29 octubre 2026

El combate de San Jacinto

El combate de San Jacinto, la historia detrás de la batalla que fortaleció al cacique Calfucurá y puso en jaque a Buenos Aires
Mientras el país buscaba organizarse tras Caseros, la frontera ardía: el cacique Calfucurá imponía su poder frente a las tropas de Buenos Aires en el desierto pampeano
El cacique mapuche Calfucurá, conocido como
el “Napoleón del Desierto”, fue el líder más
poderoso de la Pampa en el siglo XIX

El 29 de Octubre de 1855 se produjo el combate de San Jacinto, uno de los enfrentamientos más intensos y ásperos de la lucha contra los aborígenes y de la Conquista del Desierto. El combate tuvo lugar cerca de la actual localidad de Loma Negra, en el partido de Olavarría, provincia de Buenos Aires. En 1855, la frontera interna sur con el aborigen se apoyaba en una línea militar que corría por el sur de las provincias de Mendoza, San Luis, Córdoba y Santa Fe, pasando por el norte, oeste, centro, sur y costa sur de la provincia de Buenos Aires, hasta Bahía Blanca y Carmen de Patagones.

Diversos pueblos aborígenes mantenían inestables relaciones con los gobiernos y con las autoridades de las fronteras internas. Para asegurar la tranquilidad y la paz en dichas fronteras y en las provincias, se aplicaba, desde hacía tiempo, una política de abastecimiento y racionamiento a los aborígenes, denominada “negocio pacífico”, que se concretaba a través de diversos tratados que no garantizaban una pacífica convivencia, y por los cuales se entregaban a los caciques diversos artículos y productos a cambio de no atacar ni invadir aquellos territorios. Ello provocaba una situación de verdadera humillación y extorsión hacia los gobiernos de la época.

El 3 de Febrero de 1852 cayó el régimen de Juan Manuel de Rosas (1835-1852) con su derrota en la Batalla de Caseros. El 31 de Mayo de 1852 Justo José de Urquiza, nuevo hombre de fuerte de la Confederación Argentina, concretó el Acuerdo de San Nicolás para convocar un congreso, aprobar una constitución nacional e iniciar la organización nacional.
La Batalla de Caseros, librada el
3 de Febrero de 1852, marcó el fin del
régimen de Juan Manuel de Rosas y abrió
el camino hacia la organización nacional

Para no ver disminuida su influencia, la provincia de Buenos Aires rechazó el Acuerdo de San Nicolás. Las relaciones entre la Confederación Argentina y la provincia Buenos Aires se hicieron cada vez más difíciles, y el 11 de Septiembre de 1852 Buenos Aires se levantó contra Urquiza, lo que provocó la secesión y formación del Estado de Buenos Aires y el inicio de una nueva guerra civil.

A mediados de 1853 finalizaron las hostilidades, se aprobó la Constitución Nacional (1853) y Justo José de Urquiza fue elegido presidente de la Confederación Argentina (1854-1860). El Estado de Buenos Aires y la Confederación Argentina permanecieron separados, conviviendo en tensa e inestable paz.

Respecto a las relaciones con el mundo aborigen, Rosas había logrado cierta estabilidad en las fronteras de la Confederación Argentina y una relativa paz con los líderes aborígenes, por medio de los diversos y complejos tratados del “negocio pacífico”. Luego de su caída, y con la inmediata guerra civil entre el Estado de Buenos Aires y la Confederación Argentina, los aborígenes aprovecharon ese conflicto para olvidar los tratados y continuar sus incursiones sobre fronteras y provincias, especialmente contra Buenos Aires.

Los aborígenes atravesaban constantemente las líneas militares y atacaban estancias y poblaciones para apoderarse de ganado, capturar personas y efectuar todo tipo de saqueos. Dichas acciones desprestigiaban y humillaban a los gobiernos, debilitaban la defensa fronteriza, afectaban la integridad territorial, perjudicaban el progreso económico, dificultaban la ocupación y colonización del territorio y retrasaban la organización nacional. El general Bartolomé Mitre advertiría que el problema aborigen se solucionaría recién en 300 años, es decir, bien avanzado el siglo XXII...

