13 julio 2026

Ceguera de Jorge Luis Borges - Teorias Falopa Argentinas VII

La luz mortecina alumbra con destellos grotescos los anaqueles infestados de libros, algunos de ellos tan execrables que apenas si han sido hojeados por mano humana alguna. Como una cripta milenaria y sideral, los pasadizos subterráneos de la Biblioteca Nacional, en el barrio de la Recoleta, albergan un contingente de extrañas criaturas que permanecen ocultas a los habitantes del exterior.

Al presentar el volumen en el que se basa toda su mitología, H. P. Lovecraft sostiene que sólo han sobrevivido cinco copias del Necronomicón, fuente de horrorosas verdades universales, como aquella que reza que "no está muerto lo que yace eternamente, y con los eones extraños incluso la muerte puede morir". Se encuentran en la Biblioteca de Widener, Harvard; en la Biblioteca Nacional de París, en el Museo Británico, y en la ficticia Universidad de Miskatonic. El quinto ejemplar —según El horror de Dunwich (The Dunwich Horror)— estaría en la Universidad de Buenos Aires (UBA), creando un mito bastante difícil de erradicar.

¿Cuántos lectores en tránsito por esas impresionables edades, la pubertad y primera adolescencia, se habrán comunicado con la Universidad de Buenos Aires (Lovecraft sic) para corroborar la información e intentar acceder a los secretos del indescriptiblemente deleznable volumen? La leyenda echa raíces aún más fuertes con un pie de página bello y fantástico: el propio Jorge Luis Borges podría haber sido el encargado de fichar el poderoso libro en los cartularios de la Biblioteca Nacional durante su gestión al frente de esa entidad, quedando ciego como consecuencia de la malsana curiosidad literaria.

En 1955, Jorge Luis Borges asumió el cargo de director de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, la cual está estrechamente vinculada a la UBA.
Constantemente recibía solicitudes para acceder a una copia del Necronomicón, algo que, lejos de irritarlo, lo llevó a confundir aún más las cosas para los cándidos lectores de Lovecraft.

En 1956, Borges incluyó una entrada en el catálogo de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, aclarando que la institución poseía un ejemplar del Necronomicón. Así de directo, sin ambigüedades, sin vagas referencias aptas para el anticuario promedio: el Necronomicón, lisa y llanamente, en la Biblioteca Nacional.

Borges abandonó el cargo de director de la Biblioteca Nacional en 1973. Dos años después, en 1975, publicó El libro de arena, una colección de relatos fantásticos donde aparece un cuento que homenajea a H.P. Lovecraft, titulado: There are more things (Hay más cosas). Allí, nuevamente, reaparece el tópico de la casa embrujada, y conocimientos tan abyectos que son capaces de volver loco al hombre más racional.

Desde ya que no podemos probar que la copia del Necronomicón que Borges agregó al catálogo de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires haya existido realmente. Por tal caso, tampoco podemos probar que el Necronomicón exista, tampoco el Aleph, pero sí que ambos autores se asomaron al abismo de la Eternidad, cada uno con sus propias herramientas, sus propias obsesiones, y observaron que ésta les devolvía la mirada.

Hechos: al menos por unas semanas, el catálogo de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, cuyo director era Jorge Luis Borges, aseguró que contaba con una edición del Necronomicón. No es mucho, casi nada, pero suficiente para justificar la imaginación de quienes todavía se permiten la posibilidad de encontrar el Aleph en algún sótano, en cualquier biblioteca.


Y al leer las páginas de dicho libro resguardado solo supo una cosa, de algo que se acerca no será hoy, no será mañana, no será la semana siguiente, no será al mes que viene, no será el año siguiente, no será la década siguiente, pero él sabía algo.
Ellos regresarán.

Aclaraciòn: No, Jorge Luis Borges no se quedó ciego por leer el Necronomicón. La ceguera de Borges fue resultado de una enfermedad congénita que también afectó a su padre. Su pérdida de visión fue un proceso gradual y doloroso que comenzó en la infancia y empeoró con el tiempo, hasta quedar casi completamente ciego. La idea de que el Necronomicón (un libro ficticio de la obra de H.P. Lovecraft) fuera la causa es un mito urbano o una broma, según algunos autores como J. S. Navarro.


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12 julio 2026

Ladrillos de vino

Durante la Prohibición, los viticultores de uvas sufrieron un golpe duro porque la 18ª Enmienda eliminó la industria legal del vino de la noche a la mañana. Para sobrevivir, se reinventaron vendiendo “ladrillos de vino”, bloques semisólidos de jugo de uva concentrado que eran perfectamente legales para hacer jugo no alcohólico. Pero todos entendían el guiño detrás del producto.

