29 abril 2017

Pasta con Tomate

Es una comida sencilla pero no por eso menos sabrosa, y muy rapida y fácil de preparar...

Ingredientes
  • Pasta (Fresca o Seca, lo que quieras)
  • Cebolla
  • Tomates
  • Ajo
  • Manteca
  • Aceite de Oliva (o Maiz, o Girasol o lo disponible)
  • Agua
  • Sal
  • Pimienta
  • Finas Hierbas

Preparación
Cocina la Pasta y aparte, pica algunos Tomates. En una olla vertir un poco de Aceite, una cucharada de Manteca, Cebolla picada, unos dientes de Ajo trozados y los Tomates. Mezcla y salpimenta al gusto; condimenta con un poco de Orégano, o Albahaca o Finas Hierbas. Acompañar con un vino tinto entre amigos, ideal para disfrutar el momento.

Que te diviertas!

28 abril 2017

Adulterio y la enfermedad de Huntington

Una señora que rondaba los cincuenta, llamémosla Cooper, fue a visitar al neurólogo norteamericano Harold Klawans. Estaba preocupada por su segundo hijo, Walter. En cuanto le dijo que a sus 28 años Walter se tambaleaba y sufría de convulsiones y sacudidas, que había dejado de leer y sólo veía los programas infantiles de la televisión, Klawans sospechó el diagnóstico. Incluso durante la consulta Walter fue incapaz de mantenerse quieto. El escáner confirmó las sospechas del neurólogo: Walter sufría de corea de Huntington, una enfermedad genética inevitable que aparece en la edad adulta.
Para confirmar el diagnóstico, Klawans buscó en el árbol familiar otros casos pues la mayoría de los enfermos de Huntington lo son porque lo han heredado de sus padres. La madre de Walter estaba bien, al igual que sus padres. Su padre había vivido hasta los 77 años y su madre tenía 83. Quizá la enfermedad viniera de la familia de su marido. Éste había muerto a los 43 años en un accidente de caza, algo consistente con la enfermedad pues el suicidio y la muerte prematura son habituales entre quienes padecen la enfermedad. Pero el difunto señor Cooper no había tenido convulsiones, depresiones, ni la pérdida de memoria ni los cambios de personalidad asociados a la enfermedad de Huntington.
La ansiedad de la señora Cooper era evidente: tenía otro hijo y dos hijas. ¿Corrían ellos el mismo riesgo? Klawans le dijo que sí. Meses después la señora Cooper regresó a la consulta del neurólogo visiblemente afectada. Había consultado a un genetista y le dijo que el Huntington era una mutación espontánea y que tales mutaciones sucedían a un tercio del total de los que sufren la enfermedad. Casi histérica, la señora Cooper gritaba sin compasión a Klawans. El médico, muy sensatamente, no le dijo que esa mutación espontánea se daba una vez entre un millón y que, por supuesto, el adulterio era bastante más común.
El neurólogo pensaba que el padre de Walter era ilegítimo. Como muchos otros, se deprimió por efecto de la enfermedad o por reacción a ella. Entonces marchó de caza y se mató. Lo peor que pudo hacer Klawans es comentarle estos pensamientos a la señora Cooper; le llamó bastardo. Dos días después recibió una carta de la enfadada madre: era una disculpa. El neurólogo tenía razón, pero se había equivocado en una generación. El difunto señor Cooper no era el padre de Walter. Era cierto que él se había suicidado pero no por culpa del Huntington. Durante una discusión ella le había confesado que él no era el padre de su hijo, sino un vecino que había muerto atado a la cama de un hospital. Ahora se enfrentaba a un importante dilema: confesar a sus hijos su adulterio o dejar que vivieran bajo el temor de una terrible enfermedad.
Harold Klawans se compadeció de la pobre mujer y escribió una carta donde afirmaba que la enfermedad de Walter había sido debida a una mutación espontánea.

Tomado de: https://masabadell.wordpress.com/2014/03/11/adulterio-y-la-enfermedad-de-huntington/

25 abril 2017

El olvidado motivo por el que los cocineros usan sombreros altos

La alta cocina está de moda. Los nombres de los mejores chefs de España y del mundo son conocidos, sus restaurantes acumulan listas de espera interminables y sus caras aparecen con frecuencia en programas de televisión de enorme éxito. El público está familiarizado con la moderna imagen del cocinero de prestigio, pero... ¿alguna vez te has preguntado de dónde procede su costumbre de lucir altos y blancos sombreros? No se trata ni mucho menos de una simple casualidad.

En el blog de la escuela de artes culinarias Auguste Escoffier han buceado en los orígenes e historia de estos gorros, también llamados «toque blanche». Como podrás imaginar, sus funciones básicas están relacionadas con la higiene. Absorben el sudor de la frente del chef, con frecuencia encerrado en la cocina durante horas al calor de los fogones; y evitan que el cabello caiga sobre los alimentos, ocasionando incidentes desagradables para los comensales. Pero como es obvio, estos objetivos podrían alcanzarse igualmente con diseños distintos.

¿Por qué entonces esa presentación tan vistosa? Los estudiosos del mundo de la gastronomía apuntan que ya durante el siglo XIX era frecuente que la altura del sombrero destacase la importancia y destreza del chef. Cuanto más alto fuese, más reputado era aquel que lo llevaba. Se dice que el célebre Marie-Antoine Carême llegó a ataviarse con un gorro de más de 40 centímetros de altura. En la actualidad todavía se supone que el «toque blanche» debe quedar reservado para los auténticos jefes de cocina.