A través de caminos bien definidos (rastrilladas), los aborígenes llevaban el ganado robado desde la provincia de Buenos Aires hacia Chile, donde era vendido o intercambiado por diversos artículos; justamente, la principal y más famosa rastrillada era aquella conocida como el Camino de los Chilenos.
El sello del cacique, amo y señor de
las Salinas Grandes

El cacique más poderoso de aquellos años fue el mapuche Calfucurá (“Piedra Azul”), nacido en Chile, quien desde 1834 se hallaba instalado en nuestras tierras. Se estableció en Salinas Grandes (Füta Chadiwe), en la actual provincia de La Pampa, y fijó su residencia y cuartel general en Chilihué.

Calfucurá se convirtió en el principal cacique de los diversos grupos aborígenes de la dilatada región pampeana. Formó una extensa Confederación, con centro en Chilihué, compuesta por mapuches, ranqueles, pampas, salineros y otros pueblos más, de la cual fue líder indiscutido. Su prestigio ganó adhesión hasta entre los mapuches de Chile.

Se destacó por su astucia política, habilidad diplomática y pragmatismo en las vinculaciones con los gobiernos y con las autoridades de las fronteras internas. Ello le permitió obtener beneficiosos tratados y mantener iniciativa y gran libertad de acción en sus relaciones con blancos y cristianos (huincas).

Conocía al detalle el extenso territorio pampeano sometido a su influencia, especialmente las rastrilladas que comunicaban la provincia de Buenos Aires y Chile. La base de su poder fue el triángulo estratégico Salinas Grandes (centro político y militar, nudo de comunicaciones y área de valor económico por sus salinas); Carhué (zona de pastos para alimentar caballos y ganado) y Choele Choel (paso clave de la rastrillada hacia Chile sobre el Río Negro).

Talentoso y hábil conductor en la guerra, fue conocido como el “Napoleón del Desierto” o “de las Pampas”. Adaptó la organización militar huinca al mundo aborigen, y apoyó su poder en la movilidad de la caballería y en sus numerosos guerreros de lanza. En sus combates, buscaba imponer el poder de su caballería a través de una táctica móvil, evasiva y desgastante, en orden y despliegue circular, la cual complementaba con efectivas acciones de guerrilla multiplicadas en constantes y oportunas escaramuzas. Se le atribuía la posesión de una poderosa piedra talismán de color azul que lo hacía invencible en el campo de batalla, que representaba a Cherüfe, una de las divinidades mapuches.

Muy atento a los diversos conflictos de la época, Calfucurá aprovechó las desinteligencias políticas de los gobiernos y los forzó a firmar tratados de paz, a la vez que continuó con sus invasiones (con o sin tratados de por medio), especialmente sobre la provincia de Buenos Aires, abundante en ganado, pastos y aguadas.
Urquiza buscó organizar el país tras la caída de
Rosas y mantuvo una compleja alianza con el
poderoso cacique Calfucurá

Calfucurá consolidó su poder sobre la Confederación de Salinas Grandes y se convirtió en el auténtico amo y señor del vasto desierto de las pampas entre 1835 y 1873. Tal fue su influencia, que se constituyó en aliado del mismísimo presidente de la Confederación Argentina Justo José de Urquiza, ya que ambos poseían un adversario en común: la provincia (luego Estado) de Buenos Aires.

El Estado de Buenos Aires continuó, con poco éxito, la política de abastecimiento, racionamiento y “negocio pacífico” de la época de Rosas. Las relaciones fueron inestables y difíciles, y se concretaron tratados de dudosa confiabilidad con los caciques pampas Catriel y Cachul.

A principios de 1855, Calfucurá organizó una importante invasión sobre la provincia de Buenos Aires, para lo cual reunió 5000 aborígenes, a la vez que contó con el apoyo de los caciques pampas Catriel y Cachul, dudosos aliados de Buenos Aires. El gran líder de la Confederación de Salinas Grandes y sus aliados arrasaron y devastaron especialmente el partido de Azul, donde sus fuerzas se apoderaron de numeroso ganado (60.000 animales), se llevaron 150 personas cautivas y asesinaron a 300 pobladores.

La respuesta militar del Estado de Buenos Aires no se hizo esperar, pero sus fuerzas, comandadas por el ministro de guerra y marina coronel Bartolomé Mitre y el coronel Laureano Díaz, fueron derrotadas por Catriel y Cachul en la campaña de Sierra Chica (30 y 31 de Mayo de 1855). Poco después, el 13 de Septiembre de 1855, una fuerza aborigen que respondía a Calfucurá masacró al teniente coronel Nicanor Otamendi y a su tropa de 124 soldados en la estancia San Antonio de Iraola.

