07 mayo 2026

Síndrome del gato solitario

Los gatos que no han tenido suficiente socialización tienden a mostrar conductas asociadas al aislamiento.
Aunque muchos los consideran independientes, los gatos también necesitan compañía y estimulación social para mantener su equilibrio emocional. El llamado síndrome del gato solitario puede afectar su comportamiento y bienestar.

Aunque algunas personas siguen pensando que los gatos son animales independientes, la realidad es que la soledad prolongada puede afectar profundamente su bienestar emocional. Expertos en comportamiento felino advierten sobre un fenómeno conocido como el “síndrome del gato solitario”, que se presenta en felinos que pasan largas horas sin compañía ni estímulos sociales, desarrollando ansiedad, estrés o conductas inusuales.

De acuerdo con el Hospital Veterinario de Especialidad en Gatos Marlovet (https://www.instagram.com/reel/DN9RtLriIq_/), este síndrome se origina cuando el gato no cuenta con suficiente interacción, ya sea con personas u otros animales, especialmente durante sus primeras etapas de vida. “Los gatos necesitan contacto social para fortalecer la confianza y regular sus emociones”, explican desde la institución. La falta de estimulación puede derivar en comportamientos como agresividad, maullidos excesivos o destrucción de objetos, señales que evidencian frustración o aburrimiento.

En sus primeros meses, la socialización cumple un papel determinante. Según el portal especializado Catit (https://www.catit.com/es/temas-destacados/que-es-el-sindrome-del-gatito-solitario-y-como-prevenirlo/), durante las primeras 12 a 14 semanas de vida los gatos aprenden habilidades esenciales de convivencia a través del juego con sus hermanos o su madre. Esa interacción les enseña límites y tolerancia. Sin esas experiencias, el gato puede tener dificultades para controlar su fuerza al jugar o para interactuar de manera equilibrada con otros animales y humanos.

Los felinos que no han tenido suficiente socialización tienden a mostrar conductas asociadas al aislamiento, como dependencia excesiva del tutor, reacciones defensivas o incluso apatía. En algunos casos, los gatos buscan atención constante, mientras que otros se vuelven más temerosos o irritables ante estímulos cotidianos.

¿Cómo prevenir el síndrome del gato solitario?
Los especialistas coinciden en que la mejor forma de prevenir este síndrome es fomentar la socialización temprana o, cuando sea posible, adoptar dos gatitos juntos. No necesariamente deben ser hermanos de la misma camada, pero sí de edades y niveles de energía similares. Esto les permite compartir juegos, aprender límites y desarrollar una compañía estable que reduce el estrés y mejora su comportamiento a largo plazo.

Aunque no existe evidencia científica formal que catalogue el “síndrome del gato solitario” como una enfermedad, múltiples observaciones clínicas respaldan la idea de que los gatos son más felices y equilibrados cuando tienen contacto social constante, ya sea con otro felino, un perro compatible o la compañía activa de su tutor. En palabras de los expertos de Catit, “un compañero animal no solo aporta bienestar emocional, sino también estimulación mental y física”.

En conclusión, reconocer las señales del aislamiento y ofrecer a los gatos un entorno con interacción, juego y compañía puede marcar la diferencia entre una mascota solitaria y una emocionalmente sana. Cuidar de su bienestar no implica solo alimentarla o mantener su salud física, sino también atender sus necesidades afectivas.


Que te diviertas!

06 mayo 2026

La leyenda de los Césares

La Ciudad de los Césares, Ciudad encantada de la Patagonia, Ciudad errante, Trapalanda, Trapananda, Lin Lin o Elelín, es una ciudad mítica de América del Sur ubicada en algún valle cordillerano de la Patagonia.
Esta leyenda surgió en el siglo XVI, durante la conquista española, y describía un paradisíaco paraje patagónico donde se asentaba una ciudad fantástica, repleta de metales preciosos. Sus habitantes poseían grandes riquezas, y las tierras regidas por esta ciudad eran excelentes para la explotación agrícola y ganadera.

Algunas versiones la ubicaban en un claro del bosque, otras en una península, y algunas incluso dicen que estaba en el medio de un gran lago y contaba con un puente levadizo como único acceso. Abundaban en ella el oro y la plata, de la cual estaban forradas las paredes. Algunos dicen que al lado de ella hay dos cerros, uno de diamante y el otro de oro. Los historiadores vieron en esta leyenda un intento de la corona española por impulsar la colonización de las tierras del sur de América.

Una de las grandes preocupaciones de los gobernadores de las Provincias Meridionales de Sudamérica, desde mediados del siglo XVI hasta fines del siglo XVIII, se derivaba de los constantes rumores sobre una región situada en alguna parte ignota de la Patagonia, a que se daba el nombre de la Provincia de los Césares.
"La ciudad de los Césares esta encantada en la
cordillera de los Andes, a la orilla de un gran
lago. El día de Viernes Santo se puede ver,
desde lejos, como brillan las cúpulas de sus
torres y los techos de sus casas, que son
de oro y plata macizos..."

En el lapso indicado, estos rumores asumían las más diversas formas. En el principio, no se hablaba más que de una provincia situada en la Pampa, habitada por un pueblo que tenía grandas riquezas de oro, plata y piedras preciosas. Algunos años después se rumoreaba que dichos habitantes eran Incas que, huyendo del avance de los españoles, se habían establecido en las pampas australes, donde lograron formar un gran reino, con los adelantos de la civilización peruana.
La primera referencia a esta ciudad data de 1528, durante la expedición de Sebastián Gaboto al Río de la Plata. El capitán Francisco César y catorce hombres más partieron a explorar el territorio hacia el oeste, y se especula que llegaron hasta Los Andes o hasta las Sierras de Córdoba. César y seis de sus soldados volvieron tres meses más tarde relatando que habían visto una tierra muy rica que tenía "ovejas del Perú" (llamas) y gran abundancia de joyas y metales preciosos. Durante el siglo XVI se empezó a conocer al lugar con el nombre de lo de César. Cuando las historias comenzaron a hablar de la existencia de una ciudad Inca, sus habitantes empezaron a ser llamados Césares. Su ubicación era incierta y al no encontrarsela, empezó a sugerirse que se hallaba mucho más al sur de la zona en que probablemente estuvo César. Según el investigador Ricardo Latcham, de haber sido las Sierras de Córdoba, tendría explicación la presencia de llamas y de metalurgia, pues en esa zona habitaban los diaguitas y los comechingones, ambos influidos por el Imperio Inca.

Contemporáneamente con la conquista de Chile por Pedro de Valdivia, comenzaron a esparcirse las noticias que los náufragos de la nave capitana de la armada del obispo de Plasencia se hallaban vagando por la Patagonia, tratando infructuosamente de ponerse en contacto con los españoles de Chile o del Río de la Plata.

Por algún tiempo los dos rumores se mantuvieron separados; pero por último se confundieron, formándose una leyenda que hablaba de una grande y rica ciudad fundada por los descendientes de los españoles náufragos en el corazón de la Patagonia. Esta supuesta ciudad se ha llamado la Ciudad de los Césares, y poco a poco se iba rodeando de tales fábulas y misterio que, durante el siglo XVIII, la hizo merecer el nombre de la Ciudad Encantada.

Por más de dos siglos y medio esta leyenda, en una u otra forma, fue comentada y creída. Innumerables expediciones oficiales y particulares fueron organizadas para buscar sus imaginadas riquezas, muchas de ellas patrocinadas por la Corte de España. Gobernadores de las grandes provincias encabezaron algunas del ellas y la autorización real para emprenderlas era considerada como un premio digno de una vida de privaciones y sacrificios pasada en el servicio de Su Majestad.

En aquella época circulaban otras historias de un rico asentamiento en el sur del continente, pues un grupo de mitimaes (colonos incas) se fugó de la zona de Santiago del Estero en 1535 después de fracasar en un intento de rescatar al noble inca Pablo Inga, guía de Diego de Almagro. Se creía que ellos llevaban consigo muchas riquezas y que habían fundado una ciudad Inca en alguna parte del sur de Argentina. Los rumores e informes de indios que decían haber visitado este asentamiento se sucedieron durante el resto del siglo XVI.

Posteriormente, varias expediciones españolas a la zona del estrecho de Magallanes fracasaron y empezaron a circular historias sobre la fundación de ciudades por parte de sus sobrevivientes, sobre todo acerca de la suerte que corrieron los amotinados de la expedición de Simón de Alcazaba y los náufragos de la del Obispo de Plasencia.

El naufragio del Obispo de Plasencia durante la travesía a las Molucas ocurrió en 1540 en el estrecho de Magallanes. Alrededor de 150 personas lograron refugiarse en tierra y se internaron en ella para establecerse hasta que los rescataran. No se tuvo noticias de ellos hasta unos 20 años después, cuando dos de los náufragos lograron llegar a Concepción, en el Reino de Chile, y contaron que otros sobrevivientes habían fundado una ciudad en la Patagonia y que las riquezas de los incas estaban en ella.

Con el paso de los años estas tres historias llegaron a fundirse en una sola, que contenía también elementos fantásticos de la tradición europea. En ella, el poblado de los náufragos españoles tomaba características de la rica ciudad inca y sus habitantes también eran llamados los Césares.

Durante dos siglos y medio, diversas expediciones fueron en su búsqueda, y aunque no la encontraban, enriquecían el contenido de la leyenda.

Mucho se ha escrito sobre este tema, destacándose los relatos del conocido autor Benjamín Vicuña Mackenna y más recientemente de Ciro Bayo.

Estos trabajos son, sin embargo, ensayos literarios y no tienen la exactitud o la investigación critica necesarias para hablar de ellos como trabajos cientificos. Parten de la base de que todo es fabuloso, sin fundamento serio, y miran a la tradición como simple folklore, relacionado con las leyenda de otros países, de ciudades perdidas, como las Siete ciudades de Cíbola, El Dorado, etc.

El Dr. Francisco Fonck era del mismo parecer. Al final de su Viajes de Fray Francisco Menéndez a Nahuelhuapi incluye un apéndice que titula La Leyenda de la Ciudad Encantada de los Césares: su Esencia y Origen, en que supone que sea una sobrevivencia de la leyenda del Santo Grial, tan cantada en la poesía de la Edad Media.
Ciudad de los Césares
Antigua ciudad de Españoles radicados entre
los indios según el Capitán Pinuer y
don Manuel Orejuela.

Carlos Morla Vicuña, en su Estudio Histórico sobre el Descubrimiento y Conquista de la Patagonia, también dedica unas cuantas páginas al aspecto histórico de estas tradiciones. y presenta una nueva documentación que ofrece alguna luz sobre la cuestión. Es indudable que trata el tema desde un punto de vista más crítico que los otros, pero se conforma con reproducir algunos documentos y comentarlos, sin entrar en el fondo mismo del asunto.

Últimamente tuvimos necesidad de registrar los archivos en busca de detalles respecto de los indígenas que habitaban la Pampa y la Patagonia, durante los siglos XVI y XVII, y en nuestras búsquedas encontramos una documentación muy considerable referente a una u otra fase de las diferentes expediciones a esas regiones llevadas a cabo o intentadas durante el dicho periodo.

Un estudio de estos documentos, casi todos los cuales estan inéditos, y un cotejo de lo que hasta ahora se ha escrito sobre la materia, nos han convencido que hay factores de importancia que no se han tornado debidamente en cuenta al tratar de los Césares y que algunos de los datos que se han venido repitiendo por todos los autores son inexactos o erróneamente interpretados.

Hemos llegado a la conclusión de que, en sus origenes, las tradiciones tuvieron un fondo verídico y que las expediciones organizadas durante el siglo XVI y principios del XVII eran justificadas, fundadas en razones practicas y lógicas. Es cierto que más tarde la fantasía dio un colorido a la leyenda que no tuvo al principio y que a medida que avanzaba el tiempo, más y más maravillosas llegaron a ser las relaciones, hasta que asumieron proporciones completamente miticas.

Lo que nos interesa es ver cómo se originó la tradición y en que hecho o hechos descansa.

El origen de la Historia
La historia comienza con la expedición de Sebastián Caboto. Este marino salió de Sevilla el 3 de Abril de 1526, con tres navíos, para dirigirse a las Molucas, por vía del Estrecho de Magallanes, descubierto seis años antes. Por escasez de mantenimientos y otras razones, tuvo que recalar en la Isla de Santa Catalina en la costa de Brasil. Allí encontraron a los sobrevivientes de la expedición de Juan Díaz de Solís, quien fuera muerto por los indios en el Río de la Plata, diez años antes.

Esta gente refería maravillas del interior de aquél país donde habían quedado durante varios años Luego después Caboto perdió una de sus naves, y viendo las dificultades con que tropezaba y considerando imposible llevar a cabo un viaje tan largo y tan aventurado, resolvió quedarse en el Río de la Plata y explorar aquella región. No es del caso relatar las hazañas y exploraciones de esa expedición, sino sólo en lo que se refiere a nuestro tema.

Entre el personal que acompañaba a Caboto había un capitán de toda la confianza del jefe, que se llamaba Francisco César. Después de las primeras exploraciones y cuando Caboto había construido un fuerte que llamó Sancti Spiritus, para servir de base de sus futuras exploraciones, César solicitó y obtuvo permiso para ir en busca de las tierras ricas en oro, plata y minas cuyas noticias había adquirido de la gente de Solís. Con unos pocos compañeros bajo sus órdenes se internó en el país, llevando, según los documentos, una dirección hacia el suroeste, pero que a todas luces debe haber sido hacia el oeste.

La relación más noticiosa de esta expedición es la que da Ruy Díaz de Guzmán. Según esta versión, César y sus compañeros llegaron a la Cordillera de los Andes y a la parte sur halló una provincia fértil, con mucho ganado de la tierra y multitud de gente rica en oro y plata. El cacique era muy atento con César y al despedirse de él le hizo buenos regalos. Los españoles volvieron al fuerte de Sancti Spiritus, el cual hallaron quemado por los indios. Caboto y su gente habían partido. En vista de ésto, y creyendo muerta a toda la compañía, emprendieron viaje hacia el Perú, donde supieron habían llegado los españoles con Francisco Pizarro. Volvieron a los Andes, los que atravesaron y desde una altura divisaron el mar a ambos lados. Siguieron la costa y por Atacama, Lipez y Charcas llegaron inopinadamente al Cuzco, al tiempo que Pizarro tuvo preso a Atahualpa.

Ruy Díaz dice que oyó este relato a Gonzalo Saenz de Garzón, quien conoció en Lima al capitán César.

Ciro Bayo y otros escritores han aceptado esta versión sin criticarla y en ella han basado sus escritos. El autor mencionado dice:"De tan épica excursión, que duró siete años, a través de medio América... vino llamarse Los Césares a los soldados de capitán Francisco y la Conquista de los Césares a su hazañosa expedición".

Por aceptar al pie de la letra esta versión la mayoría de los que han escrito sobre los Césares han supuesto que César y sus compañeros llegaron a la región sudoeste de la Pampa y quizá hasta la Patagonia.

Pero al examinarla un poco se ve que la relación de Ruy Díaz de Guzmán está llena de errores de tanto bulto que es de sorprenderse que la hayan tornado en serio los que en ella han basado sus escritos. Don José Toribio Medina aclaró estos puntos hace veinte años, pero es indudable que Ciro Bayo no conoció dicha obra, ni sometió a un examen crítico los datos que ofrece Ruy Díaz. Medina demuestra con la evidencia de los documentos que publica, la poca fe que se puede poner en la relación de este último. Según sus investigaciones, César debió salir de Sancti Spiritus a mediados o fines de Noviembre de 1528. "En cuanto al número de personas que compusieron la expedición, Caboto dice que por todos serian "obra de quince". De lo que no hay duda es que salieron a hacer el viaje repartidos en tres columnas, una que tomó por los quirandies, otra por los curacuraes y la otra por el río de Curacuraz... ...resulta que César y sus compañeros tomaron de allí directamente al oriente (poniente) y otros el mismo rumbo aunque inclinándose al sur donde habitaban propiamente los quirandies".

