31 agosto 2020
30 agosto 2020
29 agosto 2020
La Porteña
El 29 de Agosto de 1857 la locomotora «La Porteña», hizo su primer trayecto conduciendo un convoy entre la estación del Parque (lo que hoy sería la Plaza Lavalle) y la localidad de Floresta. Recordemos que el 28 de Junio de 1853, en difíciles circunstancias para el país, el doctor Pastor Obligado había asumido la gobernación de la provincia de Buenos Aires, cuando apenas se había cumplido un año desde la derrota de JUAN MANUEL DE ROSAS en la batalla de Caseros (3 de Febrero de 1852) y se producía el retorno masivo de antiguos emigrados que, perseguidos por el régimen rosista, conservaban tenían muchos prejuicios y resquemores con respecto al general Justo JOSÉ DE URQUIZA, el nuevo hombre fuerte del país. Muchos temían que el entrerriano se transformara en un nuevo tirano, tal vez peor que el que se acababan de sacar de encima.
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| ‘La Porteña’, realizó el primer viaje en tren en la Argentina el día 29 de Agosto - 1857 |
A fines de 1852, aprovechando que URQUIZA se encontraba fuera de Buenos Aires, una extraña alianza conformada por antiguos rosistas y los viejos emigrados unitarios, recién retornados, tomó el poder y constituyó el «Estado de Buenos Aires»: una entidad separada del resto de la «Confederación Argentina». La sola sospecha de que el país se unificara y que Buenos Aires perdiera la gestión del puerto y el manejo de la aduana, hizo aglutinar a casi todo el espectro político porteño, en contra del victorioso general entrerriano, que era apoyado por el resto de las provincias. De este modo empezaba un grave conflicto y una secesión que duraría diez años. Con posterioridad, las provincias confederadas (sin la participación de Buenos Aires) sancionarían la Constitución Nacional, el 1º de Mayo de 1853. Buenos Aires sancionaría la suya al año siguiente.
Los roces, enfrentamientos, sitios y bloqueos entre el Estado bonaerense y la Confederación fueron, a partir de entonces, permanentes; y cosa de todos los días. En medio de este tumultuoso panorama, el gobernador PASTOR OBLIGADO empezó a encarar una serie de reformas y adelantos en Buenos Aires, principalmente con los ingresos de la Aduana; que no tenía que compartir con el resto de las provincias. Fue paulatinamente convirtiendo los viejos Fuertes de frontera en poblados. Serían el germen de muchas de las actuales ciudades bonaerenses. Fundó escuelas primarias, y comenzó las obras para proveer el servicio de agua potable a la capital; así como el alumbrado público, mediante gas. La capital pasaba, rápidamente, de ser la simple aldea rural que había dejado ROSAS, a transformarse en una urbe cosmopolita, al mejor estilo europeo. Para el 14 de octubre de 1855 el gobernador, con su gabinete, presenciaron la primera transmisión telegráfica, realizada por ADOLPHE BERTONNET, un armero francés, mediante una línea tendida entre el Hotel de Provence (ubicado en calle San Martín Nº 365) y un local donde el italiano LUIGI BARTOLI ofrecía daguerrotipos (fotografías de entonces), frente a la actual Plaza de Mayo.
El 9 de enero de 1854 la Comisión de Hacienda de la Legislatura presentó un proyecto para construir un ferrocarril (una gran novedad en el campo del transporte), para comunicar Buenos Aires, con los poblados del Oeste. El ferrocarril tuvo importantes impulsores en JUAN BAUTISTA ALBERDI, FAUSTINO DOMINGO SARMIENTO y hasta el propio URQUIZA, del lado de los «confederados». El 12 de enero OBLIGADO otorgó a la Sociedad Caminos de Hierro de Buenos Aires al Oeste la concesión para realizar la obra. Esta sociedad, conformada por comerciantes de la ciudad, bregaba desde el año anterior, en la necesidad de traer los trenes; pues, darían un gran impulso al transporte de pasajeros y de carga, y serían una importante muestra del poderío porteño frente a la Confederación Argentina. A poco de iniciar las obras, la sociedad pidió que el futuro tren no funcionara con locomotoras a vapor; pues era mejor «emplear el caballo, tan barato en el país, en lugar del carbón fósil, tan caro en él». Era más económica la tracción a sangre, abundante en la pampa, a importar carbón, para calentar las calderas de las máquinas. La concesionaria dudaba de la rentabilidad de su emprendimiento; pues no se sabía qué acogida iba a tener el nuevo medio de transporte, en una sociedad no acostumbrada a los adelantos modernos. Parece que esta petición no tuvo respuesta favorable, toda vez que los concesionarios debieron importar, de todos modos, locomotoras a vapor. La Legislatura aprobó la donación de los terrenos públicos necesarios para el tendido de las vías, y la construcción de las estaciones; así como beneficios impositivos para el concesionario, y la posibilidad de que las maquinarias se importaran libres de derechos. Para el emprendimiento se contrataron ciento cincuenta obreros y tres ingenieros extranjeros (uno de ellos, GUILLERMO BRAGGE, había construido el primer ferrocarril de Río de Janeiro).