Una nueva represalia estuvo a cargo del general Manuel Hornos. Nacido en Entre Ríos en 1807, era un veterano y valiente soldado de origen unitario, con una importante trayectoria y experiencia militar forjada en las guerras contra el régimen de Rosas (1835-1852) y contra la Confederación Argentina (1852-1853). Se halló en la batalla de Caseros (3 de Febrero de 1852) y en los combates por la defensa de la ciudad de Buenos Aires durante el sitio de las fuerzas de la Confederación (1 de Diciembre de 1852-20 de Junio de 1853). Ya al servicio del Estado de Buenos Aires, en 1855 el general Hornos fue destinado a Azul y Tapalqué como jefe del Ejército de Operaciones de la Frontera.

Hacia las cinco de la mañana del 29 de Octubre de 1855, una fuerza aborigen de Calfucurá sorprendió a un grupo avanzado de soldados de Buenos Aires, en las inmediaciones del pueblo y fuerte de Tapalqué Nuevo, y le arrebató los 1000 caballos que custodiaban.

La respuesta fue inmediata: el general Manuel Hornos formó una fuerza de 1000 hombres de caballería, entre 230 y 280 infantes y 2 piezas de artillería, y a unos 10 kilómetros de Tapalqué Nuevo encontró a una fuerza de entre 2500 y 3000 aborígenes conducidos por Calfucurá (venían “los indios chilenos”, según el diario La Tribuna), que ocupaba astutamente un terreno muy próximo a un extenso bañado.
El lugar histórico del combate de San Jacinto
se ubica a la vera del arroyito San Jacinto,
en el partido de Olavarría

La zona donde habría de producirse el combate de San Jacinto está hoy delimitada por el arroyito San Jacinto, la Ruta Provincial 51, las instalaciones de Vialidad de la provincia de Buenos Aires y por la cercana localidad de Loma Negra, en el partido de Olavarría.

El general Hornos organizó sus fuerzas de la siguiente manera: ala derecha formada por el Regimiento de Caballería de Línea Coraceros, milicias de Azul y aborígenes aliados del cacique Maicá; ala izquierda constituida por los regimientos milicianos 1 y 2; y centro, a modo de reserva, con el Escuadrón de Húsares, el Batallón de Infantería 2 de Línea y las dos piezas de artillería. El general Hornos asumió el mando del ala izquierda, mientras que el coronel Manuel Antonio Ocampo dirigió el ala derecha.

El combate de San Jacinto se inició con una serie de cargas de caballería del Regimiento de Coraceros, que provocaron importantes bajas entre los aborígenes. Esas cargas fueron conducidas personalmente por el coronel Ocampo, quien se destacó por su arrojo y valentía. Según el parte oficial del general Hornos, ese ataque “se realizó con una bizarría digna de todo elogio. Su carga decidida triunfó sobre los enemigos que tenía a su frente”. En esos ataques también participaron las milicias de Azul y la fuerza aborigen aliada del cacique Maicá. Luego de tres cargas sucesivas y exitosas, dichas fuerzas se detuvieron “al ver al ala izquierda en derrota, o, mejor dicho, cuando miraron hacia la izquierda y no vieron más que indios”, tal el relato de un poblador local.

Efectivamente, en simultáneo con aquellas victoriosas acciones, las fuerzas milicianas que respondían al general Hornos se desorganizaron al momento de comenzar el combate. Esto fue aprovechado por los aborígenes para ejecutar una perfecta y rápida maniobra envolvente que permitió rodear y hostilizar desde distintas direcciones a esas inexpertas tropas, las cuales, totalmente desmoralizadas, huyeron en desbandada del campo de batalla, pese a los desesperados esfuerzos del general Hornos y de sus jefes y oficiales para contenerlas y mantenerlas unidas. La dispersión de las milicias arrastró igualmente al Escuadrón de Húsares, que también fue víctima de la mortífera táctica envolvente de la caballería de Calfucurá.

La infantería y artillería no tuvieron oportunidad de hacer fuego, porque, ante las fuertes y exitosas cargas de los coraceros, los aborígenes que eran arrollados se retiraban a gran distancia de aquellas fuerzas; realizada esta maniobra, se reorganizaban y esperaban el momento oportuno para contraatacar: así lo hicieron cuando, viendo el caos entre las milicias, aprovecharon astutamente para envolver y derrotar a esas tropas. La Tribuna informó que “cuando las milicias empezaron a dispersarse recobraron ánimo los indios y cargaron nuestra ala izquierda; es ahí donde hemos sufrido las mayores pérdidas”.