El viaje de César no puede haber durado más de dos meses y medio, hallándose de regreso al fuerte en febrero de 1529. Según los cálculos de Medina, Sancti Spiritus fue quemado en Septiembre del mismo año, siete meses después de haber llegado César. Este regresó con siete compañeros, que debe ser el número de los que fueron con el. De la suerte de las otras columnas no han quedado noticias.

Se ignora por dónde anduvo César y respecto de lo que contaron de su viaje, sólo consta por los documentos que "dijeron haber visto grandes riquezas de oro y plata y piedras preciosas".

Siendo exacto este hecho "es necesario suponer que alcanzaron hasta dentro de los limites del imperio de los Incas, atravesando toda la pampa".

Estos son los únicos hechos referentes a la expedición de César, comprobados por los documentos. Según los mismos, Francisco César, gentilhombre se embarcó en Sevilla en la nao capitana de Sebastián Caboto, la Santa Maria de la Concepción. En el año siguiente, en otro documento titulado "Información que hizo Sebastián Caboto para probar las culpas del Capitan Rojas, Martín Méndez y Miguel de Rodas, cuando los desterró en Santa Catalina, Julio de 1526 a Junio de 1528" hay una declaración firmada por Francisco César, a bordo de la Trinidad, fechada el 13 de Febrero de 1527, que comienza: "En la nao Trinidad que agora es capitana, estando surta en la isla de Santa Catalina en el puerto de Gallera a 13 dias del mes de hebrero de mill e quinientos e veinte e siete años antel muy magnifico señor Sebastian Caboto, Capitan General por Su Majestad, etc...y en presencia de mi Martín Ibañez de Urfiquiza, escribano público de dicha armada, etc ... "

En el próximo año figura varias veces en las informaciones de Caboto. A fines de 1528, como hemos visto, emprendió su viaje al interior y en Febrero de 1529 estaba de vuelta en el fuerte de Sancti Spiritus, quedandose con Caboto hasta la vuelta a España de éste en Octubre del mismo año, adonde le acompaño.

Sabemos que estaba en Madrid en 1530, porque en el proceso de Catalina Vasquez y sus hijos contra el capitán Sebastián Caboto, César fue uno de los testigos. En el mismo año dio poder a Antonio Ponce para que le representara ante la Casa de Contratación de Sevilla, en la cobranza de sus sueldos, etc.

César pasó a Venezuela en 1532 con Pedro Heredia, en cuya compañía militó allí hasta que fue preso Heredia por el licenciado Vadillo. Entonces César acompañó a este jefe, como su teniente, para ir en busca del Darien, en cuya jornada pereció a fines de Julio de 1538.

Resulta de estos hechos, todos comprobados por documentos oficiales, que la relación de Ruy Díaz de Guzmán es apócrifa.

La prisión de Atahualpa por Francisco Pizarro tuvo lugar el 16 de Noviembre de 1532 y la ejecución del monarca peruano el 29 de Agosto de 1533. En este tiempo, como consta por las informaciones de Pedro Heredia, César estaba con él en Venezuela.

Al tiempo del viaje de César por la Pampa y su vuelta a Sancti Spiritus en 1529, aun no se había descubierto el Perú, de manera que mal puede haberse llegado al Cuzco, Tampoco puede haberle conocido en Lima Gonzalo Saenz Garzón. Lima se fundó en 1535 y en esa época César estaba en Colombia, no habiendo desamparado los descubrimientos en que estuvieron empeñados Heredia y Vadillo, desde 1532 hasta su muerte ocurrida en 1538. El hecho es que César jamás estuvo en el Perú.

Sin embargo hay una confirmación insospechable del viaje que hizo este capitán al interior de la Pampa. Dice Cieza de León en su Guerra de Chupas que "conocí a Francisco César, quien era capitán en la provincia de Cartajena, que está situada en la costa del Océano, y a Francisco Hogazón, quien era también uno de los primeros conquistadores de aquella provincia (Río de la Plata), y a menudo les he oído hablar y afirmar bajo juramento que vieron mucho tesoro y grandes ganados de los que aquí llamamos ovejas del Perú y que los Indios eran bien vestidos y de buen trato".

Si tenemos en cuenta que el viaje de César, de ida y vuelta, no demoró más de dos meses y medio, y que quedó muchos días con el cacique quien le regaló, es evidente que no pudo haber llegado a la Patagonia ni al Sur de la Pampa, como suponen algunos.

Hay que recordar que andaban a pie y que no pudieron haber recorrido más que un término medio de cinco leguas al día, o sea, probablemente, una distancia en línea recta de unas cien leguas. El fuerte de Sancti Spiritus se fundó en la unión del río Carcaraña con el Paraná donde ahora se halla el pueblo de San Lorenzo, algunas leguas al norte de Rosario. Cien leguas, que en línea recta es el máximum que pueden haber recorrido y desandado en el tiempo en que estuvieron ausentes del fuerte, les llevarían a la Sierra de Córdoba.

Es indudable que deben haber seguido el camino al oeste, porque en ninguna otra dirección pudieron ponerse en contacto con un pueblo que tuviera conocimientos de la metalurgia, mientras que en la vecindad de la Sierra de Córdoba existían tribus que habían recibido influencias de la cultura de los Incas, únicas que pudieron tener objetos de plata y oro. Por estos motivos, parece seguro que la región visitada por el capitán Francisco César y sus compañeros en 1529 no fue otra que la de la Sierra de Córdoba.

Quedan por tanto desvirtuadas las observaciones de Ruy Díaz de Guzmán respecto de este viaje, como igualmente las conclusiones de aquellos escritores que fundaron sus relaciones en dichos detalles.

Ciro Bayo incurre en otro error, bastante común, peroque conviene corregir, ya que estamos en eso. Dice que se llamaron los Césares a los soldados que fueron con dicho capitán, y la Conquista de los Césares a su hazañosa expedición. Esto no es exacto. Durante el siglo XVI, se referian a la incógnita región, que se suponía mucho más al sur, como lo de César, y cuando más tarde se creyó identificar esta tradición con los nuevos rumores de un pueblo rico en oro y plata que habitaba la Pampa del Sur, se acostumbró hablar de dichos moradores con el nombre de los Césares y las expediciones que se organizaban para buscarlos se decían que iban a la Conquista de los Césares.

El segundo paso en el desarrollo de la leyenda comenzó con la expedición de Diego de Almagro en 1535.

Al llegar este capitán al valle llamado Quiriquiri (hoy Santiago del Estero) encontró en él una colonia de mitamaes del Inca, establecida allí para tener en sujeción a los naturales de la provincia. Estos, como vieron que el Inca Paulo venia como prisionero de Almagro, conspiraron para matar a los españoles y libertar su príncipe. En el combate que se siguió las tropas de Almagro hicieron una gran matanza de los indios y se ajustició un número considerable de los prisioneros.

En la Información levantada por el gobernador de Tucumán, Juan Ramírez de Velasco, en Santiago del Estero, durante el año 1589, se halla la declaración de Blas Ponce, que en la parte pertinente reza: "estando en la población y conquista de Londres (1553) este testigo en un valle que se llama el valle vicioso halló un indio muy viejo y ciego en una ranchería, al cual queriendo sacar algunas noticias de la tierra y gente le preguntó este testigo por ellas y le dijo; que a los indios que estuvieron en esta provincia de mitamaes sacando oro y plata para el Inga los mató Almagro y los que quedaron se fueron por este camino real del Inga adelante hacia las espaldas de Chile a poblar con otros capitanes que estaban allá. Si quereis riqueza oro y plata y obejas de la tierra y mucha gente, valla que camino hallareis hasta un balle que se llama Diamante de alli han borrado y desecho el camino porque no bayan los cristianos por ellos siempre cerca de la cordillera que topareis mucha gente poblada naturales de la tierra y ellos os daran noticias y enseñaran alla, que yo estuve siendo más mozo allá que fuy con los yngas cuando huyeron llebando sus obexas y hato cargado y estuve allá tres o cuatro años donde vide que se servían con plata y oro todo en los basos en que comian y bebian y traje de allá algunos mates que me dio, el cacique que me llebó y un cacique deste valle que se dice pilola me los quitó como me a bisto biejo y Ciego y que otros muchos yndios de dicho balle beian como el dicho yndio havia ydo y vuelto a la tierra de los dichos yngas"

El mismo testigo Blas Ponce declaró que además de lo dicho.." tiene este testigo estuvo en el piru en Potosí abra veinte años poco más o menos y hablando con un soldado que se llamaba Pedro clavijo que fue uno de los soldados que entraron en esta gobernación de tucuman con el capitan diego de rroxas que fué el primer descubridor destas provincias el cual salió del piru con yntento de hazer el dicho descubrimiento por la gran noticia de la mucha gente de naturales y rriquezas que avia en la dicha jornada de los césares que descubrió el dicho soldado cesar a donde tenia asi mismo noticia el dicho diego de rrojas que avia los dichos españoles perdidos que estavan alli poblados y que el dicho diego de rroxas avia enbiado gente a descubrir la dicha jornada y tan a mientras le mataron los dichos naturales y se desbarataron sus soldados y capitanes y se bolvieron al piru y no ubo effecto y que el dicho pedro clavijo afirmava a este testigo que hera muy cierta y berdadera la dicha jornada y gran número de gente y rriqueza que avia en ella porque se lo avia dicho a él en secreto y puridad un fulano quiteria, vizcaino, que hera uno de los soldados que llebó consigo el César quando la descubrió por cuyo rrespeto avia benido con el dicho diego de rrojas el dicho pedro clavijo al dicho descubrimiento y para ello se avia movido mucha gente vesinos e hombres muy rricos del piru y que les avia certificado el quitena que estando en la dicha jornada una yndia le avia dicho en lengua del piru como más adelante la tierra adentro hazia la cordillera de Chille avia muchos como ellos poblados y que tenfan paz con sus caciques aunque antes avian tenido mucha guerra y que asi mismo estava certificado de una yndia del piru madre de una hija suya el dicho clavijo de que era berdad lo de la rriqueza y gente del piru questava poblada en la dicha jornada de los Césares de yngas del piru porque yendo esta dicha yndia con el capitan saucedo su amo a Chille con don Diego de almagro el cual llebaba consigo a pablo ynga que era entonces el señor del piru preso para que le enseñara el camino e rriqueza de Chille treynta leguas de la cordillera de Chille en un balle que llaman quiriquiri donde el dicho ynga tenia sus capitanes y poblado más de veinte mill yngas mitimaes los quales como bieron su señor preso en poder de los españoles se determinaron a cercalles y tomalles a mano y les dieron grandes guazavaras en el dicho balle donde el dicho don diego de almagro y su gente mató más de cinco mili yndios y hizo justicia de más de quinientos caciques y principales y que los dichos yndios desbaratados biendo el gran daño y muertes que les avían fecho y que su señor estava preso en poder de los españoles y que poseyan el pira acordaron de despoblar el dicho balle de quiriquiri donde estavan por mitimaes sujetando los naturales de aquella provincia que es la que aora llaman de Londres donde tenían sus minas y hazían sacar oro y plata para el dicho ynga y se fueron en demanda de otro capitán general del ynga que andava poblando y conquistando en lo que aora llaman de cesar y questa gente demás de los naturales de la tierra es la questa allí poblada de do se tiene esta gran noticia de mucho número de gente y rriquezes y la sujetan estos yngas y cerca della están los dichos españoles de que se tiene noticia perdidos u que sujetan alguna parte de los naturales de aquella tierra de que se sirben y tienen para con estos yngas del piru.."

Son numerosísimos ios testimonios del establecimiento de los Incas en la Pampa, cerca de la Cordillera de los Andes, pero la región precisa permanece ignorada.

Ramírez de Velasco para hacer lo más completa su Información, a que hemos hecho referencia, reunió un gran número de testigos que alguna noticia tenían sobre este punto y las más importantes de sus declaraciones las reproducimos más adelante.

Pero, ¿qué habrá de verdad en las declaraciones de los indios que acabamos de citar ¿Sería verdad que se refugiaron en la Pampa, indios peruanos, subditos del Imperio de los Incas?

Aunque no hay pruebas absolutamente contundentes e indiscutibles, evidencia indirecta abunda y es tan concordante que parece seguro que tuviera algún fundamento de verdad.
El maestre de campo Miguel de Olavarría dice que las tropas del Inca después de haber sido derrotadas por los indios chilenos en las orillas del Maule: "así por huir de su furia como por aver tenido noticias de que en este tiempo avian entrado españoles en el Piru y prendido su Rey, es cierto que traspusieron y pasaron la gran cordillera por el rlo de Bulagan que está cerca del dicho rio de Maule y hay opiniones que no vinieron al Piru a causa de estar los españoles apoderados de sus tierras y que esta poblados en lo que llaman los Césares sobre el Mar del Norte"

En el Perú estas noticias eran muy corrientes antes del descubrimiento de Chile y tanto Almagro coma Valdivia tuvieron conccimiento de los rumores acerca de lo de César. La expedición de Diego de Rojas fue organizada con cierta facilidad porque el principal aliciente, tanto a los organizadores como a los aventureros que tomanan parte en ella, fue la esperanza de descubrir la tierra visitada por el capitán César y su compañeros, sobretodo porque entre sus filas contaban con uno de los que habian hecho la jornada y a quien se llamaba Quiteria.

La misma declaración de Blas Ponce, que hemos citado ya, refiere que el Capitán Gregorio de Castañeda, estando en Santiago del Estero tuvo noticias de " un indio que se llamava Joffre que avia venido del rrío de la Plata de un pueblo que se llamava Circonday..., y entre las noticias que dicho yndio le dió .... que años antes que no se acordava él quantos, más su padre se lo avia contado avia estado en su pueblo de Corona poblado un capitán llamado Sebastián Caboto el qual avia hecho un fuerte donde se recogía él y su gente y que este capitán avia otro enviado con gente la tierra adentro hacia buenos Ayres el qual llamiavan fulano César y que éste avia ydo tierra adentro a descubrir y ber lo que avia en ellay avia hallado grandes poblaciones de naturales de gente bestida, con mucho ganado de la tierra e muy rica que poseyan muchos basos y joyas de plata y oro y esmeraldas y que este capitan César avia tornado al dicho fuerte y a sus compañeros con la dicha nueba, los quales se avian embarcado todos juntos e ydo la biuelto del rrio abajo que no savia donde se avran ydo y que avia pocos dias que avian dicho que era yndio destima, principal deldel dicho rrio de la Plata, como hazia la parte donde avia ydo el dicho César a descubrir hera hazia las cordilleras de Chile."

Durante el siglo XVI a nadie le quedaba duda de que César había descubierto algún pueblo de Incas; pero no existía derrotero alguno. Esto es muy fácil de conprender. Ni César ni ninguno de sus compañeros era cosmógrafo. Era un país inexplorado. En aquellos tiempos no se había generalizado el uso de las brújulas en las expediciones terrestres, y, al parecer, no tenían mucha seguridad respecto del rumbo que habían tomado. El hecho es que todos creían que se habían dirigido al suroeste, y creían que los altos cerros de que hablaban, debían haber sido la cordillera de los Andes. Hay que tomar en cuenta que, cuando hizo su viaje César, no se tenia conocimiento de la existencia de 10s Andes y mal pueden haber hablado de ellos. Todavía no se había descubierto ni el Perú ni Chile y todo el interior del continente estaba completamente inexplorado. Recordando estos hechos, es fácil comprender que no podían dar más que datos de los más vagos respecto de la dirección en que habían andado, como igualmente de la distancia recorrida.

