudades importantes: Harappa y Mohenjo-Daro; esta última muy controversial, aparece mencionada en el poema épico Mahabharata (gran epopeya religiosa, filosófica y mitológica de India), en donde se hace una descripción de una guerra y del uso de un arma mortífera con efectos desbastadores sobre las personas, animales, vegetación, árboles, objetos, agua, etc., algunos estudiosos y eruditos del tema aseveran que los relatos del Mahabharata se referían a guerras nucleares, ya que aparecieron cadáveres presuntamente con niveles de radiación, esta hipótesis podría ser confirmada con los antiguos textos sumerios; en la actualidad algunas expediciones a Mohenjo-Daro han descubierto extensos terrenos vitrificados, como si de una explosión nuclear se tratara, lo más asombroso de esto es que las historias están datadas a más de 4000 años a.E.C. Se piensa que Mohenjo Daro y Harappa eran colonias de sobrevivientes de Lemuria o Mu.
“Cuando la Estrella de Bal (¿Posible meteorito?) cayó allí donde hoy no hay sino mar, las siete ciudades retemblaron con sus puertas de oro y su templos, elevóse una gran llamarada y las calles se llenaron de espeso humo. Los hombres temblaron de miedo , y un gran gentío se agolpó en los templos y en el palacio del Rey. El Rey dijo: – ¿No os había predicho todo eso? -. Y los hombres y las mujeres , vestidos con sus preciosas ropas, adornados con sus maravillosos collares de pedrerías, le rogaron y le imploraron: – ¡Sálvanos Ra-Mu! – Pero el Rey les profetizó que habían de morir todos con sus esclavos y sus hijos y que de sus cenizas nacería una nueva Raza humana…”.
Pues bien, este fue un un importante descubrimiento en relación al continente Mu sumado al de Le Plongeon; y la hipótesis de Churchward estaría confirmada ya que los jeroglíficos de la cultura del Indo eran sorprendentemente parecidos a los de la isla de Pascua en las costas chilenas, cercana a la ubicación más conocida de Mu. Pero Churchward no solo encontró las tablillas en la India, también logró encontrar otras en Lhasa, Tibet.
Según las tablillas, el hombre primitivo apareció en Mu hace dos millones de años y dio origen a una raza muy selecta de 64 millones de individuos. Entonces el continente fue totalmente destruido por una única y violentísima erupción. Hubo, no obstante, algunos supervivientes de los que surgieron las razas que actualmente habitan el globo. Churchward afirmaba que la extensión del continente era de 9.600 por 4.800 kilómetros y su centro estaba próximo al sur del ecuador.
Se ha dicho que sesenta y tres millones de personas vivieron en el ahora continente perdido de Mu hace 200.000 años. Los hijos de Mu se volvieron las personas más influyentes en la Tierra. Mu tenía un gobierno increíblemente sofisticado, una cultura floreciente y una tecnología científica. Mucha de la civilización lemuriana vivía en casas con techos transparentes. Ellos construían refugios, hacían ropa, comida, y sus propias herramientas.
Se cree que todas las religiones tienen un origen común en Mu. Hay evidencias de que la religión de Mu data de hace 170.000 años. Churchward explica las afinidades que existen entre las lenguas mayas y griegas. Estas contienen palabras muy similares que provienen de la lengua de Mu.
Un mapa de Churchward muestra cómo pensaba que los refugiados de Mu se esparcieron después del cataclismo a través de Sudamérica, a lo largo de las orillas de la Atlántida y hacia África.
Churchward viajó también desde la India a Mesopotamia, Siria y Egipto en busca de las evidencias y rastros de las antiguas civilizaciones pre-diluvianas. Tras su pase a la reserva, se estableció definitivamente en Nueva York donde se dedico a viajar por el Oeste de Estados Unidos, Méjico y América Central en busca de esas mismas evidencias que demostraban una línea común en el estilo de esos caracteres arcanos.
Posteriormente a los trabajos de Churchward, muchos investigadores, arqueólogos y eruditos han encontrado un sin fin de pruebas y hallazgos arqueológicos entre los que se encuentran los 270 caracteres pictográficos figurativos encontrados en multitud de sellos de esteatita durante las excavaciones en las ruinas arqueológicas de las ciudades ribereñas del Indo, situadas en las regiones del Sindh, Lothal y Gujarat. En Mesopotamia (antigua Sumeria), las ruinas arqueológicas de las ciudades antediluvianas de Eridu, El Obeid, Uruk y Djemdet se encuentran estelas con caracteres ideográficos de corte similar a los Indostánicos rescatadas de entre los restos de sus colosales edificios de terrazas y templos.
Uno de los tantos símbolos encontrados llama la atención: la esvástica. Pero no se trata de los Nazis, estos copiaron el símbolo por alguna razón. Debo aclarar que la Alemania Nazi tuvo un gran interés en temas esotéricos, se podría decir que le dieron la vuelta al mundo en busca de secretos y de la soñada raza aria de Hitler.
Hasta hace poco podía afirmar “todos los caminos llevan a Sumeria” pero ahora me parece que de Sumeria tendremos que seguir mucho más atrás en el tiempo, a la Atlántida, Mu y Lemuria.