En aquel momento tan crítico del combate, cuando las milicias se dispersaban al ser envueltas por los aborígenes, corrió serio peligro la vida del mismísimo general Hornos, quien, según un poblador de la zona, “se vio tan comprometido que tuvo que lancear los indios que se acercaban demasiado”.

La caída del ala izquierda desarticuló y derrumbó el dispositivo militar del Ejército de Buenos Aires, lo que obligó al general Hornos a ordenar la retirada hacia Tapalqué Nuevo, a donde llegó hacia las cinco de la tarde.

En su parte oficial, al no ser posible reunir a las milicias y al Escuadrón de Húsares, el general Hornos informó: “ordené la retirada del Regimiento de Coraceros, la que se efectuó en medio de un número considerable de indios que lo rodeaban, con el mayor orden y sin perder un solo hombre en este peligroso movimiento hasta apoyarse en el Batallón 2, que no había tenido ocasión de entrar en pelea por haber permanecido los indios siempre a respetable distancia de él”; en este pasaje, se muestra la astucia y flexibilidad de Calfucurá de retirar y poner a resguardo a sus fuerzas para lanzarlas de nuevo al ataque en el momento exacto.

Según el general Hornos, sus fuerzas tuvieron entre 50 y 60 bajas, contando muertos y heridos (incluidos un jefe y cinco oficiales), especialmente entre las tropas milicianas, mientras que del lado aborigen registró en su informe 100 hombres entre muertos y heridos.

Luego del combate, los aborígenes quemaron algunos ranchos de la incipiente población de Tapalqué Nuevo, cuyas sufridas familias finalmente se retiraron llevando todas sus pertenencias. A las 9 de la noche del mismo día, el general Hornos se dirigió con sus tropas a proteger el pueblo de Azul, ante la amenaza de un ataque aborigen.

El combate se desarrolló durante gran parte de la jornada del 29 de Octubre y culminó hacia las 5 de la tarde. Un soldado que luchó allí señaló: “hoy hemos peleado todo el día”, tal lo registrado por La Tribuna.

Un habitante de la campaña destacó que, en el combate de San Jacinto, “es la primera vez que los indios han dado con una fuerza tan considerable, y convengo con lo que he oído al general Hornos, y es que si nuestras milicias no se hubieran portado tan cobardemente los indios se habrían llevado una buena lección”.

Según La Tribuna, San Jacinto fue un combate de “estocada por cornada”, es decir, un enfrentamiento en el cual las fuerzas atacadas eran capaces de asestar golpes punzantes y hasta letales a las fuerzas que cargaban sobre ellas. Por otra parte, destacó la actuación del general Hornos, quien no dudó en enfrentar a una horda aborigen numéricamente superior, y hasta obtener ciertas ventajas en el campo de batalla. Si bien no menciona un resultado concreto y contundente, resalta la gran resistencia que encontraron los aborígenes de Calfucurá en su ataque del 29 de Octubre a Tapalqué Nuevo.

También se señaló la importancia de contar en esos combates con tropas veteranas del Ejército de Línea (como el Regimiento de Coraceros), a la vez que se comentó el inconveniente de incluir fuerzas milicianas; respecto a éstas últimas, La Tribuna observó sus serias limitaciones en cuanto a instrucción, disciplina y espíritu combativo, y que “según nos lo ha enseñado la experiencia de los últimos sucesos, o se desbandan antes de llegar al campo de batalla, o lo que es más desmoralizador todavía, dan vueltas las espaldas al oír los alaridos del salvaje”, por lo que la solución para ello podría ser distribuir milicianos entre las unidades veteranas del Ejército de Línea.

Si bien el general Hornos obtuvo ciertas ventajas, no pudo imponerse de manera contundente en el campo de batalla y debió retirarse ante la dispersión de las milicias y el desmoronamiento de su dispositivo militar. Calfucurá, pese a las bajas sufridas ante las cargas de la caballería veterana de Buenos Aires, mostró astucia y fino sentido de la oportunidad para responder con “estocada por cornada” y con su mortífera táctica móvil, envolvente, desgastante y evasiva, logrando la retirada de las fuerzas del general Hornos y mantener su estructura combativa y su prestigio militar.