Hemos visto que, por el tiempo que demoró el viaje, y por el hecho de haberse encontrado con gente sedentaria, vestida de lana y que poseían objetos de oro y plata, que con toda seguridad habían llegado a la Sierra de Córdoba, o más difícilmente a la provincia de San Juan, por ser ésta la unica dirección en que pudieron encontrar gente de la condición descrita. No es probable que hayan llegado a San Juan, porque la distancia que habrían tenido que recorrer habría sido demasiado grande, porque con las vueltas y desviaciones pasaba de doscientas leguas, y otro tanto de regreso, o sea, un total de cuatrocientas leguas, En exploraciones a pie, en un país desconocido, llena de obstáculos imprevistos es muy difícil que hayan podido andar más de cinco leguas diarias, sobre todo si tomamos en cuenta que tenían que atravesar numerosos ríos, cuyos vados no conocian y en cuyo descubrimiento perderían tiempo. Además, según los rumores que corrían respecto de este viaje, se dice que quedaron numerosos dias como huésped del cacique hospitalario de la tierra donde llegaron a quien a su partida les regaló con objetos de oro y plata.

En aquel tiempo no existían colonias de Incas, ni gente que conocia la metalurgia, más al sur de Tucumán, de manera que los indios con quienes toparon debían haber sido los que estaban en contacto con estas influencias y los más cercanos se hallaban al poniente de la Sierra de Córdoba. Los motivos que después tuvieron los Incas de Tucumán y de Chile para refugiarse en la Pampa, aún no existían, y César y sus compañeros eran los primeros europeos de que habían tenido conocimiento.

Cuando se conquistó Chile, doce años más tarde, la situación había cambiado radicalmente. Pizarro estaba ya en posesi6n del Perú: el monarca de los Incas había muerto a manos de los españoles; Almagro había diezmado los mitimaes de Quiriquiri y las guarniciones peruanas habían abandonado el territorio chileno.

Entonces principiaron a correr los rumores de haber un pueblo de Incas en la Pampa y los españoles creyeron que allí se encontraba lo de César.

Como las relaciones originales hacían creer que la dirección seguida por César había sido hacia el suroeste, no se les ocurrió que la gente que encontró podría relacionarse con los diaguitas de Tucumán, o con los comechingones u otros de Córdoba. No encontrando ningún pueblo oculto con conocimientos de la metalurgia al sur de Mendoza, cada vez se suponía que se hallaba más hacia el Estrecho.

Más o menos por el mismo tiempo en que Pedro de Valdivia comenzó la conquista de Chile, principiaron a correr rumores de hallarse gente española perdida en las inmensas llanuras de la Patagonia y en adelante, las dos relaciones —la de los incas y la de los españoles perdidos— corrían parejas, llegando por fin a confundirse.

La Leyenda de los españoles perdidos
En el año 1539, el obispo de Plasencia, Gutierrez Vargas de Carvajal, habilitó una flota de cuatro navíos para que fuese a las Molucas, vía el Estrecho de Magallanes. Llegó la armada a la entrada del Estrecho el 12 de Enero de 1540 y no pudo pasar a causa de los fuertes temporales que la dispersaron.

El 22 del mismo mes, la nao capitana naufragó en la primera angostura del Estrecho, tratando de pasarlo, salvándose el comandante de la expedición, Fray Francisco de la Rivera, y la tripulación de 150 hombres. A causa de los fuertes temporales y los vientos contrarios los demás buques no pudieron prestar auxilio a los náufragos, aunque se sabia que habían quedado en tierra. El segundo buque, después de tratar en vano entrar a recogerlos, se vio arrastrado hacia el sur por los vientos y las fuertes corrientes, y quedó en una bahía al sur de la isla grande de Tierra del Fuego durante más de seis meses, dirigiéndose finalmente a España. Erró el rumbo y fue a dar al Cabo de Buena Esperanza, donde perdió cinco de sus tripulantes, y después de muchos contratiempos pudo llegar a la colonia portuguesa en la isla de Santo Thomé.

Otro de los buques logró pasar el Estrecho, sin ver a los náufragos, y llegó a Quilca, en el Perú, después de haber recalado en la costa de Arauco en la bahía del Carnero, así llamado porque los indios del lugar le proporcionaron un carnero de la tierra. Del cuarto buque no se supo más, pero se supone que naufragó en la costa de la Patagonia.

Entretanto el Generalísimo y los 150 españoles quedaron en tierra en la ribera septentrional del Estrecho. Por varios años nada se supo de esta gente, pero al iniciarse la conquista de Chile comenzaron a correr rumores de que se había salvado, estableciéndose en alguna parte de la Patagonia. Luego los rumores tomaron una forma más concreta y se decía que había llegado a las orillas de una gran laguna donde se había radicado, construyendo una población. Había tenido serios encuentros con los indios de la comarca, pero concluyeron por aliarse con ellos, casándose con mujeres indigenas.

Estas noticias se obtenían de indios nómades que recorrían las pampas y eran siempre vagas e inciertas. No obstante, eran probables y lógicas, y los primeros gobernantes de Chile organizaron varias expediciones para ir en busca de los españoles perdidos, y a la vez de tratar de descubrir lo de César. Todavía las dos tradiciones no se confundían, pero, sin embargo, raras veces se referia a la una sin hablar también de la otra, y se suponía que cualquiera expedición que encontrara a los incas encontraría también a los españoles.

Lo que vino a complicar la cuestión de los españoles perdidos en la Patagonia fue la desaparición del cuarto buque de la armada del obispo de Plasencia. No queda ninguna duda respecto del naufragio de la nave capitana en el Estrecho y el salvamento de la tripulación. Como el buque quedó varado en la misma costa y venía bien aprovisionado, porque se proyectaba la fundación de una colonia española en las Molucas, es de suponer que los náufragos tuvieron todo lo necesario para emprender una expedición en busca de mejores condiciones, sobre todo porque el buque llevaba animales de carga, asnos o mulas, y también ganado menor de cabras y ovejas, para establecer los colonos. Pero no hay la misma seguridad respecto del cuarto buque. Hay motivos para creer que éste también naufragó en la costa de la Patagonia, donde fue arrastrado por los temporales. ¿ Y su tripulación, se salvaria o no? Algunos de los rumores circulados acerca de los españoles que se establecieron en la Patagonia parecen referirse a ellos, especialmente los recogidos en el Río de la Plata y en Córdoba.

Encontramos dos corrientes distintas, una que colocaba a los náufragos cerca de la costa del Atlántico, y la otra que los situaba en la región de la cordillera austral. Sin embargo, estas noticias no eran definidas y se hablaba en general de los Césares como ya se comenzaba a llamarlos, aunque hubo divergencia de opinión respecto de la región donde se hallaban establecidos.

Poco a poco todos estos distintos rumores se fundieron en una sola tradición, perdiendose los pormenores originales y adquiriendo otros nuevos, cada vez más fabulosos.

La leyenda de los incas fue olvidada y los detalles que en un principio se atribuían a ellos fueron traspasados a los españoles perdidos, cuyos descendientes ya se llamaban los Césares.

Las expediciones de búsqueda en el siglo XVI
Las riquezas de los primeros, el oro, plata y piedras preciosas, o los animales de carga, los vestidos de lana, etc., ahora figuraban como patrimonio de los descendientes de los náufragos, quienes se habían establecido en una gran ciudad de la cual se contaban maravillas fantásticas.

Innumerables expediciones se iniciaron para ir en descubrimiento de esta fabulosa ciudad, las cuales fracasaron una tras otra, sin encontrar indicio del pueblo que se buscaba con tanto afán. Empero no se disminuía el entusiasmo y la fe en su existencia.

La documentación que abona la convicción en la realidad de todos estos rumores es inmensa, pero por lo general muy poco conocida. En gran parte, y especialmente después de mediados del siglo XVII, los documentos tienen mucho de fantasía, pero los del siglo XVI son de otra indole y parecen indicar que se fundaban en hechos verdaderos.

A continuación reproducimos algunos de los que tienen un aspecto más verídico, colocándolos en orden más o menos cronológico, para demostrar la gradual evolución de la leyenda y los diferentes factores que entraban en su desarrollo.

Este examen, a la vez que aclara en algo un punto de alto interés histórico, presenta una fase etnológica de no menos importancia para el estudio de las diferentes mezclas únicas habidas en la Pampa y en la Patagonia, que hasta ahora no se han tornado en cuenta.

La primera expedición en busca de lo de César, fue la de Diego de Rojas (1543-1546) a la cual hemos hecho referencia.

En 1551, Francisco de Villagra, a su vuelta del Perú con socorros para Pedro de Valdivia, tuvo que invernar en el valle de Guantata o Cuyo, donde algunos años después se fundó la ciudad de Mendoza. Durante su estada en este lugar envió dos expediciones a explorar el país, una al este, a la provincia de Conlara y otra hacia el sur, en busca de lo de César. La última llegó hasta el río Diamante. No logró el resultado apetecido, pero en ella los expedicionarios recibieron las primeras noticias de los españoles que vagaban por la Patagonia.

Más o menos por el mismo tiempo, Pedro de Valdivia, que se encontraba en el sur de Chile, ocupado en la fundación de la ciudad que había de llevar su nombre, mandó a Gerónimo de Alderete a fundar otra ciudad al pie de la cordillera y a reconocer la región. Alderete atravesó la cordillera y tuvo varias escaramuzas con los Puelches que habitaban las faldas orientales. En esta jornada recogió noticias tanto de los Incas como de los españoles que andaban en la Patagonia.

En la extensa Información levantada en 1589 por Ramírez de Velasco a que hemos hecho varias referencias, figuran las declaraciones de numerosas personas que algunas noticias tenían acerca de los Césares. En cuanto a la expedición de Alderete, los testigos más importantes eran Gerónimo de Vallejo o Calleja, escribano de Santiago del Estero, el Capitan Pedro Sotelo de Narváez y Alonso de Tula Cerbín, escribano mayor de Tucumán.

Vallejo conoció personalmente a Alderete, estuvo con él en España y se vino con él cuando regresaba, con el objeto de entrar en su compañía y completar el descubrimiento de la Patagonia. Dijo que Alderete le comunicó que en ella había quedado gente de la armada del Obispo de Plasencia, "los cuales tenían paz con los indios naturales de aquellas provincias e era causa estar juntos con indias de las de la dicha provincia y en ellas tener hijos, mediante lo cual hacían con los indios anistad e daban lo necesario que había menester, etc".

Pedro Sotelo de Narváez declaró que "estando este testigo en el Reyno del Perú se topó con un antiguo soldado de Chile que se llamaba Banda de Aguilar y le dijo que el adelantado Alderete en el Reyno de Chile, antes de ser adelantado había fecho una entrada con ochenta soldados de a caballo y pasando cierta cordillera había bajado hacia los llanos y entre unas lomas habían topado unos valles muy grandes y de mucha copia de gente y llegando a unas chacaras habían tomado vasijas de plata y de oro y unas hachas de oro bajo y que pasando adelante la gente de aquella tierra se había congregado, haciendo escuadrones cada pueblo o parcialidad de por sí...y volvieron al dicho Reyno de Chile, pretendiendo el dicho adelantado Alderete hacer la dicha Jornada de la Sal y que esa provincia se conoce también con los nombres de Lin-Lin o la Trapananda; después de lo cual ha terido este testigo. en estas provincias y en las del Perú, mucha noticia de la dicha tierra..."

Alonso de Tula Cerbin repite las mismas noticias con pocas variaciones.

El año siguiente Valdivia mandó a Francisco de Villagra a que cruzara la cordillera y descubriera hasta el mar del Norte y hasta el Estrecho de Magallanes por el Sur. En esta expedición, que sólo llegó hasta el río Limai, que no pudieron vadear. Villagra también adquirió noticias de los náufragos. aunque no queda constancia que haya sabido algo de los Incas. Igual cosa se puede decir de la expedición de Pedro de Viliagra en 1553, en busca de las salinas que existían al otro lado de la cordillera, las que halló.

En 1563 se recibieron en Chile las primeras y únicas noticias de los náufragos. Llegaron a la ciudad de Concepción, despues de muchas aventuras y peripecias, dos de los tripulantes del buque perdido en el Estrecho. Se llamaban respectivamente Pedro de Obiedo y Antonio de Cobos.

Se les levantó un informe sumario, ante el licenciado Julián Gutierrez de Altamirano, Teniente General del Reino de Chile, en que figura la relación dada por estos dos individuos, que comienza así: "Relación que dió Pedro de Obiedo, natural del condado de Nieva y Antonio de Cobos, carpintero de la ribera, personas, etc..."

Hablando del naufragio dijeron que se habia salvado toda la gente menos trece personas y que "el capitan llamado Sebastián de Arguello, sacó en tierra ciento cincuenta soldados, treinta aventureros, cuarenta y ocho marineros, artilleros y grunetes y trece mujeres casadas y todas las armas, municiones, bastimentos y sustentos; que luego se puso tasa para el buen gobierno y duración; el otro navío que era la capitana, se sustentó bordeando y le vieron como se enmaró la vela, que fue el que se embocó en el mar del sur, en que venia Riveros, uno de los conquistadores desta tierra y luego se metió el dicho capitan Arguello la tierra adentro con su gente inclinandose al noreste que estaba en 52 grados y 13 minutos adonde estuvieron cuarenta dias y después de haber dejado alli diez piezas de artilleria de todos calibres y jarcias y lo que no podian llevar, habiendo caminado siete dias, descubrieron gente que les venia a reconocer, aunque se les alargaron; y desde alli en adelante fueron en orden mas estrecha y con más cuidado echando emboscadas de dia y de noche hasta que a otras jornadas tomaron lengua de un indio corpulento y blanco con quien no se entendieron más que por señas y visajes: éste les guió a una poblaci6n donde antes de llegar a ella como dos leguas les acometieron una junta de más de tres mil indios que a la primera rociada de las mangas de la arcabuceria huyeron....cogieron doce y por no entenderlos se resolvieron seguirles a los que huian por su rastro y rumbo y dieron en una población a orillas de un lago largo siguiendo a la gente que della salia con golpe de mugeres y gente menuda. Hallaron mucho substento de géneros de la tierra como cecinas de carne de animales, volátiles, pescado seco y otros mariscos.

El capitán se alojó y fortificó y ordenó con un bando público que nadie se osase a hacer daño ni desorden en cosa alguna y recogió en un cuerpo todas las mujeres y criaturas, haciéndoles manifestaciones de halagos y paz y alos tres días fue soltando a algunas para que llamasen a sus maridos dándolas algunas cosillas de las que llevaban, y al fin en menos de cinquenta días sin haber podido pelear mas fueron viniendo recaudos mal entendidos hasta que por abreviar vinieron los caciques y demás gente y se alojaron en sus casas".

Dijeron que entre los españoles había tres sacerdotes que comenzaron a predicar a los indios y a bautizarlos, que a los españoles que se unían con las indias les obligaron a casarse según los ritos de la Iglesia.

Hablan también de los Incas que vivían mucho más al norte y que hacían constante guerra a los naturales entre los cuales se habían quedado. El Capitan Arguello resOlvió ayudar a los indios con quienes estaban ahora emparentados y "vino a la mano con ellos y rompió a la gente del Inga de modo que hizo lo que pareció bastaba para conservarse quietos él y su gente y parcialidades y a sus parientes, hizo que los tuviesen respeto y themor para en lo adelante y se hicieron tregua al no venir a las manos, etc.