La primera estación ferroviaria argentina se denominaba «El Parque», y estaba ubicada donde hoy funciona el Teatro Colón (Tucumán y Cerrito). El tendido de las vías cruzaba la actual plaza Lavalle, y proseguía hacia el Oeste por la calle del mismo nombre, atravesaba Callao, y tomaba la diagonal Enrique Santos Discépolo (entonces Rauch), doblaba hacia el Oeste por Av. Corrientes hasta llegar a Av. Pueyrredón; donde giraba hacia el Sur, para llegar a la actual estación de Once; desde allí continuaba el trayecto del actual Ferrocarril Domingo Faustino Sarmiento, hasta arribar al entonces pueblo de Floresta, al Oeste de la actual ciudad de Buenos Aires; donde quedaba la estación terminal del recorrido. Era un trayecto de más de trece kilómetros de vías férreas.
Mientras avanzaban las obras, el 25 de diciembre de 1856 arribaba al puerto de Buenos Aires la primera locomotora destinada al flamante ferrocarril, fabricada por The Railway Foundry, Leeds, en Inglaterra. Es controvertido su origen. RAÚL SCALABRINI ORTIZ sostuvo siempre que «había sido construida para la India y empleada en el sitio de Sebastopol, durante la guerra de Crimea. La difusión de la trocha ancha entre nosotros (poco habitual en el mundo) se debe a esa circunstancia fortuita)». Otros creen que la máquina vino directamente de Inglaterra, sin pasar por la península de Crimea. No faltan quienes creen que se trataba de un equipo obsoleto; adquirido como baratija por la «Sociedad Caminos de Hierro de Buenos Aires al Oeste», ante la imposibilidad de desarrollar los trenes tirados por caballos, como era su idea originaria y que finalmente prestó servicios por más de cuarenta y tres años.
Un carro tirado por treinta bueyes acarreó la locomotora desde el puerto hasta la estación del Parque. Pesaba 15.750 kgs.y viajaba a una velocidad de 25 km/h., Cuando hubo que darle un nombre, las autoridades no dudaron. En pleno conflicto con el resto de las provincias, decidieron reivindicar exclusivamente, para sí, la llegada de este gran adelanto. La bautizaron la «Porteña». Los vagones de pasajeros eran cuatro coches lujosos y de madera. Tenían cuatro ejes y estaban iluminados con lámparas de aceite. Albergaban a treinta pasajeros cada uno y se ingresaba por una entrada lateral, en medio de cada vagón. Aún puede verse uno de ellos, junto a la primera locomotora criolla, en el Complejo Museográfico Provincial «Enrique Udaondo» de Luján. Había también doce vagones de carga, también de madera, con capacidad para transportar hasta cinco toneladas cada uno. La máquina vino con los primeros maquinistas: los hermanos ingleses JOHN y THOMAS ALLAN; quienes capacitaron a los que operarían el tren. Según se cuenta, previo a la inauguración, hubo ensayos del nuevo convoy, durante los cuales se produjeron algunos inconvenientes. Descarrilamientos y hechos vandálicos de los inadaptados de siempre que se mantuvieron en secreto para no alarmar a los posibles usuarios, que aún veían con desconfianza un transporte que andaba sobre rieles y echaba humo, casi frustraron el debut de la «Porteña».