En carta a su aliado el presidente de la Confederación Justo José de Urquiza, Calfucurá criticó al gobernador del Estado de Buenos Aires Pastor Obligado por sacrificar vidas inútilmente, al recurrir a milicias inexpertas para luchar contra el aborigen: “ese pícaro Obligado los obliga a los pobres a servir a la fuerza, a pelear contra los indios”.

Tiempo después, el cacique Calfucurá y el general Manuel Hornos, mantuvieron una interesante correspondencia, donde hicieron gala de su firmeza, astucia, flexibilidad, pragmatismo y hasta de sus sinceros sentimientos mutuos de respeto y admiración.

En una de sus cartas, Calfucurá se refiere reiteradamente al bravo general Hornos como su “amigo”, aunque combina la continuación de la guerra con su buena voluntad para la paz: “si quiere pelear tengo ocho jefes principales para hacer la guerra. Y si quiere que tratemos de buena fe de amistad, seremos a la fe de Dios, mande su corazón y una fe de amigo”.

Por su parte, el general Hornos se expresa en un tono similar: “tenemos aún bastantes soldados para defendernos y para hacerlos pedazos. Y te hemos de volver a pelear cien veces porque no le tengo miedo a nadie. Pero si el amigo Calfucurá quiere de buena fe hacer tratados en que podamos darnos la mano de amigos, tenemos el mejor deseo de que esto suceda. Por eso verás los deseos que tengo de ser amigo del indio más guapo y de más talento que tiene la Pampa, y que podrás ser mucho siendo amigo del gobierno de Buenos Aires. Piénsalo bien, y decídete de buena fe para que podamos entrar en arreglos y si preferís la guerra a la paz, podés venirnos a pelear cuando gustes, porque aquí está el que, aunque desea ser tu amigo, nunca ha estado acostumbrado a sacar el cuerpo a los que lo buscan para pelearlo”.
Por décadas, Juan Calfucurá fue el terror de
las pampas, por sus malones y por su habilidad
para combatir a las tropas regulares

Calfucurá continuó atacando fronteras y territorios del Estado de Buenos Aires, cuyos gobiernos debieron ceder ante las pretensiones de aquel destacado cacique y soportar el retroceso de la línea de fronteras con el aborigen. Lo mismo sucederá con los gobiernos nacionales a partir de 1862, con la República Argentina ya unificada.

Luego de San Jacinto, nuestros gobiernos realizaron diversas campañas contra Calfucurá y su Confederación de Salinas Grandes, pero todas fueron derrotadas. Será necesario esperar recién hasta 1872, cuando, en el combate de San Carlos, se produzca un punto de inflexión en las difíciles relaciones con el mundo aborigen y en el complejo proceso de la Conquista del Desierto.


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28 octubre 2026

Historia de un desembarco secreto en Malvinas - Teorias Falopa Argentinas X

El 28 de Octubre de 1966, 12 argentinos pisaban las costas de la Isla Soledad concretando una de las misiones mas secretas de la Armada, ese día se producía el desembarco secreto en Malvinas.

El submarino «ARA Santiago del Estero» se encontraba junto a la mayor parte de la flota Argentina en aguas cercanas a la Península Valdés haciendo los rutinarios ejercicios anuales, este viejo submarino de fabricación estadounidense que circulaba con 85 tripulantes a bordo, a su mando se encontraban el capitán de fragata Horacio González Llanos y el capitán de corbeta Juan José Lombardo. Cuando toda la flota emprende el regreso a la Base Mar del Plata, Llanos y Lombardo reciben una orden secreta del almirante Benigno Ignacio Varela, jefe de la Armada Argentina en 1966 de tomar rumbo hacia las Islas Malvinas para buscar y mapear posibles zonas para virtuales desembarcos.

A excepción de Llanos, Lombardo y otros 2 oficiales, el resto de la tripulación desconocía que su rumbo no era Mar del Plata.
El 28 de Octubre de 1966, el ARA Santiago del Estero se encontraba frente a las costas de la Isla Soledad a solo 40 Km de Puerto Stanley. Debido al incidente de Septiembre de 1966 con la frustrada incursión aérea civil llamada «Operación Cóndor», se esperaba algún tipo de patrullaje costero por parte de la defensa británica, sin embargo la zona parecía desierta. Llanos y Lombardo se pusieron al frente de 2 botes con 6 tripulantes cada uno para buscar zonas aptas para lanchas de desembarco, el primer intento fue frustrante, ambos botes se perdieron y obligaron al submarino a navegación de superficie hasta dar con ellos. Una segunda incursión parecía funcionar de maravillas hasta que ocurrió algo inesperado y que no había sido considerado, el ser descubiertos por un civil.