Este Obiedo y su camarada habiendo estado en aquella parte en el año 1567 (segurmente en 1557), mataron a uno de los más queridos soldados que tenia el capitan Arguello y se partieron y llegaron con gran trabajo a la población del Inga del Perú y sus gentes que estan poblados desta parte de la Cordillera de Chile, el cual inga le traían sus indios al hombro sobre una silla; seria de edad de veinte y siete años, con una señal de una borla sobre la frente y nombraba Topa Inga; y esta población por donde se metieron dicen que era prolongada por alguna por donde entraban y salían desaguaderos. La tierra era muy fértil y por la parte más principal que los fueron llevando caminaron dos días poco a poco y vieron multitud de oficiales plateros con obras de vasijas de plata gruesas y sutiles y algunas piedras azules y verdes toscas que las engastaban. La gente era lucida y aguilena y al fin de la del Perú sin mezcla de otras. Dizen que les enbidaban con plata y ellos se excusaron, pidiendo solo de comer y pasaje el cual se lo dieron y para el camino veinte indios que los pusieron en lo alto de la cordillera en derecho a la Villa Rica y entregados con rehenes a los pulchez pasaron y vinieron a la ciudad de Concepción donde estuvieron por huéspedes el maestro del campo el general Juan (Juliana) gutierrez de Altamirano."

El mismo documento dice que después de la muerte de Pedro de Valdivia, el licenciado Altamirano fue elegido en 1554 por Francisco de Villagra por su lugar teniente y maestro de campo y que "tomo a cargo este gobierno el dicho Altamirano y yendo sobre la cordillera de la Villa Rica a una escolta por sal, cogió un indio pulche con su familia y les dio las mismas noticias referidas. Y habiéndole ofrecido la libertad y a su gente otros premios lo envi6 con una carta para el capitan Arguello".

Oviedo en su declaración dijo que "estaban los españoles del Obispo de Plascencia en la parcialidad de los indios donde se emparentaron y que son siete poblaciones en la orilla de un lago que está en la altura de cuarenta y siete grados y medio".

El único lago en la latitud indicada del grado 47,5 es el lago Cochrane, que tiene forma alargada. Un grado más al norte se encuentra el lago Buenos Aires, más grande y más accesible. Este último lago fue en todo tiempo un punto de reunión de las tribus nómades de la Patagonia, la tierra sagrada y lugar de sepultura de muchas de ellas. Es posible que éste sea el gran lago en cuyas orillas se hallaban las tolderías de los indios y donde establecieron su morada los españoles náufragos. Todo esto, sin embargo, no sale del terreno de las conjeturas.

Hay una relación, más o menos del mismo tiempo, que parece referirse a la tripulación del otro navío varado en la costa de la Patagonia. En la declaraci6n de Blas Ponce, éste habla de un marino francés, "que en tiempo de Don Juan Gerónimo de Cabrera vio este testigo en esta tierra un soldado extranjero que dezian ser frances que se llamava fulano de Ybaceta el qual fue con el dicho don Gerónimo a la dicha jornada y murió en la población de Córdoba (1573) el qual antes que se hiciera la dicha poblaci6n animava mucho al dicho don Ger6nimo para que hiciese el dicho descubrimiento y dezia que el viniendo por el mar del norte en un navio de franceses que benian en demanda del Estrecho de Magallanes para pasar por el y yr a las Molucas a resgate de especeria y otras cosas, como a cien leguas del rrio de la Plata hazia el Estrecho avian topado un navio de españoles que dezian hera uno de los que el obispo de Plascencia enviava por el estrecho perdido y desvalijado que avian tenido gran tomenta y se murió la gente de hambre los quales le dijeron que por necesidad que avian tenido de comida avian echado de alli cerca de do los toparon mas de cinquenta hombres para que fuesen la tierra adentro en busca de comida y naturales los quales no la avian hallado y benian con disinio de alzarse con el navio y echar la gente que estava en el en tierra y salbarse ellos con la comida que avia en el y que porque no pereciesen todos los avian dejado a los primeros que saltavan en tierra y se yban en busca de la tierra mas cercana poblada de españoles para proveherse y no perecer de hambre porque en la tormenta que tuvieron grande avian echado todo quanto tenian en el mar y que llegando el navio de los dichos franceses en la misma costa a tomar agua en un puerto les salieron a rresgate de pescado ciertos yndios naturales de la tierra los quales les dijeron por señas como gente como ellos estavan tierra adentro y que trayan arcabuces y peleavan con los naturales de la tierra y les tomavan sus comidas y mujeres y que no rrescatavan como los franceses sino que por fuerza de armas lo tomavan y eran muy bellacos y brabos que mataron muchos yndios y que por esto entendia que avia mucha gente poblada procedida de españoles y que poseyan buena tierra, y a que este Ybaceta dixo este testigo al tiempo que tratava con el dicho don Gerónimo que como podia dar noticia aviendo pasado más de cien años la entrada la enbiada del armada del obispo de Plascencia el qual le dixo no avia tanto y contó el dia mes y año del armada y el tiempo que el avia topado el navio que era entonces de hedad de quince años el Ybaceta y quando le contó al dicho don Gerónimo en presencia deste testigo seria hombre de más de ochenta y cinco años y por la quenta y rrazon que dize se hallo no dezir mentira, el qual dixo que de alli a año y medio bolbio otra vez en otro navio de franceses en demanda del dicho estrecho y que avia estado en otro puerto mas hazia el rrio de la Plata ynbernando un ynbierno para poder pasar el estrecho en buen tiempo medito el navio en un rrio mas dle dos leguas rrio arriba adonde los naturales les trayan muho pescado y caza y maiz a rresgate de cuchillos y hierro Y quenteria que les davan los quales naturales les dezian por señas como gente como ellos estavan poblados ocho o diez jornadas de donde ellos estavan que porque no se yban a juntar con ellos y que rrescataron con los dichos yndios piezas de oro y que sefialaron a un perro que tenian en el navio y les dijeron que los cristianos questavan la tierra adentro tenian de aquellos y los atavan con unas sogas hechas de aquel metal de oro que rrescatavan con ellos y que tenian mucho dello porque lo hazian buscar de bajo de la tierra a los yndios, y que preguntandoles de que se bestian aquellos cristianos les señalaron unas mantas de pellexos de corderos de guanacos muy bien sobadas y aderezadas pintada la carnaza de colores y que también se bestian de las mantas de lana de obexa de la tierra que tenian los naturales y les enseñaron una diziendo como aquella y que hera de cumbe como lo del Piru".

Esta relación merece algunas observaciones y alguno reparos, porque los detalles no están del todo concordantes; pero es probable que esto se deba al hecho de ser contado de segunda mano y después de un intervalo de muchos años.

El naufragio del buque del Obispo de Plasencia, al ser éste visto por Ybaceta, tuvo lugar a principios de 1540 y casi al mismo tiempo, aparece en idéntico lugar el buque francés. Según la relación, cuando sucedió este acontecimiento, Ybaceta tendría quince años. El francés, si hemos de creer a Blas Ponce, murió en la fundación de la ciudad de Córdoba en 1573 y tendría entonces, si los datos anteriores fuesen exactos, 48 años. Pero el declarante le calculaba una edad de 85 años. En todo esto hay, en alguno de los detalles, un evidente error, de nada menos de 37 años.

Morla Vicuña cree que el buque visto por Ybaceta no sería el de la armada del Obispo de Plasencia sino la nao San Gabriel, de la armada de Fray García de Loayza en la expedición de 1527.

Empero, Morla Vicuña en su interpretación incurre en algunos errores de criterio. Supone que Ponce hubo declarado que Ybaceta acompaño al gobernador Gerónimo de Cabrera en 1583, siendo que explicitamente dice que murió en la población de Córdoba en 1573, o sea, diez años antes, y debió ser en aquella jornada cuando entusiasmaba a Cabrera para emprender la expedición en busca de los españoles perdidos. El error de Ponce parece haber sido en la edad que atribuía a Ybaceta. No es probable que éste haya tenido ochenta y cinco años, porque soldados de esa edad no son muy comunes, sobre todo para tomar parte en expediciones de descubrimiento como era aquella de Cabrera.

No se sabe a punto fijo cual fue el lugar en que naufragó el buque del obispo de Plasencia, ni se puede poner confianza en el número de leguas indicado por Ybaceta, porque éste venia navegando y no pudo formarse una idea muy exacta. Es de suponer que el puerto donde invernó la segunda nave francesa fuese la boca del río Negro. Si fuese así, los españoles de que hablaban los indios, deben haberse establecido más adentro en el mismo río, posiblemente en o cerca de la isla de Choelchoel, lo que seria concordante con otras noticias posteriores.

De todos modos, suponiendo que las noticias de Ybaceta sean verídicas en su fondo, es imposible confundir este grupo de náufragos con aquél que bajo el capitán Arguello se estableció a orillas de un lago cordillerano en el grado 47,5.

Resulta entonces que en el siglo XVI corrían rumores de hallarse en el sur de la Pampa o en la Patagonia, tres grupos distintos de gente, alrededor de los cuales se forjó la leyenda de los Césares. El primero era el de los Incas, radicados en la vecindad de la cordillera entre los grados 35 y 42; el segundo era la gente española dirigida por el capitán Arguello y que se encontraba en la región andina en el grado 47,5: y el tercero lo formaba la gente del buque de la armada del Obispo de Plasencia que se suponía náufrago en la costa del Atlántico y establecida cerca del litoral, entre los ríos Colorado y Negro.

Estos últimos, según las noticias que corrían, eran mandados por dos capitanes llamados Juan y Pedro de Quirós; pero no se sabe si eran parientes o hermanos como suponen algunos.

Tomando en cuenta estos diversos hechos es más fácil comprender las aparentes contradicciones que circulaban respecto de los Césares y explicar los diferentes derroteros seguidos por las numerosas expediciones que fueron en su descubrimiento.

Indudablemente los rumores que llegaban a las ciudades españolas eran muy abultados a la vez que indefinidos; pero en general eran comprensibles y aun probables en su esencia.

Respecto de los dos capitanes Quirós, existen varias noticias.

Fray Reginaldo de Lizárraga declaró que Juan de Espinosa, hallandose en Chile en 1557, en tiempos de don Garcia Hurtado de Mendoza, había oído decir a muchas personas principales como eran el Capitán Peñaloza y Diego Pérez, "que habiendo ydo a la otra parte de la cordillera hazia el mar del norte se avian tomado yndios que dezian por nueba cierta que avian benido cristianos en demanda de los cristianos de Chile, pero que la muchedumbre de yndios que se les avia opuesto no los avia dejado pasar y que tubieron que bolberse dejando señales de cruces en los árboles y hasta una carta en una olla al pie de un árbol que los que pasaron la cordillera hallaron después."

También oyó decir a Espinosa "que en casa de fulano de Escobar vezino de la ciudad de Santiago, bió a un yndio de los llamados puelches dixo al dicho fulano de Escobar que dicho yndio siendo él muchacon havia pasado la cordillera hazia el mar del norte y avia llegado a un rrio grande a la ribera del qual estavan poblados españoles y entre ellos avían dos frayles de la horden de San Francisco ..y que tenían los españoles dos capitanes que se llamavan Juan de Quiros y Pedro de Quiros y que el dicho Juan de Espinosa despues desto bajando del reyno de Chille a la ciudad de los Reyes del Piru saviendo questava en ella Juan Enriquez que pasó por el estrecho de Magallanes en los navios del obispo de Plascencia se fue a él el dicho Juan de Espinosa y le dixo lo que avia oydo dezir al yndio puelche de Chille y el dicho Juan Enriquez dijo al dicho Juan de Espinosa que hera verdad que dos navios de los del obispo de Plascencia se avian quedado en la boca de un rio antes de llegar al estrecho y todos los españoles que en ellos benian y que él hera soldado del capitan Pedro de Quirós que el dicho yndio puelche dixo estava con los españoles y los dichos dos navios y gente dellos se quedaron alli por hacer mucha agua y el dicho Juan Enriquez se embarcó juntamente con una muger y otros y se fueron a los navios que estavan para navegar y pasaron adelante"

Agregaba Espinosa que en tiempos del gobernador Rodrigo de Quiroga "havia oydo en casa de Alonso de Escobar en Santiago de Chile, que algunos de sus indios puelches referian que los españoles dichos residian en medio de dos brazos que hazian un rio que traian espadas de metal y perros bravos y tenian muchos hijos y obedecian a un español ya muy de días a quien llevaban en andas y se llamava Juan de Quiros".

En la declaración del indio Jofré, dice que había visto a los españoles que venían en demanda de las ciudades pobladas "y que los capitanes que trayan a esta gente el uno se llamaba Juan y el otro Quirós".

Cristóbal de Hernández también declaró que el capitán de los españoles que venían en busca de Chile se llamaba Quirós y que era "hombre muy biejo".

Morla Vicuña estima que se ha confundido a estos capitanes Quirós con dos capitanes del mismo apellido, llamados, respectivamente, Juan y Martín de Quirós, que iban en la armada de Diego Flores de Valdés, que se dirigía al Estrecho de Magallanes en 1581 para fundar una colonia, bajo las órdenes de Pedro Sarmiento de Gamboa.

Esto no puede ser, porque las declaraciones a que hemos aludido se referian a noticias propagadas muchos años antes de la fecha de dicha expedición de Sarmiento. Además, es difícil que Cristóbal de Hernández pudiera hacer semejante confusión, porque fue él quien guió a don Alonso de Sotomayor y los 400 soldados que con este gobernador venían, en vez de quedar en el Estrecho con Sarmiento, se desembarcaron en Buenos Aires, llevados por la misma flota de Diego Flores de Valdés, dos de cuyos buques eran mandados por los dichos Juan y Martín de Quirós. Sabido esto por Cristóbal de Hernández, es difícil que los pudiera confundir con el otro Juan de Quirós de que tenia noticias desde tantos años antes.

Coinciden los apellidos, pero es evidente que se trataba de otras personas. Juan Enriquez, que venia en el buque que se quedó varado en la costa de Patagonia y que siguió viaje al Perú en el buque de Camargo que llegó hasta Quilca, dice expresamente que el capitán bajo cuyos órdenes había salido de España se llamaba Pedro de Quirós y que tanto éste como Juan de Quirós habían quedado con los náufragos.

Después de haber levantado su Información, el gobernador de Tucumán, Juan Ramírez de Velasco, mandó un aviso a S. M. el Rey de España, fechado el 10 de Julio de 1589, en que dice, hablando de la armada del Obispo de Plascencia: "Por el estrecho de magallanes dellos se perdieron tres navios gruesos en el comedio que ay desde la boca del gran rrio de la plata hasta el estrecho de magallanes de que se salvaron mas de mill hombres y algunas mugeres y ganados y asnos que llebaban para poblar y este genero se pone aqui porque por el dan señas los naturales de los dichos españoles los quales viéndose faltos de mugeres las tomaron y quitaron a los yndios comarcanos a la costa do se hallaron al tiempo que se perdieron sus naves y dellas an procedido la generación de los dichos españoles que oy dia estan alli, etc".

Esto es, en resumen, lo que pudo sacar en limpio el gobernador Ramírez de Velasco, en las investigaciones que prosiguió entre los años 1587 y 1589, Es indudable que el número de españoles es muy exagerado, porque en ningún caso habrían pasado de 250 a 300, divididos en dos grupos, que no tenían relación entre sí. Es cierto que también, incluye la tripulación del buque de Alvarado, que volvió a Europa, pero aún incluyendo estos no habrían pasado de 500 personas.

El punto importante en esta investigaron es que después de pesar toda la evidencia y estudiar todas las diferentes declaraciones, no le quedó en la mente del gobernador, ninguna duda acerca de la existencia en la Patagonia de un grupo o grupos de españoles, sobrevivientes y descendientes de los náufragos.

Respecto del establecimiento en la Pampa de un pueblo de Incas, quedó igualmente convencido el gobernador, como resultado de sus investigaciones.