Pese a ello, todo estuvo listo para el viaje inaugural, previsto para el día sábado 29 de agosto de 1857. La jornada había amanecido soleada y prometía lo mejor. En la Estación del Parque, estaban presentes, con sus mejores galas, el gobernador PASTOR OBLIGADO, y varias celebridades de entonces: VALENTÍN ALSINA, DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, BARTOLOMÉ MITRE, DALMACIO VÉLEZ SÁRSFIELD, ESTANISLAO DEL CAMPO y los directivos de la concesionaria. Engalanaba el evento la presencia del cacique JOSÉ MARÍA YANQUETRUZ, luciendo un llamativo uniforme militar argentino. Luego de la Misa, se bendijeron las locomotoras: la «Porteña» y su gemela, la «Argentina», llegada al poco tiempo, después que su hermana.
Luego del servicio religioso y de los discursos de rigor, partió la «Porteña», decorada con banderas y paños alegóricos, conducida por el italiano ALFONSO COVAZZI, que también ofició de fogonero. Una multitud, entusiasmada, despidió a la primera formación, que desde Plaza Lavalle se dirigía a Floresta. Al arribar el tren al entonces pueblo de San José de Flores, lo recibió una muchedumbre de curiosos, y una banda militar, con los marciales acordes de la «Marcha a Lavalle». El viaje prosiguió, sin inconvenientes, hasta la estación terminal del recorrido, en Floresta. Allí también un numeroso público esperó al convoy. En festejo por la exitosa experiencia, la empresa homenajeó a los pasajeros con un refresco, en un restaurante cercano. Al día siguiente, se habilitaba el servicio para el público en general. Al principio había dos frecuencias diarias en ambos sentidos. Con posterioridad, se agregó una frecuencia nocturna. El pasaje costaba diez pesos en primera clase y cinco, en segunda (en vagón descubierto). Durante ese año de 1857 el primer tren argentino transportó 56.190 pasajeros y 2.257 toneladas de carga y más del 33 % de los entonces 170.000 habitantes de Buenos Aires, habían usado el ferrocarril, en su año inaugural. Así se introducía, en nuestro país, un moderno, económico y eficaz medio de transporte, que contribuiría a que la Argentina se posicionara, pocos años después, como un país próspero, pujante y un ejemplo para Sudamérica.
Extraído de un artículo firmado por Juan Pablo Bustos, abogado e ingeniero, autor de varias obras sobre historia argentina.
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28 agosto 2020
El evento Carrington
Un 28 de agosto pero de 1859 sucedería la mayor tormenta solar jamás conocida. El evento Carrington daria lugar a auroras boreales que llegarían al Caribe y destruiría las telecomunicaciones de entonces, el sistema de telégrafo.
La mayor tormenta solar de que se tiene constancia ocurrió en 1859. Se la conoce como “evento Carrington”, en homenaje a Richard C. Carrington, el astrónomo que detectó una inusual actividad solar poco antes de que sus efectos se notaran en la Tierra. Pero, por entonces, aún se desconocía la relación entre aquella actividad solar y los fenómenos que se precipitarían sobre el planeta pocas horas después del descubrimiento de Carrington. Era impensable que un acontecimiento que tenía lugar a tantos millones de kilómetros de distancia pudiera afectarnos de manera directa.
Los primeros indicios se dieron el 28 de Agosto de aquel año, cuando se comenzaron a ver auroras boreales en latitudes muy poco acostumbradas a las mismas. Días después, la mañana del 1 de Septiembre de ese año, a las 11:18 según anota en su testimonio, Richard Carrington, uno de los astrónomos solares más reputados de Inglaterra, se encontraba estudiando el aspecto de un grupo de manchas que le habían llamado la atención por su gran tamaño. De repente, dos puntos brillantes de color blanco aparecieron sobre las mismas, se intensificaron rápidamente y adoptaron una forma semejante a la de un riñón.
La que ha sido hasta la fecha una de las mayores tormentas solares registradas, sino la mayor, dejó mucho más que un juego de luces. Desde entonces, vivimos con miedo a que se repita. Cada pocos años, de forma recurrente, nos asaltan los augurios de que estamos a punto de recibir el impacto desastroso de una llamarada solar.
