11 noviembre 2016

El bórax y la permanente

En el Londres de principios de siglo XX la hermana de un peluquero de origen alemán llamado Charles Nessler estaba harta de tener que utilizar unas tenacillas especiales para ondular su pelo. Cansada de estirar y retorcer, rogó a su hermano que buscara alguna solución al tormento al que debían someterse las mujeres si querían lucir un bonito peinado.

Una tarde de 1906, mirando por la ventana hacia los tendederos de ropa de sus vecinos, dio con la solución. Por efecto del rocío la cuerda del tendedero se había contraído tomando una forma ondulada. Al día siguiente Nessler intentó reproducir el mismo efecto en el pelo de su hermana. Cogió unos tubos de cartón y anudó mechones de pelo alrededor. Los recubrió con una pasta de bórax, los envolvió con papel para aislarlo del aire y calentó el conjunto durante bastantes horas. Acabado el tormento, el pelo de su hermana ofrecía un bonito aspecto ondulado. El calor hacía que el bórax, además de ablandar el pelo lo suficiente como para remodelarlo, se endureciera y obligase al pelo a adquirir una nueva forma. Y lo que es más importante, la pasta de borax lo mantenía así durante bastante tiempo.

Durante mucho tiempo Nessler tuvo que soportar las burlas de sus colegas, pero en 1911 había conseguido perfeccionar el proceso hasta reducir el tiempo de moldeado a doce minutos. Bautizó su técnica con el nombre de moldeado permanente con la que, por fin, las mujeres podían ondular su pelo por la mañana, ir a trabajar y tenerlo moldeado para la cena de la noche, e incluso para la noche del día siguiente. El peluquero se hizo rico y golpeó duramente a la multimillonaria industria de belleza.

Tomado de: https://masabadell.wordpress.com/2007/12/03/el-borax-y-la-permanente/