Dos años antes después de examinar lo que alegaba el Capitán Hernán Mexia de Miraval y los catorce testigos presentados por éste dirigió al Rey una Información que comienza como sigue: "En la muy noble ciudad de Santiago de Estero, caveza desta govercación de Tucumán en diezyocho días del mes de hebrero de mili e quinientos e ochenta e siete años; el muy ilustre señor Juan Ramírez de Velasco, gobernador, etc... dixo que por cuanto a sus noticias es benido que a distancia de setenta o ochenta leguas de la ciudad de Cordova desta governación está una provincia de yndios que se llama balle de Talan y Curaca en que se dice ay mucha cantidad de yndios bestidos y bien tratados y que tienen y poseen oro y plata y otras muchas cosas y ganados y para que su magestar rreal sea ynformado dello mandó se rreciva ynformación de testigos para averiguar que cosa es, etc."

Conviene ver lo que declararon los testigos presentados por Mexia de Miraval; porque da un aspecto nuevo a toda a cuestión posterior de lo de César.

Principiaremos con la declaración del mismo Hernán Mexia, quien dice: “que tiene noticias que aora setenta años poco más o menos tiempo en que la magestad del emperador don Carlos questá en el cielo dió, licencia a don Gutierrez de Cárdenas obispo que fué de Plasencia para que embiase una armada de navios e gente de guerra y guarnición por el estrecho de Magallanes al rrescate y aprovechamiento de las Molucas y que de la que se hizo se perdieron tres navios en la distancia que ay desde la boca del rrio de la Plata hasta el estrecho de los quales se salvaron al pie de mill hombres y algunas mugeres y jumentos y jumentas que la gente llevaba para la población y que la gente quealli quedó viendose faltos de mugeres las tomaron e quitaron a los yndios comarcanos a la costa donde aportaron con sus navíos al tiempo que se perdieron y de esta española a procedido generación que se entiende ser mucho número y algunos yndios naturales de la cibdad de Córdova de la dicha provincia refieren averlos visto y que venian con exército formado en busca de cristianos de que tenian noticia, dizen ndan bestidos de pellejos, traen animales que tienen orejas muy largas muy grandes en que cargan sus hatos y comidas y otros rrefieren que traen cruces en que adoran, dizen traer espadas de fierro negro sin vaynas y que entienen son de casta de españoles y que avian provado de salir a aquella parte donde al presente está poblada la cibdad de cordova que es lo postrero de dicha gobernación hazia el estrecho y por las guerras de los naturales y falta de basticentos y aver topado grandes lagunas de agua que deven ser bayas o puertos del mar no an proseguido su camino dexando puesttas por señal cruces en la última parte donde avian llegado y que también provaron pasar a Chille por las espaldas del estado de Arauco y por la guerra de los naturales se bolbieron a sus estancias y propios asientos.

Ansi mismo dize que a distancia de setenta o ochenta leguas de la dicha cibdad de Cordova hazia el estrecho de Magallanes comienza una provincia de yndios que se llana el balle de Tilan y Curaca en que se entiende que ay yndios puliticos bien bestidos y bien tratados belicosos en guerra cuyo asiento y tierra es abundante de oro y plata y otras cosas ricas y tienen mucho genero de ganado como ambas a dos cosas constan a vuestra magestad por estas ynformaciones que el governador de las dichas provincias de tucumán hizo y envia a vuestra magestad......y que ay noticia aver mucha cantidad de yndios yngas que yban conquistando aquella tierra a tiempo que los españoles entraron en el piru los cuales sabido la prision de su ynga y señor hicieron asienlo en las tierras que abian conquistado y sujetado donde estan con grande aumento y poseen muchas riquezas de oro y plata en tierra buena y fertil y abundosa de mucha comida y prosiguiendo adelante hazia el estrecho a las espaldas de la cordillera de Chile hasta el mar del norte en mas de ciento cinquenta leguas de ancho, tenemos noticia que ay muchos yndios belicosos en la guerra de donde se sustenta de soldados en las guerras que con soldados vasallos de vuestra magestad".

Se ve por esta declaración que a fines del siglo XVI todavía no se hacia confusión entre los diferentes rumores, conservándose nitidas las tradiciones distintas de los Incas y de los españoles náufragos.

Pero la declaración de Cristóbal de Hernández nos proporciona mayores detalles respecto de los Incas de la Pampa. Este capitán conocia igualmente las versiones que corrían en Chile como las que se discutían en Buenos Aires y en Córdoba, y en su relación resume todos los datos que había recogido al respecto. También conocia la tradición de los españoles perdidos en la Patagonia y refiere lo que había oído acerca de ellos. Su relación es la siguiente: "Que despues de aver beynte y dos años que sirve a su magestad en el Reyno de Chille a donde se tiene gran noticia de la dicha tierra que por las muchas guerras de los naturales de aquel Reyno no se ba a poblar y bino a dar abiso a su señoria del dicho gobernador Juan Ramirez de Velasco de como los yndios de la dicha provincia estavan más cerca de la ciudad de Cordova desta gobernación que no de la governación de Chille, y que la causa que este testigo tiene noticia de la dicha tierra e provincias de los yndios es porque luego que el señor governador don Alonso de Sotomayor llegó a la ciudad de Mendoza del Reyno de Chille de su gobierno apercivió a este testigo para que fuere con gente de guarnición a descubrir el camino que ay desde Mendoza al puerto de Buenos Ayres donde su señoria desembarcó luego que llegó de España y yendo este testigo en descubrimiento del dicho camino llegó a un rrio que se dize el rrio quarto y que es en el término de la ciudad de Cordova y setenta leguas de la ciudad de Mendoza adonde halló a don Luis su hemano con quatrocientos y tantos soldados que traya de España para guiarlos por el dicho camino al reyno de Chille y en el dicho camino tomó yndios e yndias de la dicha provincia de Talan que le dieron relación de la dicha tierra gente y trato della que algunos de las dichas piezas son Juana, yndia de su servicio ... y después bolbiendo por el dicho camino tomó este testigo a un yndio que se llama Pelan, que ambas piezas son las que trajo y otros yndios que tiene en Chille ...y todos los dichos yndios los unos y los otros an dicho a este testigo muchas y diversas veces con lenguas que les entienden y ynterpretan lo que dizen y lo que an dicho a este testigo es que en su tierra de los dichos yndios de Talan y Curaca ay gran suma de yndios poblados en pueblos grandes juntos a una laguna y a un rrio y que todos ardan bestidos y gente de rrazon y tratan con oro y plata y que hazen sus sementeras y cogen mucha comida y que tienen muchos carneros de la tierra destos que en el Perú sirven de llevar cargos y que tambien se sirven de otros animales que dizen son mayores de los dichos carneros y que tienen los cuernos bueltos los puntos para atras para lo cual colige este testigo que deven ser bufanos y que dizen que son los machos pepos y las hembras blancas y que tienen lana muy blanda de que hazen muy fina ropa con que se visten y que ay un cacique y señor entre ellos muy grande a quien todos obedecen y que dizen que la tierra es muy buena y fertil y que tienen minas de oro y plata y que las labran y benefician y que desde la dicha ciudad de Cordova a Talan abra setenta leguas poco mas o menos y lo save este testigo porque a estado cerca de la dicha tierra y lo que a este testigo a oydo dezir a los dichos yndios del trato y pulicia que tiene la dicha gente de Talan y Curaca entiende que son yndios de los yngas del Piru que se huyeron y se fueron alli y que son yndios que pelean con arco y flechas y ayllos y que hazen unas armas anchas como de hechura de espadas y blancas que dan a entender que son de plata y que el señor de Curaca se llama Quilquilla en su lengua y que cuando sale fuera de la casa sale mucha gente con él y que trae una corona de oro en la caveza con una borla delante della que por la noticia que tiene y lo que a oydo dezir de la dicha gente que es belicosa y de razón serán menester quatrocientos o quinientos hombres armados para conquistallos y que la tierra donde estan es parte llana y parte fragosa y que tienen lanzas con que pelean y que tienen jarros de plata y oro con que beben de hechura de gubiletes y otras piezas de plata y que la labran entre ellos y señalan de que hechura son los martillos e bigornias con que labran y dixo que son redondos los martillos y amarillos de la hechura de los con que labran los yndios del Piru que es diferente herramienta de la que tienen los plateros españoles y que tambien dizen que tienen esmeraldas porque les fué mostrada una y dixeron ser corn0 ella y que las esmeraldas las traen las mugeres de los dichos yndios por zarzillos engastonadas en oro o en plata y que las tienen en mucho y no tratan con ellas sino con oro y plata y que hacen de la manera que sacan el oro en que dan a entender que lo sacan con bateas y que ellos le an histo sacar con bateas al cacique de Talan y que la plata a oydo dezir este testigo a los dichos yndios que la sacan de un cerro grande y que asi mesmo ha oydo dezir a la dicha yndia Juana y a otros yndios de los que este testigo a tornado que más alla desta buena tierra que se dize Curaca estan una gente que dizen que son españoles y que andan por alli perdidos y que estos españoles andan ya bestidos como yndios con camisetas y saraguel y que tenian unas espadas biejas de yerro sin bayna y que tienen barbas largas y estan rebueltos con los naturales y casados con yndias de la tierra y que tienen hixos y las casas muy grandes y a oydo decir a los dichos yndios que estos españoles que andan perdidos an salido algunas vezes a buscar a otros españoles y en llegando a Curaca que es la tierra buena donde estan los dichos yndios Yngas, los dichos yndios les hazen la guerra y les matan alguna gente y se huelven a sus pueblos porque no tienen fuerza para pasar adelante y como gente perdida no saven donde an de yr a hallar españoles ..."

Dijo que cuando estos españoles perdidos iban en busca de los de Chile, "benian a pie y que el capitan dellos se llamaba quiros y hera hombre muy biejo y que llegaron a una provincia de mucha gente de yndios y los dichos yndios les avian dado una batalla y en ella muertoles mucha gente y les hisieron bolver a la parte de donde avian salido y por esta causa entiende este testigo que dichos españoles fueron los que llegaron a la provincia de los yndios yncas curacas que tambien asi lo dizen los dichos yndios que este testigo a tornado".

Tomada la declaración de Cristóbal Hernández, acto continuo, se hizo comparecer a la india que figura en ella, quien se llamaba Juana Upina, y dijo ser natural de un pueblo que se dice Omora, junto a Talan. El testimonio de esta india es muy parecido a lo que declaró el testigo anterior y es evidente que la mayor parte de sus noticias las había adquirido de ella y del indio Pelan.

Dijo la india en su declaración que "no save que tantos años a que la tomó el dicho su amo porque no lo entiende mas de que la tomó cerca del dicho pueblo de Telan ... y que en el balle del Telan adonde esta testigo es vezina ay muchos yndios y pueblos grandes dellos tambien cerca del dicho está otra poblacion de Curaca donde ay muchos más yndios que en Telan y questan poblados junto a un rrio y que los yndios de la provincia de Telan ban alla a tratar con ellos y llevan lo que tienen y traen oro y plata y carneros de cargar y que los yndios de Telan dizen que los yndios adonde ban al rrescate que es a Curaca laban el oro en bateas y lo sacan de unas cordilleras coloradas y tambien les a bisto esta testigo traer oro y plata labrada en basos como gubiletes y dellos que tienen dos bocas y dos asas y que traen topos de plata para las mugeres con que se ponen y prenden sus bestidos y traen cucharas de plata y lo save al uso dellos y que traen sortijas de oro y tijeras y cuchillos de plata y lo save porque lo a visto ...y que tambien a visto traer a los dichos yndios de Telan patenas de oro y de plata para ponerse por gala en los pechos y tambien traen ticas de oro que son como plumajes para poner los yndios en la cabeza y que los dichos yndios de Telan dizen que el cacique señor de la tierra trae una corona de oro en la cabeza con una borla en ella que cae en medio de la frente y que quando este dicho curaca sale fuera iba con él mucha gente y que traen chipanas de oro metido en los brazos y a bisto que traen los yndios de Telan esmeraldas de la hechura y color de una esmeralda que le fué mostrada para zarzillos y agujereadas por medio que tambien a bisto esta testigo que los yndios de Telan traen unos animales grandes como carneros de la tierra que dice que tienen unos cuernos bueltos las puntas atras con una buelta que dan y que los machos son negros y las hembras blancas y el macho le llaman entre los yndios ovejas y a la hembra castilla y que tienen lana muy blanda de que hazen ropa fina y que traen rropa de yndios muy galana de yndios de rrescate y que asi misma a oydo dezir a los yndios de Telan que aquellos yndios a donde van ellos a rrescatar dizen que bieron a unos cristianos que andan por allá perdidos y questan lejos de allí poblados y rebueltos con los yndios y casados con yndias y que tienen zaragueles y camisetas de yndios por bestidos y son barbados".

Terminada la declaración de la india Juana Upina, el gobernador Ramírez de Velasco: "mandó parecer ante si a Pelan yndio ynfiel natural que dijo ser del pueblo de Tocote que es junto a Telan". Su declaración es, en general, igual a la de la india, con algunos detalles más.

"Y tienen un señor ... que suele poner cincha de oro en lacabeza a manera de corona y tiene puesto un collar de oro en el pescuezo y que suelen tener unas chipanas para poner en los brazos, de oro y que suelen ponerse patenas de oro muy grandes en el pecho, etc ..."

Dijo que el cacique de Telan se llamaba Nanaia.

Según estas relaciones, había a unos setenta u ochenta leguas al sur o al suroeste de la ciudad de Córdoba un pueblo de indios llamado Talan o Telan, en cuya vecindad había otros pueblecitos, dos de los cuales se llamaban Omora y Tocote. El cacique de Telan se llamaban Nanaia. Los indios de esta comarca comerciaban con los de otra, mas distante, hacia el sur, que se llamaba Curaca, que parece haber sido de Incas y cuyo señor se apellidaba Quilquilla. Por otras declaraciones, sabemos que la distancia entre Telan y Curaca era aproximadamente cien leguas. Si estos indios de Curaca eran Incas como parece por las relaciones, es probable que el cacique o jefe de ellos se llamaba el curaca, voz quechua que significa jefe o cacique de una provincia, y el pueblo de que hablaban sería el pueblo del curaca, transformado en Curaca por los indios de Telan. Estos incas fabricaban objetos de oro y plata, los que comerciaban con los indios de Telan en cambio de los productos que ellos les llevaban.

Es interesante notar que entre las armas que empleaban figuran las boleadoras con el nombre quechua de ayllo.

Los animales con "cuernos rebueltos" sólo pueden haber sido ovejas europeas, obtenidas con toda probabilidad de los españoles náufragos en una de sus tentativas de salir del territorio donde estaban encerrados. Se sabe que la expedición del Obispo de Plasencia llevaba asnos, ovejas, y cabras para fundar una población y que estos animales se salvaron juntos con la tripulación. Las ovejas españolas o carneros merinos son cornudos y la lana blanda era indudablemente de estos animales.

Fuera de las declaraciones que acabamos de reproducir, existen varias otras que todas parecen confirmar las noticias dadas. Por ejemplo, dice el Padre Maestro Alonso Barzana de la Compañía de Jesús: "Que este testigo estando aora dos años (1585) en la ciudad de Córdova... oyó contar al capitan Gaspar de Medina..lo de los españoles y entonces oyó dezir este testigo que por aquellas tierras donde estavan los dichos cristianos o cercano a ellas avia gran suma de ingas de los del Cuzco que se avian retirado alli o de Chille o de otras partes donde estavan y que hablavan la lengua del Cuzco y que indios comarcanos a los yndios de Cordova que sirven en ella los encontravan andando a caza bestidos muy bien como yngas hablando con ellos que estavan la tierra adentro mucha cantidad de yndios y que este testigo oyó muchas veces a diversas gentes en el piru asi a rreligiosos como a seglares de la ynnumerable gente y rriquezas que ay en el Lin Lin y questan poblados en una laguna a la usanza de México y que es grandisimo rrey aquel de linlin y que es inga y que trae en campo ordinariamente quarenta mill combatientes demás de ser la otra gente ynnumerable".