“Después de que se observasen notables auroras en todo el mundo, las partículas cargadas de una eyección de masa coronal (CME) asociada con una llamarada solar impactaron la magnetosfera de la Tierra con tanta fuerza que crearon el evento Carrington”, explican desde la NASA. “El evento Carrington comprimió el campo magnético de la Tierra con tanta violencia que se crearon corrientes en los cables de telégrafo, muchos incluso chisporrotearon y provocaron conmociones en muchos operadores de telégrafo”.
Desde ese día, la comunidad científica empezó a prestar más atención a la actividad solar y a sus efectos en la Tierra. Ya en la primera mitad del siglo XX, se produjeron otros eventos similares. Aunque de menor magnitud, dejaron inservibles los servicios de radio de algunos países. En marzo de 1989, otra tormenta solar dejó sin electricidad a seis millones de personas en Quebec durante más de nueve horas. ¿Qué pasaría si se volviese a repetir un evento de la magnitud del Carrington?
Tormentas solares como el Evento Carrington no son tan raras como los científicos pensaban y podrían ocurrir cada pocas décadas, dañando gravemente sistemas de comunicación y navegación globales.
El evento Carrington de septiembre de 1859 expulsó plasma solar concentrado hacia la Tierra, interrumpiendo el campo magnético del planeta y provocando perturbaciones telegráficas generalizadas e incluso incendios esporádicos.
"Se consideró que el evento de Carrington era el peor de los casos para los eventos climáticos espaciales contra la civilización moderna... pero si ocurre varias veces al siglo, tenemos que reconsiderar cómo prepararnos y mitigar ese tipo de peligro del clima espacial", dijo Hisashi Hayakawa, autor principal de un nuevo estudio y astrofísico de la Universidad de Osaka en Osaka, Japón y del Laboratorio Rutherford Appleton en el Reino Unido.
Dependiendo de la fuerza y la trayectoria de la eyección de masa coronal, estas tormentas solares puede distorsionar significativamente el campo magnético de la Tierra, causando una tormenta magnética intensa, auroras globales y dañando cualquier tecnología que se base en ondas electromagnéticas.
Los científicos pensaban anteriormente que eventos como Carrington eran muy raros, y que tal vez ocurrían una vez al siglo. Sabían que el causó auroras de baja latitud y fallps en los equipos de telégrafo en todo el mundo, pero en su mayoría habían estudiado registros del hemisferio occidental, dejando una brecha de datos considerable en el hemisferio oriental.
En el nuevo estudio, publicado en Space Weather, Hayakawa y sus colegas querían mejorar las reconstrucciones del evento de Carrington y comparar este evento con otras tormentas extremas. Organizaron una colaboración internacional y recopilaron observaciones históricas de auroras durante la tormenta del hemisferio oriental y la península ibérica para llenar los vacíos en su conocimiento al estudiar solo los registros del hemisferio occidental.
Los investigadores recolectaron observaciones de las auroras de la tormenta del Observatorio Central Ruso, diarios japoneses y periódicos de Portugal, España, Australia, Nueva Zelanda, México y Brasil. Luego compararon estas observaciones con informes anteriores de la tormenta del hemisferio occidental, como registros de barcos, revistas científicas contemporáneas y más periódicos.
Los investigadores también analizaron varios dibujos de manchas solares no publicados realizados por astrónomos europeos durante la tormenta de 1859. El análisis de estos dibujos les permitió determinar en qué parte del sol se originó la tormenta y rastrear cómo creció y disminuyó el grupo de manchas solares con el tiempo.
Los documentos históricos recientemente recuperados sugieren que el grupo de manchas solares de Carrington probablemente había lanzado múltiples estallidos desde principios de agosto hasta principios de octubre, incluida una tormenta solar anterior a fines de agosto de 1859. Los investigadores estiman que este evento ocurrió alrededor del 27 de agosto de 1859 y envió eyecciones de masa coronal separadas que fueron lo suficientemente fuertes como para impactar el campo magnético de la Tierra. La tormenta de agosto puede haber jugado un papel en hacer que el evento de Carrington de septiembre fuera tan intenso.
Después de reconstruir las tormentas alrededor del evento de Carrington, los investigadores compararon la tormenta solar con otras tormentas en 1872, 1909, 1921 y 1989 y descubrieron que dos de ellas, las de 1872 y 1921, eran comparables a este evento. El evento de 1989 causó un serio apagón en todo Quebec, Canadá. Esto significa que eventos como el Carrington pueden no ser tan infrecuentes como se pensaba, y los científicos deben considerar los peligros de tales eventos más en serio que antes, según Hayakawa.