Las etiquetas incluían advertencias juguetonas que decían a los clientes que no disolvieran el ladrillo en agua y lo dejaran en un armario oscuro durante veinte días, porque eso causaría fermentación y lo convertiría en vino. Esto permitió a los agricultores obedecer la letra de la ley mientras daban a los consumidores un mapa de ruta para hacer vino en casa discretamente.

A medida que crecía la demanda, algunas compañías incluso agregaron hierbas y saborizantes para imitar variedades como Borgoña o puerto, haciendo que los ladrillos fueran aún más atractivos para los estadounidenses que no estaban listos para renunciar a su cultura del vino.

A pesar de las represalias federales contra el alcohol ilegal, los ladrillos de vino se convirtieron en uno de los resquicios más extendidos y humorísticos de la era, ayudando a las familias a mantener antiguas tradiciones a puertas cerradas. Así es como los estadounidenses usaron la creatividad y un poco de travesura para burlarse de una de las leyes más impopulares de la historia de EE.UU.

Los ladrillos de vino no solo salvaron a los viticultores de uvas, sino que remodelaron toda la industria del vino de California. Antes de la Prohibición, la mayoría de los viñedos cultivaban variedades europeas delicadas destinadas a vinos finos. Pero esas uvas no podían sobrevivir largos viajes en tren hasta la Costa Este, donde vivían la mayoría de los compradores de ladrillos de vino. Así que los agricultores arrancaron enormes secciones de viñedos premium y replantaron uvas de piel gruesa y resistentes como Alicante Bouschet, que podían soportar el envío a través del país sin pudrirse.

El resultado fue un cambio masivo y duradero en la viticultura estadounidense: la Prohibición creó accidentalmente una demanda nacional de uvas resistentes y de color profundo, y cuando terminó la prohibición, los viñedos de California estaban llenos de variedades elegidas no por su sabor, sino por su supervivencia.


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11 julio 2026

Cibercrimen desde una prisión

No temo al hombre que ha practicado 10.000 patadas una vez, temo al hombre que ha practicado una patada 10.000 veces.
Bruce Lee
Dos tipos dirigieron toda una operación de cibercrimen en una PRISIÓN durante meses.

En 2015, dos prisioneros en Ohio fueron asignados a un programa de reciclaje donde desmantelaban computadoras viejas.

En lugar de desechar las piezas, empezaron a robarlas.

Transportaron componentes a más de 350 metros pasando guardias, detectores de metales y múltiples puntos de control de seguridad.

Luego construyeron dos PCs funcionales y los escondieron detrás de una tabla de contrachapado en el techo de un armario de una sala de entrenamiento.

Conectaron cables desde el techo hasta la propia red de la prisión.

Robaron credenciales de inicio de sesión de un empleado observándolo mientras escribía su contraseña.

Crearon billeteras de Bitcoin, cuentas de Stripe, cuentas bancarias y solicitudes de tarjetas de crédito usando la identidad robada de otro recluso.

Descargaron VPNs, el navegador Tor, herramientas para crackear contraseñas y lo que los investigadores llamaron "un gran kit de herramientas de ciberdelincuentes".

Crearon pases de seguridad falsos para acceder a áreas restringidas de la prisión.

Toda esta operación funcionó durante meses.

Solo los atraparon porque una de las computadoras usó tanto ancho de banda que activó una alerta automática.

El Inspector General dijo que era "casi como si fuera un episodio de Hogan's Heroes".

Dos tipos con piezas de computadoras recicladas y una baldosa del techo construyeron una operación de cibercrimen dentro de una prisión estatal.

La historia coincide según el informe del Inspector General de Ohio de 2017 (y múltiples fuentes como BBC, Quartz).

Presos: Adam Johnston y Scott Spriggs, en la Institución Correccional de Marion. Trabajaban sin supervisión en el programa de reciclaje RET3 desarmando computadoras personales antiguas.

Antecedentes: Ambos fueron encarcelados como adolescentes a principios de los 2000 —Johnston (de Kettering) por asesinato agravado y robo (sentencia de por vida); Spriggs de manera similar por crímenes graves. Eran amigos cercanos que lograron esto durante meses hasta una alerta de ancho de banda en Julio de 2015.


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10 julio 2026

Ascender en la empresa

Busca un lugar tranquilo o no sobrevivirás. Ahora, esto es tierra de lobos, y no eres un lobo.
Sicario
Dejo tutorial como avanzar en la empresa. Esto no lo vas a ver en LinkedIn


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09 julio 2026

La única base antártica del mundo con familias y con escuela

"Somos la única base antártica del mundo que cuenta con familias y con escuela"
Entrevista a Fernando Ezequiel Sosa
Base Esperanza, Antártida Argentina

La campaña de invierno en la Antártida Argentina ya está en marcha y representa uno de los desafíos logísticos y humanos más exigentes del país. Con temperaturas extremas, largos períodos de oscuridad y condiciones climáticas adversas, las dotaciones que permanecen en el continente blanco aseguran el funcionamiento de las bases argentinas durante los meses más duros del año.