El escribano de Santiago del Estero, capital de la provincia de Tucumán, se llamaba Alonso de Tula Cerbin. El fue el que tomó las declaraciones de todos los testigos de la Información levantada por el gobernador Ramírez de Velasco. A su turno dejó una deposición jurada que decía que, por las noticias que había podido averiguar, los españoles de la armada del obispo de Plasencia "avian quedado arrinconados en la costa ...y por las razones dichas se bolbieron a su antigua población ... que avia oido del Padre Francisco Hidalgo y muchas otras personas y especialmente a Blas Ponce y noticias recogidas de los yndios ... y que estos yndios que son naturales de los pueblos de Talan y Curaca yndios de guerra circunvecinos a los yndios que sirven a Cordova dizen tambien que como distancia de cien leguas más o menos de su tierra esta una gran poblacion de yndios de ingas poblados en una laguna como los yndios de Mexico de la Nueva España y que son muy rricos porque se sirven de bajillas e piezas de plata y oro y que estos yndios sacan plata y oro cerca de do estan poblados y que a estos yndios sirven otros muchos yndios comarcanos que tienen sujetos y e oydo dezir en esta ciudad a personas que an benido del Reyno de Chile a esta gobernación que la fuerza de Arauco no consiste tanto en los naturales de aquel estado como en los socorros de yndios, flechas, lanzas e otras armas questos yngas y sus comarcanos les proveen y a estos yngas llaman los Césares por un soldodo llamado César que por hor den del Capitan Caboto llegó a ellos con veinte hombres por un rio llamado Calamuchita que entra en el rio de la Plata y asi la llanman en esta tierra la noticia de César y los naturales desta tierra la llaman linlin y por otro nombre trapananda".

En seguida repite la misma noticia sobre el origen de estos indios que dieron Blas Ponce, la india Juana y el indio viejo y ciego, en las declaraciones que hemos trascrito más atrás.

Las declaraciones anteriores dan algunos detalles que permiten formarse una opinión aproximada sobre la región geográfica en que se suponía estar situada la tierra poblada por los Incas.

La ciudad de Córdoba, fundada el 6 de Julio de 1573 por el gobernador de Tucumán, don Gerónimo de Cabrera, en el lugar llamado Quisquisacate, cerca del río que los indios llamaban Suquia, se halla más o menos en el grado 31,5. Según las noticias de los testigos, el pueblo de Telan o Talan se hallaba a setenta u ochenta leguas al sur o suroeste, de dicha ciudad. Contando a 17,5 leguas por grado de latitud, que era la medida de los cosmógrafos de la época, resulta que Telan, al encontrarse al sur de Córdoba se hallaría entre los grados 35 y 36, y si fuera situado al suroeste su ubicación sería probablemente entre los grados 34 y 35. El pueblo de Curaca, presunta capital de la provincia de los Incas, adonde iban los habitantes de Telan a rescatar objetos de oro y plata, se encontraba como a cien leguas de este último pueblo, lo que nos llevaría, cualquiera de las dos ubicaciones que elijamos, a la región entre el río Neuquen y el Limay. Esta situación corresponde a la de los valles visitados por Gerónimo Alderete. donde se dice haberse encontrado valles con chacras cultivadas, y un pueblo en cuya posesión encontraron vasijas de oro y plata. Corresponde también exactamente a las noticias dadas por Pedro de Obiedo y su compañero, quienes dijeron haber encontrado a los Incas frente a Villarrica, o sea, entre estos dos ríos, más o menos en el grado 39.

Por otra parte, ni los compañeros de Francisco de Villagra que recorrió la región en 1552, ni los de Pedro de Villagra que pasó por allí en 1553, hablan de los Incas ni mencionan haber visto entre los indios, objetos de metal.

Entre las otras noticias independientes respecto de los Incas en la Pampa, hallamos el siguiente documento escrito en 1575 y titulado Solicitud de Gaspar de Zarate a nombre de dicha ciudad de San Juan de la Frontera, entre otras cosas pide la gobernación de la provincia de Conlara para agregarla a dicha ciudad. Pide también lo de César y el rey le responde no ha lugar.

En esta solicitud, en la cual Gaspar de Zárate figura como procurador del Cabildo de San Juan, ante Su Majestad, se lee lo siguiente: "Hazer relación que se informa a su Magestad como estan las provincias de Conlara tierras vistas bien pobladas cinquenta leguas desta ciudad y las provincias come chingones a setenta leguas desta ciudad y que hay clara certidumbre estar cierta cantidad de Ingas poblados quarenta o cinquenta leguas desta ciudad los quales dizen proceder y descender de los Ingas del Perú que se entraron conquistando la tierra adentro y entiendese que es lo que vido César según que V.M. más largamente a oydo y visto"

Con fecha 6 de Octubre de 1589, el Gobernador de Tucumán, Ramirez de Velasco, después de haber mandado su Información, solicita a S. M. que mande sacerdotes de la Compañía de Jesús para que "asi con ellos se podrá poblar aquella costa (del Atlántico, donde se suponia encontrar a los náufragos) y Estrecho de Magallanes y ellos propios conquistarian los naturales questan tierra adentro asi los yngas césares como los demás".

Aun en el siglo XVII persistían los rumores de los Incas en la Pampa. En una carta de Alonso de Ribera al Rey, fechada el 26 de Febrero de 1611, se halla entre otras cosas, que en 1610 un portugués, vecino de Córdoba, se internó en la Pampa para llevar yndios a servir en sus predios y que los yndios le mataron a él y a los que le acompañaron. "Después desto sucedió, que yendo cinco hombres al puerto de Buenos Ayres a sus granjas salió a ellos otra tropa de Indios cinquenta o sesenta leguas de Cordova y los mataron y quitaron las haziendas que llevavan y por estos dos sucesos y asegurar el camino de Cordova a Buenos Ayres mandó salir al Teniente General desta Provincia que asistia en Cordova a hazer algun castigo a los malhechores y fué con sesenta hombres que juntó en aquella ciudad y entró la tierra adentro la buelta de el Sur sueste y dió con rnuchos Indios y trajo noticias muy ciertas de que poco más adelante de donde llegó en un gran Rio que baxa de la gran cordillera de Chile habia mucha gente bestida y labradora y por acabarsele la comida y otras dificultades que se le ofrecieron con la gernte que llevaba se volvieron a Cordova donde trajo doscientos doce Indios chicos y grandes hombres y mugeres y hizo justicia de algunos que alló culpados en la muerte de los españoles que digo arriba".

Entre tanto eran innumerables las tentativas que se hicieron para llevar a efecto el descubrimiento de estas regiones legendarias.

En 1563 el general Juan Jufré, nombrado teniente de Francisco de Villagra, en Cuyo, fundó las ciudades de Mendoza y San Juan. Envió dos expediciones a explorar el territorio, una a la provincia de Conlara (San Luis) y la otra hacia el sur, para tornar noticia de la provincia de Lin Lin, Trapananda o los Césares. Se reconoció la región del río Diamante y los indios confirmaron los rumores de que mas al sur existía un pueblo que tenia abundancia de oro y plata y también que mas allá aun habían españoles que vivían en armonía con los naturales con cuyas mujeres se habían casado.

En 1565 Rodrigo de Quiroga nombró a Juan Pérez de Zurita para el descubrimiento de los Césares: "Podais entrar y entrais con gente, caballos y armas y otras cosas que os pareciesen ser necesarias a el descubrimiento e poblaciÓn de las dichas tierras que está y estubiese poblada de naturales de la otra parte de las cordilleras leste oeste hazia la mar del norte y hasta el Estrecho de Magallanes por la otra parte de la dicha cordillera donde se incluyen las provincias de la Sal, trapananda y las noticias de César que comienzan en la forma susodicha dende el pasaje del Rio de Maule en adelante hazia el dicho estrecho"

No se llevó a cabo esta entrada, sin embargo, porque debido a la sublevación de los araucanos se necesitaba la gente para la guerra y Pérez de Zurita volvió al Perú.

Cinco años más tarde, en 1570, el gobernador de Chile Bravo de Saravia intentó organizar una expedición para mandar a su yerno, Alonso Rodríguez Picado, al mismo descubrimiento. Este también fracasó porque el Virrey del Perú, Francisco de Toledo, le negó el permiso necesario, alegando que no era prudente extraer gente del reino dada la situación critica en que se encontraba.

En 1583, durante el gobierno de don Alonso de Sotomayor, el general Lorenzo Bernal cruzó la cordillera en busca de unas minas de plata. "Salió de la ciudad de Angol con ciento veinte hombres y pasada la dicha cordillera halló unos yndios algarroberos, parte de los quales tomó y el uno dellos que avia estado en Chile dixo al dicho Lorenzo Bernal delante de sus capitanes y muchos soldados como treynta jornadas de alli estavan a la ribera de un rio poblados otros hombres como nosotros a los quales avia visto y savia el camino para yr allá e deziéndole Lorenzo Bernal que si se atreveria y queria llevarles una carta respondió que si y que bolveria con la respuesta a Angol a tiempo de coger la cebada y el dicho Lorenzo Bernal le dió una carta en la qual en suma dexia lo que aquel yndio dezia y por eso y por entender eran españoles y cristianos les avisava que en la silla apostólica rresidia gregorio tercio decimo y en españa rreynava don felipe nuestro señor hijo del emperador carlos quinto y en el piru era virrey don martin enrriquez en Chile governava don alonso de sotomayor y eran tantos de arauco numero y tal letra la dominical y las fiestas mobibles las puso por su orden y les enbio una mano de papel para si quisiesen responder le tuviesen en que y desta suerte despachó al yndio el qual tambien dezia que en el camino avia muchos arenales y a tiempo unos bientos tan rrecios que arrancavan los arboles por las rraices y en Chile es muy poco porque yndios que se an tomado en la guerra desta cordillera nebada que bienen a ayudar a los de Arauco rrebelados dizen que pasada la cordillera ay españoles como nosotros hazia el mar del norte".

En 1576, Domingo de Erazo, procurador ante S. M. del gobernador García Oñez de Loyola, en una carta al rey solicitando socorro de gente, dice: "Y si la gente del Perú sobrare alguna la podrán ocupar el dicho gobernador en descubrir las provincias de Trapananda y los Césares que estan juntas a Chile y las divide una sierra nevada y son las noticias mas aprovadas y ciertas y de las mayores señales de riquezas y multitud de gente".

Mas no fue hasta principios del siglo XVII que se comenzó a tomar verdaderamente en serio el descubrimiento y población de las regiones australes de la Pampa y de la Patagonia. En este tiempo se emprendieron tres expediciones de gran aliento, que sin duda alguna eran las mas importantes que hasta entonces se habían hecho en busca de la región de los Césares. La primera era la de Hernando Arias, desde Buenos Aires; la segunda, la de Diego Flores de León, desde Chile, y la tercera y quizás más importante de todas, la de Gerónimo Luis de Cabrera, que salió de Córdoba. Aunque ninguna dio el resultado apetecido, conviene recordar algunos breves datos respecto de ellas.

En 1604, el Gobernador del Río de la Plata, Hernando Arias de Saavedra, resolvió ir al descubrimiento y conquista de los Césares y de los españoles náufragos o de sus descendientes, que algunos suponían establecidos cerca de la costa del Atlántico, y que otros imaginaban hallarse en el interior y cercanos a la cordillera. Alistó doscientos hombres y marchando por el litoral, después de inauditos esfuerzos llegó a las márgenes del Río Negro, donde fue desbaratado por los indios; y, convencido que su expedición no daría resultados prácticos, regresó a Buenos Aires, con ella completamente deshecha y diezmada.

Entretando, la leyenda de los españoles perdidos en la Patagonia se volvió a complicar con la noticia de que los sobrevivientes de las colonias fundadas en el Estrecho de Magallanes por Pedro Sarmiento de Gamboa en 1582, se habían internado en la Patagonia, donde vagaban en busca de los españoles de Chile o de los establecimientos de los Césares, como ya se llamaban a los supuestos descendientes de los náufragos de la armada del obispo de Plasencia. De manera que los grupos de españoles que se creían perdidos en la Patagonia se habían aumentado a tres.

En 1621, Diego Flores de León emprendió un viaje de descubrimiento al oriente de la cordillera, llevado por doble objeto: el de socorrer a los compañeros de Sarmiento, y luego por la posibilidad de encontrar los descendientes de los españoles perdidos ochenta años antes. Extractamos aquí la breve relación que da Medina de este viaje: "Los cuarenta y seis hombres que componian la columna de descubrimiento se embarcaron en Calbuco en unas piraguas, y corriendo siempre hacia la cordillera por el rio que llaman de Peulla, desembocaron en la laguna de Nahuel-huapi, ataron entre si las embarcaciones, y de esta manera surcaron sus aguas por espacio de ocho leguas. Grandes fueron las penurias que experimentaron siguiendo las quebradas faldas de los Andes y no poca el hambre que sufrieron por espacio de dos meses, hasta al fin toparon con un indio que les refirió que un navio habia invernado en una isla hacia el Estrecho. Dijimosle, añade Flores, que nos guiase, porque queriamos ir en busca suya y espantado de nuestra determinación se levantó en pie, que hasta aquel punto habia estado sentado en el suelo, y cogiendo muchos puños de arena, los echaba a1 aire diciendo que el guiaria, más que supiésemos que habian más indios que granos de arena tomaba él en las manos ... y por ser poca la gente con que ibamos, pareció a todos los compañeros no pasar adelante, y asi nos volvimos ...".

La expedición de Gerónimo Luis de Cabrera, nieto del fundador de la ciudad de Córdoba, fue sin duda la más importante de cuantas se había intentado, tanto por las proporciones que asumió, como por la distancia que recorrió y por su desastroso desenlace, factores que la hacen parecer épica.

Como Flores de León, Cabrera tuvo a la vista el doble objetivo de encontrar algún sobreviviente de la gente de Sarmiento y la probabilidad de descubrir los Césares.

Partió de Córdoba en el año 1622 con 400 hombres, 200 carretas con todo lo necesario para fundar una población y 6000 cabezas de ganado mayor y menor. Cruzó las provincias de Conlara y Cuyo dirigiéndose hacia el suroeste hasta llegar al río Diamante y de allí siguió al sur, orillando la cordillera de los Andes. Tropezó con frecuentes partidos de Pehuenches, pero como los españoles eran tantos, los indios no se aproximaron, sino que se huyeron hacia el sur, al territorio de los puelches, ante la invasión de su morada.

En esta marcha, encontró Cabrera nuevos elementos que vinieron a aumentar y hacer más fabulosa la leyenda de los Césares. Uno de los indios que apresaron le dijo que al oriente del camino que seguían había una Ciudad de los Árboles, que Cabrera consideró ser la de los Césares, ya que estaba en la región donde esperaba hallarla. Después de mucha persuasión el indio los llevó allá. La tal Ciudad de los Árboles resultó ser una enorme extensión de manzanares y arboledas de otros árboles frutales europeos, que ya silvestres se habían propagado de una manera asombrosa Creyó Cabrera que estaba sobre la pista y algunos fragmentos de ladrillo que encontró le convencieron más de la proximidad de los anhelados Césares. No se dio cuenta de que desde la fundación de Valdivia, Villarica y Osorno, sus pobladores, quienes tuvieron muchas de sus encomiendas al oriente de la cordillera en el territorio de los puelches y poyas, habían establecido colonias y aun misiones en los valles orientales y que después de 1580 hasta la destrucción de aquellas ciudades por los indios a fines del siglo XVI, existía un camino carretero entre Villarica y Buenos Alres, bastante traficado y patrullado por tropas destacadas de Villarica. Los árboles frutales fueron con toda seguridad plantados por éstos primeros misioneros y hallándose en clima y terreno propicios, habían aumentado hasta formar verdaderos bosques, como pasó también en muchos lugares de las provincias australes chilenas.