"Si bien la tormenta de 1859 fue sin duda uno de los eventos más extremos, en el mejor de los casos parece comparable a la tormenta de 1872 y la tormenta de 1921 en términos de su intensidad", dijo. "Entonces, el evento de Carrington ya no es algo único. Este hecho puede requerir que reconsideremos la frecuencia de ocurrencia de este tipo de 'peor escenario' de eventos de clima espacial".
“En 2012, los resultados reportados en la literatura científica estimaban esta probabilidad en torno al 12%, diez veces más que nuestra estimación más pesimista”, explica el primer autor del estudio, David Moriña. “Nuestro modelo es más flexible que los anteriores, y además incluye el modelo en que se basan las estimaciones anteriores como caso particular”. Pero esto no significa que haya que desestimar los riesgos.
El tiempo espacial y su impacto en la economía
“En los tiempos de Carrington, la única infraestructura afectada fue la red telegráfica global”, añade otra de las autoras del estudio, la matemática Isabel Sierra. “A día de hoy, una tormenta como aquella podría tener resultados catastróficos para nuestra sociedad. Según un estudio del año 2013 de la compañía de seguros Lloyds y de la Atmospheric and Environmental Research, la duración de las afectaciones podría llegar a más de un año, y los costes podrían llegar a los 2,5 millones de millones de dólares. Son números que nos deben hacer pensar”.
La solución, según la NASA, pasa por contar con infraestructuras más resistentes y mejores sistemas de prevención. Saber que está en camino una tormenta solar contribuye a que se tomen medidas preventivas. Por ejemplo, desconectar los cables, proteger los dispositivos electrónicos más vulnerables o apagar el hardware crítico.
“Una probabilidad alrededor del 2% como la que hemos calculado para una tormenta muy intensa no es nada despreciable teniendo en cuenta las consecuencias de este evento”, concluye el catedrático Pere Puig, otros de los autores del artículo, publicado en Scientific Reports. “Los gobiernos deberían tener protocolos de actuaciones ante desastres de este tipo, para informar y tranquilizar a la población [...] Habrá muy poco margen temporal antes de la llegada imprevista de una tormenta de estas características”.
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La mayor tormenta solar de que se tiene constancia ocurrió en 1859. Se la conoce como “evento Carrington”, en homenaje a Richard C. Carrington, el astrónomo que detectó una inusual actividad solar poco antes de que sus efectos se notaran en la Tierra. Pero, por entonces, aún se desconocía la relación entre aquella actividad solar y los fenómenos que se precipitarían sobre el planeta pocas horas después del descubrimiento de Carrington. Era impensable que un acontecimiento que tenía lugar a tantos millones de kilómetros de distancia pudiera afectarnos de manera directa.
Los primeros indicios se dieron el 28 de Agosto de aquel año, cuando se comenzaron a ver auroras boreales en latitudes muy poco acostumbradas a las mismas. Días después, la mañana del 1 de Septiembre de ese año, a las 11:18 según anota en su testimonio, Richard Carrington, uno de los astrónomos solares más reputados de Inglaterra, se encontraba estudiando el aspecto de un grupo de manchas que le habían llamado la atención por su gran tamaño. De repente, dos puntos brillantes de color blanco aparecieron sobre las mismas, se intensificaron rápidamente y adoptaron una forma semejante a la de un riñón.
La que ha sido hasta la fecha una de las mayores tormentas solares registradas, sino la mayor, dejó mucho más que un juego de luces. Desde entonces, vivimos con miedo a que se repita. Cada pocos años, de forma recurrente, nos asaltan los augurios de que estamos a punto de recibir el impacto desastroso de una llamarada solar.
“Después de que se observasen notables auroras en todo el mundo, las partículas cargadas de una eyección de masa coronal (CME) asociada con una llamarada solar impactaron la magnetosfera de la Tierra con tanta fuerza que crearon el evento Carrington”, explican desde la NASA. “El evento Carrington comprimió el campo magnético de la Tierra con tanta violencia que se crearon corrientes en los cables de telégrafo, muchos incluso chisporrotearon y provocaron conmociones en muchos operadores de telégrafo”.