Fernando Ezequiel Sosa, teniente coronel en la Base Esperanza, dialogó con el equipo de Korol en el aire y destacó una característica que distingue a este asentamiento de cualquier otro en el continente.
"Somos la única base antártica del mundo que cuenta con familias y con escuela", resaltó.
La Base Esperanza, ubicada en el extremo norte de la Península Antártica, constituye uno de los principales símbolos de la presencia argentina en la región. Allí residen militares, científicos, personal técnico, docentes y sus familias, quienes desarrollan sus actividades en un entorno marcado por condiciones climáticas extremas. La base cuenta con viviendas, escuela, capilla, hospital y distintas instalaciones que permiten sostener la vida cotidiana durante todo el año.

En ese marco, Sosa contó cómo es vivir el día a día en la Base Esperanza y dijo que todo tienen por dos, ya que en caso de que falle uno necesitan un reemplazo hasta que el problema se puede solucionar".

Uno de los aspectos más singulares es el funcionamiento de la Escuela Provincial N.º 38 Presidente Raúl Ricardo Alfonsín, donde reciben clases los hijos de las familias destinadas en la base. Esta experiencia educativa es única en la Antártida y forma parte de una política de presencia permanente que Argentina sostiene desde hace décadas.

La campaña de invierno implica garantizar el abastecimiento de alimentos, combustible, medicamentos y equipamiento antes de que las condiciones meteorológicas dificulten o impidan el acceso a la base. Durante varios meses, las dotaciones deben operar con recursos previamente planificados y afrontar temperaturas que pueden descender muy por debajo de los 20 grados bajo cero.

Además de las tareas logísticas, en Base Esperanza se desarrollan investigaciones científicas vinculadas a disciplinas como meteorología, glaciología, biología y estudios ambientales. Estos trabajos forman parte del aporte argentino al conocimiento del ecosistema antártico y al monitoreo de fenómenos asociados al cambio climático.

Por otro lado, el teniente coronel anticipó cómo se preparan para ver a la Selección en el Mundial 2026.


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08 julio 2026

El mendigo que habita en mí

La vida no nos debe nada. No nacemos con derecho a la felicidad, ni a la salud, ni al amor. Todo lo que recibimos es préstamo, no herencia. El cuerpo, la risa, los amigos, el aire. Y como tal, debemos agradecerlo sin aferrarnos. Porque el verdadero sufrimiento nace del apego a las cosas que creemos nuestras: el prestigio, el dinero, las certezas.
En casa, cuando niño, mi madre solía decir: “No somos pobres”. Y era cierto. Había algo sagrado en aquellos momentos donde todos compartíamos lo poco sin contar lo mucho. Recuerdo cómo se calentaban las tortillas sobre el comal hasta que se inflaban como corazones llenos de vapor. Nos pasaba el primer bocado con una sonrisa que decía: “Esto es suficiente”. Y lo era.
Con los años, he visto cómo las etiquetas sociales nos enredan. Nos miden por lo que producimos, no por lo que somos. Y sin embargo, cuando alguien muere, lo que se recuerda no es el saldo de su cuenta bancaria, sino la forma en que escuchaba, en que miraba, en que hizo sentir a los demás. Todos sabemos que la verdadera riqueza es invisible.
Siempre queda fragancia en la mano que da una flor, al igual que en cada persona que comparte presencia, apoyo y consideración hacia sus semejantes, sin esperar recompensa. En la señora que da su tiempo para cuidar al hijo de la vecina. En el joven que cede su asiento sin mirar el aplauso. En la madre que, con lo justo, siempre guarda la mejor parte del guisado para sus hijos. En mí, cuando dejo de pensar en lo que me falta, me entrego —sin cálculo— a lo que tengo y lo comparto con otros.
Me gusta pensar que no existe otra riqueza que la vida, que se vuelve inconmensurable en el placer de dar y en el disfrute de cada detalle. Ante la belleza de un amanecer, ante el perdón sincero, ante un abrazo que salva. En aprender a vivir con más ligereza, con más gratitud, con menos miedo.
No, no hay benefactor alguno. Ni el Estado, ni el mercado de valores, ni el patrón, ni la suerte. La vida misma es el donador silente. Y nosotros, apenas administradores breves de sus dones. Por eso, cuando me preparo café por la mañana y lo huelo como si fuera incienso, entiendo que ahí también se manifiesta la riqueza. En la pausa. En el momento no urgido. En la gratitud sin motivo.
Sólo el que se reconoce mendigo puede ofrecer desde la verdad. Y sólo quien da sin poseer, posee de verdad.

Erik Silva.


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