30 diciembre 2011

HAMLET - Acto Tercero - Escena IV (Fragmento)

-¡Ser o no ser; he aqui la cuestion!. ¿Cual es mas digna accion del animo: sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta u oponer los brazos a este pielago de calamidades y darles fin con atrevida resistencia? Morir es dormir. ¿No mas? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin numero, patrimonio de nuestra debil naturaleza...? Este es un termino que deberiamos solicitar con ansia. Morir es dormir... y tal vez soñar. Si, y ver aqui el grande obstaculo; porque el considerar que sueños podran ocurrir en el silencio del sepulcro, cuando hayamos abandonado este despojo mortal, es razon harto poderosa para detenernos. Esta es la consideracion que hace nuestra infelicidad tan larga. ¿Quien, si esto no fuese, aguantaria la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelias que recibe pacifico el merito, de los hombres mas indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los soberbios, cuando el que esto sufre pudiera procurar su quietud con solo un puñal? ¿Quien podria tolerar opresion, sudando, gimiendo bajo el peso de una vida molesta, si no fuese que el temor de que existe alguna cosa mas alla de la muerte, aquel pais desconocido, de cuyos limites ningun caminante torna, nos embaraza en dudas y nos hace sufrir los males que nos cercan antes que ir a buscar otros de que no tenemos seguro conocimiento? Esta prevision nos hace a todos cobardes: asi la natural tintura del valor se debilita con los barnices palidos de la prudencia; las empresas de mayor importancia por esta sola consideracion mudan camino, no se ejecutan y se reducen a designios vanos.
Pero... ¡la hermosa Ofelia! Graciosa niña, espero que mis defectos no seran olvidados en tus oraciones.

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