Desde ese día, la comunidad científica empezó a prestar más atención a la actividad solar y a sus efectos en la Tierra. Ya en la primera mitad del siglo XX, se produjeron otros eventos similares. Aunque de menor magnitud, dejaron inservibles los servicios de radio de algunos países. En marzo de 1989, otra tormenta solar dejó sin electricidad a seis millones de personas en Quebec durante más de nueve horas. ¿Qué pasaría si se volviese a repetir un evento de la magnitud del Carrington?
Tormentas solares como el Evento Carrington no son tan raras como los científicos pensaban y podrían ocurrir cada pocas décadas, dañando gravemente sistemas de comunicación y navegación globales.
El evento Carrington de septiembre de 1859 expulsó plasma solar concentrado hacia la Tierra, interrumpiendo el campo magnético del planeta y provocando perturbaciones telegráficas generalizadas e incluso incendios esporádicos.
"Se consideró que el evento de Carrington era el peor de los casos para los eventos climáticos espaciales contra la civilización moderna... pero si ocurre varias veces al siglo, tenemos que reconsiderar cómo prepararnos y mitigar ese tipo de peligro del clima espacial", dijo Hisashi Hayakawa, autor principal de un nuevo estudio y astrofísico de la Universidad de Osaka en Osaka, Japón y del Laboratorio Rutherford Appleton en el Reino Unido.
Dependiendo de la fuerza y la trayectoria de la eyección de masa coronal, estas tormentas solares puede distorsionar significativamente el campo magnético de la Tierra, causando una tormenta magnética intensa, auroras globales y dañando cualquier tecnología que se base en ondas electromagnéticas.
Los científicos pensaban anteriormente que eventos como Carrington eran muy raros, y que tal vez ocurrían una vez al siglo. Sabían que el causó auroras de baja latitud y fallps en los equipos de telégrafo en todo el mundo, pero en su mayoría habían estudiado registros del hemisferio occidental, dejando una brecha de datos considerable en el hemisferio oriental.
En el nuevo estudio, publicado en Space Weather, Hayakawa y sus colegas querían mejorar las reconstrucciones del evento de Carrington y comparar este evento con otras tormentas extremas. Organizaron una colaboración internacional y recopilaron observaciones históricas de auroras durante la tormenta del hemisferio oriental y la península ibérica para llenar los vacíos en su conocimiento al estudiar solo los registros del hemisferio occidental.
Los investigadores recolectaron observaciones de las auroras de la tormenta del Observatorio Central Ruso, diarios japoneses y periódicos de Portugal, España, Australia, Nueva Zelanda, México y Brasil. Luego compararon estas observaciones con informes anteriores de la tormenta del hemisferio occidental, como registros de barcos, revistas científicas contemporáneas y más periódicos.
Los investigadores también analizaron varios dibujos de manchas solares no publicados realizados por astrónomos europeos durante la tormenta de 1859. El análisis de estos dibujos les permitió determinar en qué parte del sol se originó la tormenta y rastrear cómo creció y disminuyó el grupo de manchas solares con el tiempo.
Los documentos históricos recientemente recuperados sugieren que el grupo de manchas solares de Carrington probablemente había lanzado múltiples estallidos desde principios de agosto hasta principios de octubre, incluida una tormenta solar anterior a fines de agosto de 1859. Los investigadores estiman que este evento ocurrió alrededor del 27 de agosto de 1859 y envió eyecciones de masa coronal separadas que fueron lo suficientemente fuertes como para impactar el campo magnético de la Tierra. La tormenta de agosto puede haber jugado un papel en hacer que el evento de Carrington de septiembre fuera tan intenso.
Después de reconstruir las tormentas alrededor del evento de Carrington, los investigadores compararon la tormenta solar con otras tormentas en 1872, 1909, 1921 y 1989 y descubrieron que dos de ellas, las de 1872 y 1921, eran comparables a este evento. El evento de 1989 causó un serio apagón en todo Quebec, Canadá. Esto significa que eventos como el Carrington pueden no ser tan infrecuentes como se pensaba, y los científicos deben considerar los peligros de tales eventos más en serio que antes, según Hayakawa.
