06 julio 2021

Toda la verdad sobre Menem y la estratósfera

Año 1996. El entonces presidente Menem inaugura el ciclo lectivo en la provincia de Salta. Caras soñolientas y/o pasmadas lo oyen dar un discurso cuando menos llamativo; momento que pasaría a la posteridad como uno de los más absurdos en un gobierno de por sí dado a lo que en Argentina mal denominamos bizarro.
 
Mucho se ha especulado sobre estas enigmáticas palabras. El consenso general suele despachar el asunto como una simple broma de dudoso gusto; otros hablan de una apuesta, acaso con Corach: “A que no te animás a decirlo”. Lo cierto es que, más allá de lo adecuado o no del tiempo y el espacio en que tal discurso fue pronunciado, veremos que hay una tenue atmósfera de verdad en todo el asunto.

A principios de la década de los 90, el gobierno de los Estados Unidos emprendió el diseño de una nueva clase de nave espacial capaz de despegar y aterrizar verticalmente. Se consideraba que la tecnología había alcanzado el grado de madurez suficiente, a partir de los avances realizados por la Iniciativa de Defensa Estratégica. (SDI por sus siglas en inglés, pero más popularmente conocida como la Guerra de las Galaxias de Ronald Reagan.)

Se esperaba que estas naves siguieran una sencilla trayectoria parabólica, uniendo dos puntos cualquiera del planeta en muy breve tiempo, a un costo de operación y mantenimiento igual al de los sistemas de aviones convencionales.

Un primer prototipo no tripulado fue construido por la empresa McDonnell Douglas, y fue bautizado DC-X. Siglas de Delta Clipper: el clíper es un tipo de embarcación a vela del siglo XIX, característico por su alta velocidad, y Delta hace referencia a la similitud de la nave con la letra griega Δ. Otro prototipo, el X-33, fue desarrollado por Lockheed Martin. (Si bien este no salió jamás de los tableros de diseño.)

Fue precisamente Lockheed Martin Aircraft quien se hizo cargo en 1995 de la concesión de la empresa Área Militar Córdoba. (Lejana y díscola descendiente de la original Fábrica Militar de Aviones establecida en 1926 en Córdoba por Marcelo T. de Alvear —en la actualidad ha mutado a Fábrica Argentina de Aviones “Brigadier San Martín”, una sociedad anónima de capitales estatales creada en 2009, que adquirió el paquete accionario de Lockheed; aunque no se tiene noticia si desde entonces ha producido algún aeroplano.) A la luz de estos datos, no resulta difícil establecer la conexión: si bien el proyecto original planteaba que hubiera bases en todos los estados de EE.UU., Menem pudo haber fantaseado con una eventual base en nuestra provincia mediterránea, con el consiguiente aprovechamiento de ese capital simbólico.

De todos modos, el proyecto no se materializó. El X-33 era muy pesado y difícil de maniobrar; y el prototipo en escala 1:3 del Delta Clipper, tras algunas pruebas muy prometedoras, sufrió un severo accidente que le significó un fuerte recorte en los fondos de desarrollo y finalmente su cancelación.

En los últimos años, el concepto ha sido reflotado por algunas compañías privadas que ven en él un negocio potencialmente muy redituable, pero no se esperan resultados concretos antes de varias décadas. Veremos si entonces Menem puede ver sus alocados sueños hechos realidad.

 

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