Del mismo modo, existe una teoría para explicar por qué estos característicos sombreros tienen pliegues. Se dice que originalmente servían para informar sobre los conocimientos del cocinero. Cada pliegue en el gorro indicaba que su portador sabía preparar un alimento determinado de una manera diferente. Algunos llegaron a contabilizar nada menos que cien dobleces, por lo que cabría esperar que supiesen cómo cocinar huevos, pollo u otra especialidad de un centenar de maneras.

No está del todo claro cuándo y dónde comenzaron los chefs a usar esta distintiva prenda. Un relato popular apunta que los primeros en hacerlo fueron los griegos en el siglo VI. Cuando los búlgaros avanzaron hacia Grecia, entonces parte del Imperio Bizantino, muchos intelectuales y artistas huyeron y buscaron refugio en los monasterios. Algunos fueron empleados en las cocinas, utilizando un sombrero muy similar al de los sacerdotes ortodoxos, aunque de color blanco en lugar de negro. Otras versiones van incluso más atrás en el tiempo y señalan que los cocineros reales en el Imperio Asirio ya llevaban gorros parecidos.

Tomado de: http://www.abc.es/recreo/abci-olvidado-motivo-cocineros-usan-sombreros-altos-201704180943_noticia.html

24 abril 2017

Libro recomendado: “El pequeño libro rojo del activista en la red”

En esta entrada he decidido hacer una revisión del libro “El pequeño libro rojo del activista en la red”, escrito por Marta Peirano, periodista fundadora de Cryptoparty Berlin, co-directora de COPYFIGHT y adjunta al director del diario.es, entre otras cosas.
Así que el pequeño libro rojo del… ¿activista en la red? ¿Pero quiénes son los activistas? Marta Peirano ha seleccionado de forma muy acertada esa palabra para el título. Como bien recalca: “Cuando nuestros representantes no pelean por defender nuestros derechos sino contra nuestro derecho a ejercerlos, la única respuesta es la desobediencia. Puede que no tengamos nada que ocultar, pero sí tenemos mucho que temer. En una sociedad ultravigilada, todo el mundo es antisistema”. Dicho de otra forma, nos convertimos en activistas en la red en el momento que somos conscientes de los mecanismos de control y vigilancia y queremos escapar de ese sistema establecido.

La primera parte del libro es un magnífico instrumento para concienciar de que Internet no es seguro, que nuestros datos tienen un precio y que nuestra privacidad es violada, con y sin nuestro consentimiento. Para ello comienza poniendo el foco en las carencias que tienen los periodistas de investigación a la hora de proteger sus fuentes. Si bien la mayoría no conoce las herramientas a su disposición, el problema es de base y radica en que a nivel docente no se invierten recursos en educar a los usuarios sobre la existencia de los peligros y de cómo mitigarlos, máxime cuando hay intereses económicos y gubernamentales de por medio.

Por otro lado, en cuanto a la privacidad, firmamos en numerosas ocasiones acuerdos de licencia de usuario final (EULA) sin ni siquiera leerlos, lo que se traduce en una venta de nuestra información al mejor postor. Ya desde las primeras páginas la autora nos habla del Big Data y de cómo se va formando un perfil nuestro en la red. A cada acción en la red “aceptamos que la empresa responsable venderá nuestros datos a terceros para hacer cosas con ellos que no sabemos ni nos imaginamos, sin necesidad de autorización, a menudo en lugares donde la ley no nos protege”. Yo mismo he sido víctima recientemente en un portal de venta online. Buscando la edición impresa de “The Art of Deception” de Kevin Mitnick, me sugirió este otro libro que ahora estoy recomendando.

Las prácticas más puras del capitalismo han divergido en espionaje y vigilancia desde los atentados del 11S. La red no fue diseñada para ser segura y en esto se apoya el ciberespionaje, práctica que hoy en día cuesta pensar que algún gobierno no lo ejerza o no saque partido de él, ya sea por ejemplo, para dar caza a disidentes políticos. Dado que las leyes de ciertos países prohíben espiar a sus propios ciudadanos, en ocasiones el espionaje es cruzado entre naciones: yo espío a los tuyos, tú a los míos y luego cruzamos los datos como ocurre con la NSA (National Security Agency) y la GCHQ (Government Communications Headquarters) de Reino Unido. En el libro también se expone la importancia del control de Internet, concretamente del cable. Nos recomiendan visitar la página de TeleGeography y de un simple vistazo apreciar la importancia geo estratégica de la disposición de los cables submarinos en algunas zonas.

La segunda y más extensa parte del libro, el manual, explica las diferentes herramientas disponibles para proteger la privacidad de la navegación, los correos y la información almacenada. Se describe el uso de PGP, VPN (OpenVPN), Tor, Truecrypt,…, todo ello de forma sencilla, para cualquier nivel de usuario, y siempre con ejemplos que amenizan la lectura. Si bien se recurre al ejemplo del periodismo de investigación, las prácticas explicadas son extensibles a otros ámbitos tanto profesionales como personales.

Sin duda se trata de un libro interesante para aquellos a los que no les ha picado todavía el gusanillo, quizá no de la paranoia, pero sí de la preocupación relativa a su privacidad y quieren actuar en consecuencia.

Tomado de: https://www.securityartwork.es/2017/01/26/libro-recomendado-pequeno-libro-rojo-del-activista-la-red/

21 abril 2017

PADRES:

EN LA CASA SE APRENDE A:
Saludar, dar las gracias, ser limpio, ser honesto, ser puntual, ser correcto, hablar bien, no decir groserías, respetar a los semejantes, ser solidarios, comer con la boca cerrada, no robar, no mentir, cuidar la propiedad y la propiedad ajena, ser organizado.

EN LA ESCUELA SE APRENDE:
Matemáticas, castellano, ciencias, estudios sociales,inglés, geometría y se refuerzan los valores que los Padres y Madres han inculcado en sus hijos.

Jose Mujica