"Si bien la tormenta de 1859 fue sin duda uno de los eventos más extremos, en el mejor de los casos parece comparable a la tormenta de 1872 y la tormenta de 1921 en términos de su intensidad", dijo. "Entonces, el evento de Carrington ya no es algo único. Este hecho puede requerir que reconsideremos la frecuencia de ocurrencia de este tipo de 'peor escenario' de eventos de clima espacial".
“En 2012, los resultados reportados en la literatura científica estimaban esta probabilidad en torno al 12%, diez veces más que nuestra estimación más pesimista”, explica el primer autor del estudio, David Moriña. “Nuestro modelo es más flexible que los anteriores, y además incluye el modelo en que se basan las estimaciones anteriores como caso particular”. Pero esto no significa que haya que desestimar los riesgos.
El tiempo espacial y su impacto en la economía
“En los tiempos de Carrington, la única infraestructura afectada fue la red telegráfica global”, añade otra de las autoras del estudio, la matemática Isabel Sierra. “A día de hoy, una tormenta como aquella podría tener resultados catastróficos para nuestra sociedad. Según un estudio del año 2013 de la compañía de seguros Lloyds y de la Atmospheric and Environmental Research, la duración de las afectaciones podría llegar a más de un año, y los costes podrían llegar a los 2,5 millones de millones de dólares. Son números que nos deben hacer pensar”.
Las previsiones más pesimistas también se desprenden de un estudio financiado por la NASA y publicado en 2009. Lo primero en caer serían las redes eléctricas, cada vez más vulnerables debido a su creciente interconexión. Después llegarían apagones en los sistemas de radio, el colapso de la red de GPS y de Galileo, la caída de internet y de otras redes de comunicación en los que hoy se basan desde los gobiernos hasta los sistemas financieros...
La solución, según la NASA, pasa por contar con infraestructuras más resistentes y mejores sistemas de prevención. Saber que está en camino una tormenta solar contribuye a que se tomen medidas preventivas. Por ejemplo, desconectar los cables, proteger los dispositivos electrónicos más vulnerables o apagar el hardware crítico.
“Una probabilidad alrededor del 2% como la que hemos calculado para una tormenta muy intensa no es nada despreciable teniendo en cuenta las consecuencias de este evento”, concluye el catedrático Pere Puig, otros de los autores del artículo, publicado en Scientific Reports. “Los gobiernos deberían tener protocolos de actuaciones ante desastres de este tipo, para informar y tranquilizar a la población [...] Habrá muy poco margen temporal antes de la llegada imprevista de una tormenta de estas características”.
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27 agosto 2020
Primera transmisión de radio de una emisora con fines recreativos
El 27 de agosto de 1920 desde la terraza del Teatro Coliseo de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, donde el proyecto fue encabezado por el Dr. Enrique Telémaco Susini y sus tres colaboradores: César Guerrico, Luis Romero Carranza y Miguel Mujica, luego llamados «Los locos de la azotea». Las transmisiones se realizaron bajo la identificación «Sociedad Radio Argentina», organización luego devenida en «LOR Radio Argentina». Para iniciar las transmisiones se eligió la ópera Parsifal de Richard Wagner, interpretada por la Soprano argentina Sara César.
Éstas fueron las palabras pronunciadas por el mismo doctor. Susini como introducción al espectáculo:
"Señoras y Señores: la Sociedad Radio Argentina les presenta hoy el Festival de Richard Wagner, con la actuación del Tenor Maestri, la Soprano argentina Sara César y el Barítono Rossi Morelli."
Esta experiencia radiofónica, pionera en Argentina y una de las primeras emisiones programadas orientada a un público abierto que se concretó en el mundo, apenas pudo ser escuchada por aproximadamente medio centenar de personas.
Éstas fueron las palabras pronunciadas por el mismo doctor. Susini como introducción al espectáculo:
"Señoras y Señores: la Sociedad Radio Argentina les presenta hoy el Festival de Richard Wagner, con la actuación del Tenor Maestri, la Soprano argentina Sara César y el Barítono Rossi Morelli."
Esta experiencia radiofónica, pionera en Argentina y una de las primeras emisiones programadas orientada a un público abierto que se concretó en el mundo, apenas pudo ser escuchada por aproximadamente medio centenar de personas.
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26 agosto 2020
25 agosto 2020
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