Cabrera se alentó más aun con las noticias que le dio un cacique de indios con quien parlamentó. Decía que más al sur, en uno de los ríos había visto españoles que navegaban en barcos pequeños. Indudablemente dichos españoles eran los de Flores de León, quienes el año antes habían cruzado el lago Nahuelhuapi y navegaron por el Limai; pero Cabrera ignoraba este dato y creyó seguro que eran los españoles o Césares que él buscaba con tanto afán.

Siguió por el valle del Neuquen hasta su confluencia con el Limai donde unidos formaban el río Negro.

Estaba ahora en pleno territorio de los indios puelches, los fieles aliados de los araucanos rebeldes y acérrimos enemigos de los españoles. Era también la región donde, de haber habido Incas, debía haberse encontrado con ellos, pero ni noticias recibió de semejante nación.

Los pehuenche's, que habían fugado ante su avance, se aliaron con los puelches y comenzaron a hostilizarle a cada paso. Cabrera creyéndose ya cerca del final de su jornada, se aprestó a cruzar el río Negro, y sacó las ruedas de sus carretas para convertir éstas en pontones Pero todo fue inútil. Los indios prendieron fuego al alto pasto con que se cubría la Pampa y quemaron su campamento, incluso las carretas, sus bastimentos y la mayor parte de su ganado. Faltándole ahora toda provisión y apremiado por las quejas de su gente, no tuvo más remedio que emprender la retirada en las mejores condiciones que podía y después de muchas penurias, batallas y dificultades de todo género, logró llegar nuevamente a Córdoba.

Como resultado de esta expedición la leyenda de los Césares se arraigó más firmemente que nunca, porque si era verdad que la expedición fracasara, habían obtenido noticias y habían visto señales que no dejaban duda en la mente de los expedicionarios que estaban cerca de los españoles que buscaban. Al mismo tiempo se convencieron que tanto lo de César como los españoles perdidos de quienes habían visto vestigios indiscutibles, debían encontrarse al sur del río Negro, ya que recorrieron por dos veces toda la región entre ese río y el Dimante sin hallarlos. Desde aquel entonces todas las expediciones posteriores se dirigieron en esa dirección.

Sin embargo, los gobernadores de Buenos Aires y Tucumán se desalentaron con tantos fracasos costosos y desistieron de nuevos empeños. Las futuras expediciones en busca de los Césares se emprendieron casi todas desde Chile y la mayor parte de ellas fueron dirigidas por los misioneros, especialmente por los jesuitas de la misión de Nahuelhuapi.

Durante el primer tercio del siglo XVII la leyenda recibió un nuevo incremento con los rumores que, después de la destrucción de la ciudad de Osorno, un número de los pobladores españoles había logrado fugarse y refugiarse en los canales al sur de la isla de Chiloé. Cómo no aparecieron más ni se recibieron noticias de ellos, se organizaron varias expediciones para ir en su busca y los dichos rumores se incorporaron en el acervo de leyendas fantásticas que ya comenzaron a circular respecto de los Césares.

El más infatigable de los buscadores fue el Padre Nicolás Mascardi, desde su misión en Nahuelhuapi. Aquí los indios poyas le dieron noticias vagas de europeos que habían visto o cuyas señales habían encontrado en distintas partes de la Patagonia, y el devoto misionero escribía cartas en siete idiomas a los Césares y las mandaba con los indios. En el sobrescrito ponía: "A los señores españoles establecidos al sur del lago Nahuelhuapi".

Los viajes del Padre Mascardi por la Patagonia forman una perfecta odisea, pero no podemos ocuparnos de ellos. Diremos solamente que a poco tiempo de hallarse establecido en Nahuelhuapi, recibió noticias de los indios de que los españoles se hallaban en la costa frente al archipiélago de los Chonos. Dos hombres de barba larga y vestidos de blanco habían tratado de llegar a la misión, pero faltándoles fuerzas para continuar su camino habían quedado en la toldería de un cacique hospitalario, y desde allí transmitieron las noticias al Padre, remitiendole como señal de la verdad de lo que decían una almilla de grana, un cuchillo cuya cacha ostentaba una figura de alquimia o bronce, y un pedazo de espada.

Mascardi remitió estas prendas al Gobernador de Chile, con cartas dándole detalles de las noticias y solicitando autorización para hacer un viaje de reconocimiento. Pasó el tiempo y no recibiendo una pronta contestación, Mascardi, sin esperar autorización se puso en camino para ir en busca de los españoles.

Se dirigió a Chiloé y de allí a los canales del sur, en las piraguas de los indios sus amigos. Llegó hasta el cabo Pilar a la entrada del Estrecho sin encontrar los Césares que buscaba y muy a su pesar, tuvo que volver, convencido de que en aquella costa no había nada que esperar.

Pero no es de creer que decayó el entusiasmo del Padre Mascardi. Vuelto a su misión en Nahuelhuapi no pasó mucho tiempo antes que le veamos emprender un nuevo viaje de centenares de leguas en busca de la elusiva ciudad de los Césares. Recibió noticias de que los indios habían visto españoles en la costa del Atlántico. Fue allá y después de esfuerzos inauditos llegó al lugar donde decían los indios estaba situada la ciudad de los huincas o extranjeros barbudos, que él no dudaba seria la ciudad de los Césares que ansiaba descubrir.

"Por fin llegó Mascardi adonde le dijeron los indios y halló por todo un pueblo de seis cuadras de largo y ancho, con pozos de agua, hechos a mano, a los que se bajaba por unos escalones de piedra; y en las calles, botijas quebradas y señas de haber dado carena, por las astillas quemadas y la brea que se encontró en una olla de fierro. Entre los indios que alli merodeaban vió sombreros, espadas, zapatos, gallinas y otras cosas de gente europea. Pero entendió que aquello no habia sido alojamiento de españoles, sino de herejes, porque no tropezó con ninguna manifestación del culto católico." (Texto de Ciro Bayo)

En esto no andaba errado, porque era uno de los campamentos de la expedición inglesa, de Sir John Narborough, quien entre los años 1669 y 1671 anduvo en esos parajes.

Después de estos viajes, se convenció Mascardi que ni por la costa del Atlántico ni por la del Pacífico se hallaba la encantada ciudad. Fatigado y disgustado por tantos trajines inútiles, sin embargo, no se desengañó con sus fracasos, ni cejó por un instante en su resolución de hacer todo lo humanamente posible para dar cima a sus aspiraciones. Algún tiempo después recibió noticias falsas que le dio un cacique llamado Antullanca, quien deseaba su muerte, y como resultado de ellas emprendió otro viaje en busca de los Césares. Esta vez cruzó toda la Patagonia hasta llegar a la vecindad del Estrecho de Magallanes, donde fue muerto por la traición de Antullanca.

Desde este tiempo la leyenda de la Ciudad de los Césares, en la cual se habían refundido todos los rumores distintos que hemos pasado en revista, asumía proporciones cada vez más maravillosas.

Culminó a principios del siglo XVIII, por las noticias difundidas por un aventurero llamado Silvestre Antonio Diaz de Rojas. Este individuo. encontrándose en Sevilla en 1714, de vuelta de América, presentó al Rey una Memoria, pidiendo auxilios para ir a la conquista de los Césares, que declara haber descubierto y estado allí. Este Memorial, que ha sido llamado el "Derrotero de Rojas"; comienza así: "Derrotero, camino cierto y verdadero desde la ciudad de la Trinidad, Puerto de Buenos Aires hasta la ciudad de los Españoles que vulgarmente llaman la Ciudad Encantada"

Dice que ha pasado casi toda su vida en aquellas regiones, "Aviendo discurrido todas o casi las más remotas y dilatadas provincias de aquellas Regiones por averme cautivado los Indios Ynfieles llamados Peguenches ... en cuyo servicio estube entre ellos cerca de tres años". A causa de su habilidad de haberse muerto el cacique, fue elegido para reemplazarle, pero después de algún tiempo, cansándose de aquella vida, los evadió y volvió a Buenos Aires. Durante estas andanzas tuvo ocasión de conocer la Ciudad Encantada de los Césares, cuyo derrotero incluye.

Según este Derrotero, que es bastante detallado, se sigue al Sur hasta el cerro de Volcán y desde allí se cruza la Pampa hasta llegar al sur de la provincia de Cuyo, y de allí faldeando la cordillera hasta el país de los Pehuenches, y que estos "corren hasta la Cordillera Nevada por la Parte del Poniente y por la Parte del Sur, comercian con los Césares o Españoles".

Treinta leguas al sur de los Pehuenches "hay un valle de Puelches cristianos, a orillas del rio Ondo" y tres leguas más al sur otro río llamado el río del Azufre.

"Prosiguiendo al mismo rumbo como cosa de treynta leguas algo más, esta otro Rio Grande muy ancho y muy apacible en sus corrientes y dicho rio adentro sale de la Cordillera de un valle grande, espacioso y muy alegre; ero cuyo valle estan y habitan los dichos Césares. Esta es una gente muy crecida y agigantada tanto por lo crecido del cuerpo no pueden ir a cavallo y ardan a pie. Estos Indios son los que vulgarmente llaman Césares, no son sino españoles que dieron en aquella costa perdida. Llámanlos asi porque están y habitan junto al río que sale del valle a donde habitan los Indios Césares. Y dichos Indios Césares es gente mansa y apacible las armas que usan son flechas grandes o arpones con que guarnecen y matan la caza, que son los Guanacos de aquella tierra y ay en abundancia que tambien usan la honda con que tiran una piedra con gran violencia. Estos Indios son los que trabajan los metales de plomo ronco y lo funden a fuego y el modo de fundir ellos los metales es diferente del nuestro, porque nosotros fundimos en hornillos y ellos en otra fabrica que llaman Guayras.

Y al pie de un cerro grande que ay en dicho valle, el más alto y derecho en cuya raiz tiene un cerrito negro muy abundante que parece tener metal de Plata y es de piedra Iman muy fina y ay piedras del tamaño de tres quartas y si se buscan se hallaran más grandes que es cosa de admiración. Estos Indios no trabajan sino en el metal de plomo ronco por ser suave y blando y no trabajan los otros metales ricos de plata; lo uno porque no lo saben fabricar y lo otros porque no ay azogue y por estas causas no hazen aprecio de los demás metales ricos aunque hay muchisimos.

Saliendo de adentro de el dicho valle por la orilla deste dicho Rio Grande como cosa de seys leguas abajo se hallará el passo o Portezuelo por donde llegan a los Españoles que habitan de la otra parte del Rio, con sus embarcaciones pequeñas (que no tienen otras) y como cosa de tres leguas más abaxo, se halla el passo donde vadean los de a caballo en el tiempo de cuaresma por estar lo más del tiempo muy crecido el dicho rio."

Es de notar que Rojas distingue entre los españoles perdidos y los Indios Césares, cuya descripción hace en los párrafos copiados. En seguida hace unos párrafos que titula:"Descripción de la Ciudad de los Españoles".

"Esta ciudad está en la otra parte Oeste de dicho Río Grande y está poblada en un llano y fabricada más a lo largo que en quadro casi en la misma planta de Buenos Aires. Tiene hemosos edificios de Templos y casas de piedra labrada y bien tejadas al uso de nuestra España. En las más dellas tienen Indios Christianos para la asistencia de sus casas y hazierdas que ellos con su educación han reducido a nuestra Santa Fe Cathólica. Tiene dicha ciudad por la parte del Poniente y el Norte la Cordillera Nevada en la qual han abierto muchísimos Minerales de Oro y de Cobre y siempre están continuamente labrando en dichos metales ricos.

Tiene por la parte del Sur hasta el Oriente dilatadas campañas, donde tienen las estancias de ganados mayores y menores que son muchisimos. También tienen sus heredades para sus recreos con mucha abundancia Penjales en donde cogen muchísima cantidad de Granos y Hortalizas adornados con sus Alamedas de diferentes árboles frutales que cada una de ellas es un Paraíso, solo carecen de viñas y olivares por no tener sarmientos para plantarlos. También tienen por la parte del Sur cosa de dos leguas, poco más la Mar vezina, de donde se proveen de Pescado rico y Marisco para el mantenimiento del Invierno. Y finalmente, por no ser molesto en esta descripción digo que es el mejor temperamento y más benévolo que se halla en toda la América porque parece segundo Paraiso Terrenal; segun la abundancia de sus arboledas de Cipreses, Cedros, Alamos, Pinos, Naranjos, Robles y Palmas y la abundancia de diferentes frutas muy sabrosas. Y es tierra tan sana que la gente muere de pura vieja porque el clima de la tierra no consiente achaque niguno por ser la tierra fresca por la vezindad que tiene de las Sierras Nevadas. Solo faltan españoles para poblar y desentrañar tanta riqueza. Nadie debe creer exageración lo que se refiere por ser la pura verdad, como que yo lo anduve y toque con mis manos".

Después de varios años de consultas con la Gobernación de Chile y con el Virrey del Perú, con la Junta de Misiones etc., se decidió no emprender el descubrimiento, sino encargarlo a los misioneros, aunque, según Angelis, el Rey, en 1716, expidió una orden, con fecha 18 de mayo para que se acometiera la entrada a los Césares, desde Buenos Aires, llevando por guía a Rojas. Esto, sin embargo, no está de acuerdo con los documentos que hemos consultado.

La expedición que solicitaba Rojas no se llevó a cabo, pero las fabulosas noticias se propagaron y tuvieron mucha aceptación en la credulidad pública y ayudaron poderosamente a aumentar la fama de la Ciudad Encantada de los Césares; la que creció unos pocos años más tarde por la relación de un fraile franciscano Pedro Gerónimo de la Cruz, quien repitió lo que dijo Silvestre Díaz en su Memorial. Agregó que dicha noticia la había recibido de su padre quien también había sido testigo ocular de la grandeza de la ciudad.

No es del caso seguir el desarrollo posterior de la leyenda, cada vez más estrafalaria, la que continuó preocupando a los gobernantes y al público, por otro siglo más, ocasionando numerosas expediciones nuevas, oficiales y particulares.

El estado actual de la leyenda
Todavía quedan en el folklore de Osorno y Chiloé recuerdos de esta leyenda. Francisco Cavada en su Chiloé y los Chilotes (Santiago, 1914) relata la forma actual con que figura en el folklore popular de la isla. Escribe: "La leyenda de la Ciudad de los Césares, cuyo origen no expondremos aquí por ser conocido en todo el país, estuvo un tiempo muy extendida y acreditada en la provincia. Misioneros franciscanos y jesuitas y no pocas personas ilustradas emprendieron en el siglo pasado varias expediciones al Sur, con el objeto de descubrir la fabulosa ciudad. El padre Menéndez franciscano, hizo cuatro viajes consecutivos en demanda de ella. Y hace pocos años salió una nueva expedición, capitaneada por respetables vecinos del Archipiélago."

Y esta leyenda, casi totalmente perdida en el resto del país, se conserva todavía en el vulgo de la Provincia. "César - así se la llama — es una ciudad encantada. No es dado a ningún viajero descubrirla aun cuando la ande pisando"

"Una niebla espesa se interpone siempre entre ella y el viajero, y la corriente de los ríos que la bañan refluye para alejar las embarcaciones que se aproximan demasiado a ella.

Sólo al fin del mundo la ciudad se hará visible para convencer a los incrédulos que dudaron de su existencia.

El pavimento de la ciudad es de plata y oro macizos. Una gran cruz de oro corona la torre de la iglesia. La campana que ésta posee es de tales dimensiones, que debajo de ella pueden instalarse cómodamente dos mesas de zapatería con todos sus útiles y herramientas. Si esa campana llegara a tocarse, su tañido se oiría en el mundo entero.

Para mejor asegurar el secreto de la ciudad, no se construyen allí lanchas ni buques ni ninguna clase de embarcaciones.