Algunos símbolos cósmicos aparentemente pueden ser derivados de Mu. La construcción de los montículos servía no solo como hogar sino como una fortificación contra razas salvajes provenientes de los estados del norte. Algunos descubrimientos sugieren el culto a la serpiente.
La serpiente (reptil) es “adorada” y/o mencionada en muchas de nuestras culturas, como la Maya, la Egipcia, la Sumeria, el Génesis Bíblico y como no, también por los Atlantes y Murianos; pero ¿porqué? No quiero entrar en una polémica conspirativa al estilo de David Icke, pero si hay algo que se repite es que la adoración al “reptil” ha formado parte de nuestra cultura desde que tenemos historia, pero ¿por qué?
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William Niven (mineralogista y arqueólogo) encontró unas tablillas con caracteres similares a las de Churchward en Méjico, contando más o menos lo mismo. También se hallarón inscripciones en los monolitos de Tizec y en las Tablas de piedra de Azcopotzalco. Luego se encontrarían caracteres análogos en Glozel en Francia, donde aparecieron dibujos de hombres vestidos y dinosaurios en la prehistoria.
Se alude a su vez sobre la existencia de una prueba bastante contundente. Parece ser la serie de indicios de una supuesta emigración masiva ocurrida hace miles de años desde la zona este del Pacífico, cerca de la costa sudamericana.
Estos indicios (que constituían hechos aislados), sugerirían que varias civilizaciones antiguas tendrían un origen común en Mu. Estas son el antiguo Egipto, Asiria, la civilización del valle del Indo, el Perú pre-incaico, la isla de Pascua (posible remanente de Mu), y en menor medida, las culturas pre-mayas. Compartirían similitudes artísticas, arquitectónicas y lingüísticas (todas ellas utilizaban un sistema de escritura jeroglífica), creencias comunes (de tipo solar), y Egipto, Asiria y los nativos pascuenses conservarían una leyenda bastante similar: en Egipto y Asiria se trataba del mito originario de La Atlántida, y en la isla de Pascua existe la memoria de una antigua patria llamada Hiva, que se hundió por un cataclismo.
El testimonio de los aymaras de Perú y Bolivia constituye otra evidencia de esta memoria común, ya que también hacen referencia a esta tierra perdida y en la misma ubicación, aunque en este caso la isla-continente se llama Atl-Antis (tierra antigua), de cuyo nombre no puede negarse el enorme parecido con Atlántida. Lo cual no tiene sentido, ya que como se cree Mu y la Atlántida son dos continentes distintos ¿será posible?. Los defensores de esta teoría también afirman que más al sur del continente americano, las leyendas sobre la desaparecida tierra ancestral se realzan en la mitología del pueblo indígena mapuche, del sur de Chile y la Patagonia Argentina, quienes incluso mencionarían ser descendientes de una raza venida de una tierra tragada por las aguas, la cual justamente según su historia llevaría el nombre de Mu.
Las antiguas historias contadas hasta hoy por los Indios Hopi (actualmente apostados en la reserva federal de Arizona) cuentan también la historia de un continente tragado por las aguas al que ellos llamaban Kasskara.
Los antiguos texos de los indios Hopi rezan: “Has visto, dijo Sotuknang, He borrado hasta las huellas de donde han venido. Debajo de las profundidades del mar yacen todas aquellas orgullosas ciudades, los patuwvotas (platos volantes), los tesoros y la gente corrompida por la maldad que no tuvieron tiempo para cantar sus plegarias al Creador desde la cima de las montañas. Pero llegará el día, si conservan su memoria y el significado de su Surgimiento, en que ese sendero (las islas) que atravesaron para llegar hasta aquí vuelvan a emerger para así ustedes poder probar la veracidad de su historia“
Según los Hopi, los sobrevivientes de este continente fueron “ayudados” a trasladarse al continente americano por “escudos-platos volantes” y “pájaros de fuego” que eran los “medios de transporte” de los dioses a los que ellos llamaban Katchinas (venerable, juez o sabio). Los Hopi dicen más específicamente que la parte del continente americano a donde migraron los sobrevivientes era llamada Tautoma, que de acuerdo al investigador Andreas Faber-Kaiser pudo haberse tratado de Tiahuanaco en Bolivia, donde se encuentra el lago Titicaca. Según la historia, el primer colono de esta zona fue Huyustus, quien fue un hombre barbado de piel blanca . La leyenda cuenta que de él desciende Manco Cápac, el primer inca del Cusco. Otras regiones a donde posiblemente fueron emigrando los sobrevivientes de Kasskara (según el relato de los Hopi) fueron el Monte Shasta en California y Palenque.
“De acuerdo con la tradición hopi, la historia de la humanidad está dividida en períodos que ellos denominan «mundos», los cuales están separados entre sí por terribles catástrofes naturales: el primer mundo sucumbió por el fuego, el segundo por el hielo y el tercero, por el agua. Actualmente viviríamos en el cuarto mundo. Y en total, la humanidad deberá recorrer siete. No siendo comprobables históricamente los dos primeros mundos hopi, la memoria tribal de ellos se remonta a la época del tercer mundo, cuyo nombre era Kasskara. Este era el nombre, en realidad, de un inmenso continente situado en el actual emplazamiento del océano Pacífico. Pero Kasskara no era la única tierra habitada. Existía también el «país del Este». Y los habitantes de este país tenían el mismo origen que los de Kasskara.