Cuando los 12 hombres se encontraban en la playa se dieron cuenta que un campesino los observaba desde un pequeño risco. Rápidamente salieron en su búsqueda, lo capturaron y ataron mientras decidían que hacer con él, si bien no parecía entender que estaba pasando decidieron no correr riesgos, pero matarlo era demasiado castigo, allí surgió una idea que si bien parecía descabellada y absurda, fue la mejor opción.

Fueron al submarino a buscar la botella de whisky del camarote del capitán y obligaron al Kelper a bebérsela, este fue abandonado casi desmayado en el lugar donde fue descubierto y rápidamente se abortó la misión.

El ARA Santiago del Estero emprendió su regreso, desde Buenos Aires se los obligó a tomar el compromiso de no relatar este suceso ni siquiera a sus familias, al parecer el Kelper no contó lo sucedido o nunca le creyeron.

Este secreto permaneció como tal hasta que 30 años después del hecho, el propio Lombardo lo hizo público.
En 1982, el propio Lombardo fue el encargado de diseñar el desembarco de la «Operación Rosario» que el 2 de Abril se coronó con el desembarco de las fuerzas argentinas en Malvinas, la playa mapeada no fue utilizada.

Por Fernando Caminoa Lizarralde


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27 octubre 2026

Fuente fría de Neutrones

Estudiantes del Instituto Balseiro ensayan una Fuente fría de Neutrones

Por primera vez en la Argentina, estudiantes del Instituto Balseiro (IB) llevaron a cabo un desarrollo académico inédito: la implementación de una fuente fría de neutrones en el reactor RA-6 de la CNEA. Hasta el momento, estos trabajos se limitaban a simulaciones computacionales; esta iniciativa, en cambio, permitió obtener una validación experimental mediante ensayos prácticos concretos.

Las pruebas realizadas en el RA-6 arrojaron resultados muy favorables. Este avance no solo representa un salto cualitativo en la formación de los futuros ingenieros nucleares, sino que también despierta gran interés en el sector, dado que podría convertirse en la primera fuente fría de neutrones del país con fines exclusivamente académicos y experimentales.

El proyecto acerca a los estudiantes a tecnologías clave que serán implementadas en el reactor RA-10, cuyo desarrollo avanza paralelamente. De hecho, recientemente se incorporó la caja fría en el RA-10, un componente esencial para su futura fuente de neutrones. Donde los neutrones serán enfriados con deuterio líquido y transportados mediante guías especiales hacia el Laboratorio Argentino de Haces de Neutrones (LAHN), donde se utilizarán en aplicaciones científicas y tecnológicas de punta.

El éxito del proyecto es fruto del trabajo colaborativo entre alumnos, docentes y técnicos del IB, quienes, con creatividad y un eficiente aprovechamiento de los recursos, lograron construir y operar el dispositivo. Este hito refleja el excelente nivel de capacitación y la capacidad de innovación que distingue a nuestros institutos académicos.


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26 octubre 2026

Trabajo en equipo

Los gansos vuelan formando una "V" porque cuando cada pájaro bate sus alas, produce un movimiento en el aire que ayuda al ganso que va detrás de él. Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso toma su lugar. Los gansos que van detrás producen un sonido propio, y hacen esto con frecuencia para motivar a los que van adelante a mantener la velocidad. Cuando un ganso enferma, dos de sus compañeros se salen de la formación y lo siguen para ayudar y protegerlo. Se quedan con él hasta que esté nuevamente en condiciones de volar o hasta que muere. La vida no se trata de sobresalir individualmente, sino de trabajar en equipo.

La naturaleza nos demuestra que el individualismo extremo es ineficiente. Los gansos entienden perfectamente que para llegar lejos, se necesita del otro, compartiendo el esfuerzo, alentando desde atrás y no dejando a nadie abandonado en el camino. Es, sin duda, una de las mejores lecciones de solidaridad que podemos aplicar en nuestras vidas, familias y equipos de trabajo.