El que una vez ha entrado en la ciudad, pierde el recuerdo del camino que a ella le condujo y no se le permite salir sino a condición de no revelar a nadie el secreto y de regresar cuanto antes a ella.

Nada dice la leyenda del castigo impuesto a los violadores del sigilo; pero se supone que ha de ser terrible" (pp. 87 88).

Julio Vicuña Cifuentes recogió una breve versión que corre actualmente en la ciudad de Santiago de Chile; que dice: "La Ciudad de Los Césares está encantada en la cordillera de los Andes, a la orilla de un gran lago. El día de Viernes Santo se puede ver, desde lejos, como brillan las cúpulas de sus torres y los techos de sus casas, que son de oro y plata macizos. Los habitantes que la pueblan son los mismos que la edificaron, hace ya muchos siglos, pues en la Ciudad de los Césares nadie nace y nadie muere. El día que la ciudad se desencante, sera el último del mundo, por lo cual nadie debe tratar de romper el encanto".

Otra versión recogida también en Santiago dice que "un anciano religioso que habitó tres años en la famosa ciudad, que por permisión divina conservó su memoria cuando estuvo en ella y después que la abandonó, referia las maravillas de aquel portentoso país En tiempo que vivió en la ciudad encantada, tuvo ocasión de hablar con amigos suyos que llegaron a ella y ninguno le reconoció, ni se reconocieron a sí mismos, cuando él les dijo quienes eran. A muchos de ellos encontró después, en las casas de sus familias, y no recordaban tampoco haber estado en la ciudad encantada."

Según el rumor general "todo en ella es oro, plata y piedras preciosas. Nada puede igualar a la felicidad de sus habitantes, que no tienen que trabajar para subvenir a las necesidades de la vida, ni están sujetos a las miserias y dolores que afligen a1 común de los mortales. Los que ahí llegan, pierden la memoria de lo que fueron, mientras permanecen ella y si un día la dejan, se olvidan de que la han visto".

"Hoy mismo corre con visos de histórica en Chiloé la siguiente leyenda, destinada a explicar una fábula por medio de otra fábula. "Tres buques que llevaban la contribución de oro para la corona de España, sorprendidos por una furiosa tempestad, se perdieron en la costa sur de Chile, entre Chiloé y Magallanes. Como nunca se supo de ellos, la gente empezó a suponer que los tripulantes se habrían salvado en alguna isla u otro paraje remoto, y fundado allí algún pueblo. Agregaban, que, gracias al oro que llevaban, en una cantidad asombrosa a bordo de las naves, los náufragos habían podido construir de este metal la vajilla de que se servían y hasta los instrumentos de labranza con que empezaron a cultivar aquellas misteriosas tierras" (del libro: Mitos y Supersticiones, por Julio Vicuña Cifuentes, Santiago, 1915).

En siglos anteriores esta tradición, leyenda o mito era conocido en España, en el Perú, en Chile, en Tucumán, en Río de la Plata, en Paraguay, y al igual de la leyenda de El Dorado se esparció por el mundo civilizado, incorporándose en el folklore de todos los países de la parte meridional de Sud América.

Conclusiones del autor
Hemos visto la forma en que originó y las principales fases de su desarrollo. Resultó ser la combinación de varios hechos independientes, comprobados o dudosos, pero que en el fondo eran posibles y aun probables. Poco a poco iban confundiéndose y tomando un aspecto cada vez más maravilloso, hasta perder completamente todos sus detalles primitivos, para convertirse en fábula.

Naturalmente uno se extraña de cómo pudo existir tanta credulidad y cómo pudo mantenerse viva por tanto tiempo una leyenda que parecía ser tan fantástica, dada la fama que asumió desde fines del siglo XVII. Para comprender esto es preciso tomar en cuenta varios factores. En el primer lugar, no debe creerse que los gobernantes ni los círculos oficiales de España fuesen tan crédulos como parece. En los Archivos de Madrid y Sevilla, en Chile, del Perú y de Buenos Aires, existían los antecedentes de todas las gestiones anteriores, y se supo que había algún fundamento para las creencias en boga. Esto se hace patente a quien lee las extensas informaciones a que hemos hecho referencia.

El país misterioso de César no se había vuelto a descubrir y la tradición de los Incas en la Pampa, cuya existencia era garantizada por las declaraciones de tantos testigos, llevaba los visos de la probabilidad porque en varias ocasiones se habían visto y aun rescatado entre los pehuenches, puelches y otras tribus de las Pampas, objetos de oro y plata de tipos incaicos, que no podrían haber procedido sino de las regiones recorridas por ellos.

Luego la tradición de que uno o quizá dos grupos de españoles procedentes del naufragio de los buques de la armada del obispo de Placencia se habían salvado, internándose en la Patagonia era bien fundada y lógica. Era igualmente razonable suponer que se habían casado con mujeres indias y que aumentaron grandemente en las generaciones siguientes. Era justo suponer también que, teniendo todo lo necesario para fundar una colonia, lo habían hecho. Como en los tiempos se tenia una idea exagerada del número de indios que habitaban en la Pampa y en la Patagonia, se creía que si estos españoles o sus descendientes no habían venido a buscar a los de Chile o del Río de la Plata, seria porque estaban encerrados por tribus hostiles que no los dejaban pasar.

La idea que debían tener riquezas de oro y plata no era tan extravagante como puede parecer ahora. Debe recordarse que nada se sabia de la geografía o de la geología de aquellas regiones, que eran completamente incógnitas. El aliciente de todos los españoles de la época era el de encontrar ricas minas de los metales preciosos y era humano creer que los españoles perdidos pudieron haber encontrado semejantes tesoros y a medida que se enriquecieron, haber construido una gran ciudad, como habían hecho sus compatriotas en todas las partes de la América a donde habían llegado.

Aparentemente no había ninguna razón para que estas colonias, tanto la de los Incas como las de los españoles náufragos, no floreciesen. Las que se habían establecido en Chile y en las ciudades argentinas se habían arraigado y aumentado. Sus primeros pobladores se habían casado con mujeres indigenas y progresaban, de manera que no existía razón, al parecer, para que las colonias establecidas en la Patagonia no hiciesen otro tanto. No quedaba duda respecto de la existencia de dichas colonias, los rumores eran insistentemente repetidos y procedían de demasiadas fuentes distintas para poderlas rechazar. Así es que la confianza de los gobernadores estaba, hasta cierto punto, justificada. Personalmente estamos persuadidos, después de un examen imparcial de toda la cuestión, que dichas entidades tuvieron una existencia verdadera, originalmente.

El error de los funcionarios y gobernantes estribaba en un factor que nunca comprendieron ni tomaron en cuenta; pero que explica de una manera muy sencilla y muy lógica la razón por que nunca se encontraron tales colonias.

Tomamos el caso de los náufragos de la nao capitana que se perdió en el Estrecho. Según la relación de Pedro de Obiedo se salvaron doscientas cuarenta personas, y es de suponer que todas o casi todas ellas acompañaron al capitán Arguello y se establecieron en la Patagonia, al sur del grado 46. Un número indeterminado de ellos perderían sus vidas en las constantes peleas con los indios y otros peligros, enfermedades y accidentes, pero con probabilidad la mayor parte llegarían a radicarse en la orilla de la gran laguna de que habla la relación. Aquí los hombres solteros se casarían con las mujeres indígenas. A medida que se concluían los recursos llevados de la nave, y sin esperanza de poderlos renovar, los españoles serían obligados a adoptar la vida de cazadores de los indios. Aun suponiendo que llevasen consigo ciertos elementos de agricultura y de horticultura, el clima y el suelo no eran propicios para estas industrias; les pasaría lo de los colonos llevados al Estrecho por Pedro Sarmiento de Gamboa, cuarenta años más tarde, y en dos o tres años a lo sumo, habrían desistido de sus ensayos infructuosos. Aunque al salir del lugar del naufragio pueden haber llevado ciertos animales domésticos, es probable que estos quedarían luego agotados por los indios, que eran esencialmente cazadores y hostiles a los recién llegados. Quizá sobrevivieron algunos ovejunos, ya que vemos por las relaciones de los indios de Blas Ponce que los incas de la Pampa parecen haber tenido de esta costa, que a ser cierto no pueden haber obtenido sino de los españoles de nuestra referencia. Sin embargo, todo esto es muy vago y conjetural. Lo que parece seguro, es que sin comunicación con el mundo externo, es imposible que puedan haber desarrollado una cultura europea, porque les faltaban todos los elementos para su continuación, ni tenían de donde conseguirlos, aun suponiendo que hubiesen poseido los conocimientos de las diferentes industrias, lo que también es dudoso. Encontrándose en un medio nuevo, sin otros recursos que los que les proporcionaba la naturaleza circundante, tendrían que adaptarse a la vida de los indios, la única posible en aquellas condiciones.

El número de mujeres españolas era muy reducido y, según todas las noticias, la mayor parte de los náufragos se unieron con las mujeres nativas. Esto lo habían hecho sus compatriotas en las conquistas de Perú, Chile y otras partes, de manera que no es para llamar la atención. Pero en aquellos países hubo una corriente constante de españoles y españolas y los solteros que llegaban después se casaban con las mestizas. De esta manera la sangre española se renovaba constantemente. Con la pequeña colonia aislada en el corazón de la Patagonia, pasaba una cosa muy distinta. El mestizaje era unilateral. No hubo ninguna renovación de la sangre europea y en muy breves generaciones esta se extinguió quedando solamente el recuerdo.

Los hijos de la primera generación eran mestizos de media sangre y puede ser que muchos de ellos se casaran entre sí, pero no todos. Los caciques indios se apoderarían de muchas de las mestizas, y de los varones un número considerable se casarían con mujeres indigenas. Así es que la mayor parte de la tercera generación tendría solamente una cuarta parte de sangre española y tres cuartas de indígena. En las generaciones subsiguientes se perdería todo indicio de la sangre europea y el elemento español habría desaparecido, absorbido por el indígena.

La lengua española habría desaparecido más rápidamente aun; probablemente durante la tercera generación. La lengua que aprenden los niños es la materna, en este caso la indígena, y solo algunos de ellos aprenden la paterna, cuando esta es diferente. Sobre todo pasa tal cosa cuando la lengua materna es la del país en que habitan. Esto se nota aun en la actualidad, donde en Chile y otros países sudamericanos, los hijos y nietos de los extranjeros establecidos en ellos, raras veces hablan las lenguas originales de sus padres, especialmente cuando estos se casan con mujeres criollas.

Con la misma rapidez y por las mismas razones, perderían todo indicio de la civilización aportada por los colonos originales, porque no había medio ni de continuarla o de renovarla. La mayor parte de las industrias caseras son las practicadas por las mujeres. Las artes e industrias fabriles europeas no podrían instalarse por la falta absoluta de elementos o de materias primas, y faltarían también una gran parte de los conocimientos necesarios. Es probable que, en un principio, los españoles harían algunas tentativas esporádicas de propagar la agricultura y quizá el tejido; pero no darían resultado, por motivos obvios y tendrían que ajustarse a la manera de vivir de los indios, vistiendose de pieles y dedicándose a la caza y a la pesca.

En la segunda, o a más tardar la tercera generación, los descendientes de los españoles habrían perdido su lengua paterna como también todo vestigio de su civilización y serian indistinguibles de sus parientes indigenas.

Heros visto que, en el caso de haber existido esta colonia, se hallaría al sur del río Negro. Pues las primeras exploraciones de estas regiones se hicieron a fines del siglo XVII, más de cien años despues del naufragio, cinco o seis generaciones despues del establecimiento de los españoles en la Patagonia y cuando todos sus vestigios se habrían desaparecido. No es de extrañarse entonces que no se diera jamás con ellos.

Una cosa muy parecida debe haber pasado con los grupos de Incas refugiados en la Pampa y por idénticas razones.

Debe recordarse que estos establecimientos, tanto de los Incas corno de los Españoles, tuvieron lugar antes de la Conquista de Chile por Pedro de Valdivia y mucho antes de la fundación de las ciudades argentinas. La verdadera situación de lo de César era completamente ignorada y cuando la región fue descubierta y explorada, no la conocieron los españoles y siempre la buscaban mucho más al sur.

Las primeras expediciones en busca de lo de Cesar se internaron muy poco hacia el sur y en ninguna ocasión llegaron cerca de donde se habían radicado las mencionadas colonias. Sólo en el siglo XVII, las de Hernando Arias, de Diego Flores de León y de Gerónimo Luis de Cabrera, llegaron al río Negro, sesenta o setenta años despues del establecimiento de las colonias de Incas y aunque hubiesen topado con sus descendientes, no los habrían reconocido, porque andaban buscando gente culta, con grandes ciudades y riquezas y no indios salvajes y nómades que habían ya perdido su lengua y cultura originales. Pasaron otros cincuenta o sesenta años antes de que los primeros exploradores penetraron en la Patagonia, y se puede decir que antes de los viajes del Padre Mascardi, ese territorio era tierra incógnita.

Por otra parte, como hemos visto, no todos los rumores que corrían por la Pampa se referian a las entidades que ya se habían dado en llamar los Césares. Algunas de las tribus que llegaban a las vecindades de Córdoba y Buenos Aires hablaban de los extranjeros que habían visto y de las ciudades que habían fundado estos. Muchos de estos rumores se referian a otras ciudades existentes en los países poblados de españoles. Al correr de tribu en tribu los rumores se hacían mas y mas vagos y los españoles que los recogían los interpretaban a su modo formando a menudo fantasías que no existían sino en su propia imaginación. También, de vez en cuando, tocaban en algún puerto o caleta de la Patagonia, buques de españoles, franceses, ingleses u holandeses y los indigenas propagaban las noticias de haber visto en la costa otros hombres blancos y barbudos, iguales a los españoles. En su mayor parte estas noticias se creían referir a los españoles náufragos o sus descendientes, porque no se dieron cuenta que los dichos descendientes se habrían revertido al tipo indio y al salvajismo.

De esta manera se renovaba constantemente la tradición. Como a pesar de los constantes nuevos rumores y noticias, no aparecían nunca ni los Césares ni su ciudad o colonia, la leyenda iba tomando un aspecto cada vez más maravilloso y se comenzó a hablar de una ciudad encantada, invisible o que se ocultaba cuando la buscaban los extraños, etc.

En nuestro sentir, es ésta la explicación de la leyenda; la que tuvo su fundamento en hechos verídicos de diferente indole, pero cuya evolución se complicaba cada vez más, hasta formar una madeja de fábulas fantásticas que ocultaban y desfiguraban completamente los detalles fundados de los primeros rumores.

Los hechos que se pueden considerar como ciertos, eran, la existencia al oeste del río Parana (Sancti Spiritus) de un territorio cuyos habitantes tenían conocimientos de los metales preciosos y que fue llamado lo de César; el naufragio del buque de la armada del obispo de Plasencia en el Estrecho; el salvamento de la tripulación y su internación en la Patagonia.

Es un hecho probable que se salvara en otro punto de la costa de la Patagonia, la tripulación de un segundo buque de la misma armada, aunque las pruebas de este acontecimiento no son muy claras.

Es posible también, por no decir probable, que consecuente con la conquista del Perú por los españoles, la ejecución de Atahualpa por los conquistadores y la invasión del noroeste argentino y el territorio de Chile, algunas de las guarniciones que los Incas mantenían en aquellos países, se hayan refugiado en las pampas, donde durante algún tiempo conservaron su independencia, siendo luego exterminados o absorbidos por los habitantes salvajes y nómades de aquellas regiones.

Sobre estos diversos elementos de orden concreto comprendidos y mantenidos separados por los primeros españoles, se levantó más tarde una serie de relaciones fabulosas y ficticias que culminó en el mito más moderno de la Ciudad Encantada de los Césares.

Extraído de la obra publicada en la "Revista Chilena de Historia y Geografía"
La leyenda de los Césares
Ricardo E. Latchman (1929)


Que te diviertas!