…los Katchinas ayudaron a los elegidos a trasladarse a nuevas tierras. Este hecho marcó el fin del tercer mundo y el comienzo del cuarto. Es preciso aclarar que, desde el primer mundo, los humanos estaban en contacto con los Katchinas, palabra que puede traducirse por «venerables sabios». Se trataba de seres visibles, de apariencia humana, que nunca fueron tomados por dioses sino solamente como seres de conocimientos y potencial superiores a los del ser humano. Eran capaces de trasladarse por el aire a velocidades gigantescas, y de aterrizar en cualquier lugar. Dado que se trataba de seres corpóreos, precisaban para estos desplazamientos unos artefactos voladores, unos «escudos voladores» —al igual que en las crónicas romanas, al igual que en las crónicas de Carlomagno— que recibían diversos nombres“
Por lo menos interesantes las palabras de Joseph Blumrich acerca de la posible existencia de al menos 2 continentes, el primero Kasskara y el segundo, al que denomina país del este, en donde la tradición Hopi nos habla de los guerreros y conquistadores de tierras (recordando a la isla de Platón); ¿será posible entonces, que esté hablando de Mu y la Atlántida? Sea como fuese, este es otro dato importante que apunta -nuevamente- a la posibilidad de dos continentes antediluvianos, y que sus pobladores venían de tierras que existieron hace millones de años, que de acuerdo a los estudiosos del tema pudiese ser Lemuria.
Blumrich nació en Austria y formó parte del ejército Alemán en la segunda guerra mundial. Obtuvo un título de ingeniero aeronáutico en la Ingenieur Schule de Weimar, Alemania. Para finales de los años 60 emigró a EEUU en donde comenzaría a trabajar para el Marshall Space Flight Center de la NASA hasta su retiro en el 74.
A parte de su libro sobre Kasskara, también escribió otra obra titulada The Spaceships of Ezekiel en donde especula acerca de la posibilidad de que las visiones bíblicas del profeta Ezequiel tengan que ver con naves espaciales o dioses de otros mundos. Curiosamente, Blumrich inició su investigación con la intención de refutar las teorías de Erich von Däniken, sin embargo, al final terminó convenido de que lo relatado por Ezequiel sobre las visiones de dios, los “ángeles” y las “ruedas de fuego voladoras” concuerdan más con la posibilidad de seres provenientes de algún rincón de la galaxia. Temeraria afirmación sin duda, pero para nada descabellada.
Aquí debemos recapitular en algo, y es que hasta ahora se ha hablado de Mu y Lemuria, pero ¿no es lo mismo? Aparentemente no! La localización exacta de Lemuria varía con autores e investigadores diferentes, aunque es parte de los misterios de la región pacífica fluyendo hacia el continente americano, así como la Atlántida está ligada a las áreas de tierra del Atlántico que se extienden al Mar Mediterráneo.
Se supone que Mu estaba situado en el océano Pacífico y que su tamaño doblaba el de Australia. La leyenda afirma que Lemuria ocupaba la mayor parte del océano Índico y unía África con Oceanía. Hay varias fechas para la línea de tiempo lemuriana, algunas colocándola hace millones de años, mientras que otros definen la era lemuriana aproximadamente de 75.000 a 20,000 a.E.C, antes de los atlantes. Otros especulan que la Atlántida y Lemuria co-existieron por miles de años.
En un intento de simplificar las “posibles” teorías, se podría decir que primero estuvo habitada Lemuria, en donde comenzaría la raza humana, y que posteriormente habría enfrentado una violenta destrucción. Luego estaría la Atlántida, de la que se dice que sus habitantes eran “gigantes” guerreros y que por su afán de conquista y su arrogancia, finalmente fueron destruidos, y que como bien apunta Platón, estos habrían perdido sus últimas batallas y luego perecieron ante una catástrofe-inundación. Por otro lado tenemos a Mu, que pasó a ser la “cuna” para la primera civilización humana de nuestra actualidad. Esta también sería arrasada por algún evento cataclísmico.
Como se dijo al inicio del artículo, se ha hablado de un posible cuarto continente o asentamiento, que sería motivo de estudio en la Alemania nazi: la Hiperbórea (“más allá del norte“). Se cuenta que estaba ubicada al extremo norte de Europa y Groenlandia, algo que era continuamente mencionado en las enseñanzas de la sociedad Thule. El filósofo griego Sileno decía que su propia gente estuvo en algún momento en contacto con “personas más allá del mar” y que eran gigantes inmortales, de piel blanca y ojos claros.
No existe ninguna evidencia científica que respalde la existencia de Mu y el descubrimiento de la tectónica de placas término por refutar la teoría por lo que la historia se considera parte de la mitología moderna y las teorías pseudocientíficas.
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