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25 octubre 2026

El Avión de Combate Liviano ACL 1180 - Aviones argentinos XVI

Jorge Cleva - nacido el 26 de Junio de 1950 en Villa Carlos Paz, Córdoba - es un diseñador y constructor de aeronaves livianas totalmente autodidacta que, sin formación académica de ninguna índole, se convirtió en uno de los constructores más prolíficos de Argentina, solo superado en cantidad de aeronaves fabricadas por los tres grandes de la industria aeronáutica nacional, La Fábrica Militar de Aviones, Chincul y Aero Boero.

A lo largo de su vida diseño y construyo unas 145 alas para aladeltismo, unos 70 trikes, 8 aeronaves experimentales, 51 ULM (Ultralivianos Motorizados), 800 velas náuticas para tablas de Windsurf y 6 velas náuticas para catamaranes.

EL ACL 1180
Uno de los proyectos más extraños encarados por Jorge Cleva fue el ACL 1180. La sigla corresponde a “Avión de Combate Liviano”, el número 1 a un tripulante y 180 a la potencia instalada en conjunto de sus dos motores del orden de 180 hp.

Se origino a fines de 1989, cuando ya había asumido el gobierno del doctor Carlos Saúl Menem. Conociendo los proyectos hechos para Quimar, un amigo de Cleva, Normando Astronave, le pidió en forma un tanto críptica, una carpeta con sus antecedentes aeronáuticos y empresarios. Esta llego a manos de Ricardo Caletti, dueño de una empresa llamada MISA (Marketing Internacional Sociedad Anónima) dedicado al negocio internacional de las armas.

Luego de un par de reuniones, Caletti le encargo formalmente a Cleva el diseño de un avión caza tanques de muy bajo costo para un país de medio Oriente, que resultó ser Irak, liderado en ese entonces por Saddam Hussein, y que hacía casi un año había terminado su larga y cruenta guerra contra su vecino Irán.

El ACL 1180 fue diseñado en Alta Gracia, Córdoba, con la ayuda técnica del Ingeniero Aeronáutico Juan Francisco Coll.

El ACL 1180 era un monoplaza de ala alta y tren de aterrizaje triciclo retráctil, propulsado por dos motores rotativos tipo Wankel marca Norton Aerotor 90 P64 de unos 90 hp cada uno, caracterizados por su reducido peso, dimensiones compactas y bajo consumo. Su estructura sería íntegramente construida con materiales compuestos, con amplio uso de Kevlar como blindaje.

Las prestaciones del ACL 1180 serían similares a las del avión COIN FMA IA-58A Pucará, con un alcance de 600 kilómetros y la posibilidad de aumentarlo con tanques de combustible suplementarios lanzables. El armamento previsto inicialmente era de cuatro misiles aire-superficie y dos ametralladoras calibre 12,7 mm, y el avión llevaría un paracaídas balístico para su recuperación y la del piloto en caso de daños en batalla.

La característica más importante solicitada por el eventual comprador era que el avión debía ser de pequeño tamaño y con un bajo costo de producción, operación y mantenimiento, requerimientos que fueron respetados en su totalidad, con un diseño innovador y equilibrado. Para mejorar la economía del proyecto, el diseño era modular, con la estructura y los sistemas agrupados en conjuntos fácilmente desmontables, y se trabajó mucho en la intercambiabilidad de los módulos y en la simplicidad del conjunto.

Del ACL 1180 se iban a construir tres prototipos monoplazas (uno de ellos se usaría para los ensayos estáticos) más un prototipo biplaza para la versión de entrenamiento y la eventual producción sería en FAMA (Fábrica Argentina de Materiales Aeroespaciales), la antigua FMA (Fábrica Militar de Aviones) actualmente conocida como FAdeA (Fábrica Argentina de Aviones).

A principios de 1990 se le entrego a la MISA el presupuesto para llevar adelante el proyecto. Luego de asistir a un par de reuniones de muy alto nivel, Jorge Cleva cayó en la cuenta de que se había metido en serios problemas, pues ahora se hablaba de que el proyecto iba a ponerse en marcha en Bagdad. Luego de un par de reuniones adicionales, salió elegantemente de este proyecto debido a que los compradores exigían que los prototipos se entregaran en menos de un año mientras que Cleva con los medios materiales con los que contaba no podía hacerlo en menos de dos años, así que finalmente el proyecto se canceló debido a la imposibilidad de cumplir con los plazos estipulados.

Característica Técnicas del ACL 1180
  • Envergadura 7,50 m
  • Longitud 5,10 m
  • Altura 2,20 m
  • Superficie alar 6,25 m2.
  • Pesos: vacío 320 Kg; máximo al despegue 600 Kg.
  • Velocidad de crucero 329 Km/h
  • Velocidad máxima 400 Km/h
  • Velocidad de perdida 104 Km/h
  • Distancia de despegue 115 m
  • Techo de servicio 3.800 m
  • Autonomía 3.5 hs
  • Velocidad ascensional 800 m/min.
  • Configuración táctica: 4 misiles aire-superficie y dos ametralladoras calibre 12,7 mm
  • Planta motriz: dos motores Norton Aerotor 90 P64 de 90 hp cada uno con hélices tractoras tripalas de carbono con paso variable.
Fuente:
"¡Tener alas! Las alas de Jorge Cleva", por Francisco Halbritter
Web: ACL1180 - 1993 


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24 octubre 2026

Desbloqueo de iPhone remoto a 8 metros

Las largas épocas de paz fomentan ciertas ilusiones ópticas. Una de ellas es la creencia de que la inviolabilidad del hogar se basa en la Constitución, está garantizada por ella. En realidad, se basa en el padre de familia que se planta en el umbral de su puerta, rodeado de sus hijos, con el hacha en la mano.
Ernst Jünger
Un documento confidencial de Cellebrite, filtrado y analizado por el investigador del blog justin.sh, describe el producto Advanced Unlocks (AU).

Ofrece acceso AFU a los iPhone de la serie 11 a la 16 en iOS 26 hasta al menos 26.4+. Se presenta como un vector AFU de próxima generación más resistente a los cambios del sistema de Apple.

El producto utiliza un aparato dedicado con un alcance de unos 8 metros y funciona incluso con Stolen Device Protection activada. No funciona en la serie 17, Air, ni posteriores actualmente. El análisis de apunta a una vulnerabilidad en el "bluetooth stack" (protocolo L2CAP), que permite el procesamiento de paquetes de señalización antes del emparejamiento y sin interacción del usuario.

La cadena hipotética consiste en el envío de paquetes elaborados por el aire, la explotación de un use-after-free en el demonio bluetoothd, la escalada al kernel y, finalmente, el acceso a archivos, la exposición de claves de cifrado y la extracción de la imagen vía USB sin necesidad de descifrar el código de acceso. Las correcciones introducidas en iOS 26.5 y versiones posteriores, junto con Memory Integrity Enforcement en el iPhone 17, parecen haber cerrado esta vía.

El caso muestra cómo las medidas de endurecimiento de Apple (restricciones USB, reinicios a estado BFU, MIE y parches en Bluetooth) dificultan las herramientas forenses de desbloqueo, y como digo siempre, mantene los equipos actualizados.

Análisis original completo en (inglés):
https://justin.sh/blog/2026/10/cellebrite-advanced-unlocks/


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23 octubre 2026

Los michis y Mark Twain

Para Mark Twain, los gatos no eran solo mascotas. Eran compañía, inspiración… y hasta una especie superior.

«Simplemente no puedo resistirme a un gato —escribió una vez—, sobre todo a uno que ronronea. Son las criaturas más limpias, astutas e inteligentes que conozco, aparte de la chica que amas, claro».

El hombre detrás de Tom Sawyer y Huckleberry Finn llegó a tener hasta 19 gatos al mismo tiempo. Y no eran gatos cualquiera. Se llamaban Apollinaris, Belzebub, Buffalo Bill, Satan, Sour Mash, Zoroaster, Soapy Sal... y Bambino.

Bambino era un gatito negro que pertenecía originalmente a su hija Clara. Cuando desapareció, Twain publicó un anuncio en el New York American, ofreciendo una recompensa y dejando una descripción tan literaria como conmovedora:

> «Grande e intensamente negro; pelaje espeso y aterciopelado; una tenue franja de pelo blanco en el pecho; difícil de encontrar con luz natural».

Decenas de personas aparecieron con gatos que "podían ser Bambino". Pero el verdadero Bambino volvió solo. Como lo hacen los gatos.

Twain no entendía cómo había personas que no los amaban. “Cuando un hombre ama a los gatos, soy su amigo y compañero, sin más presentación”, decía.

En una época donde la crueldad animal era invisible, Twain defendía la ternura, el respeto, la sensibilidad. Y lo hacía con un gato en el regazo.

Porque a veces, el corazón más sabio no necesita hablar.

Solo ronronear.


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